Al Moli le salvó ayer la imagen del Cristo del Sahúco que llevaba sobre el corbatín. Cuando se lanzaba a por el segundo de la tarde, primero de su lote, un tremendo topetazo con la testuz mientras lanceaba al capote lo mandó tres metros fuera de los medios. El golpe fue tremendo, trágico, sideral. Sonó incluso en los tendidos y todos pensamos que al torero de Albacete le había pasado lo peor.
Sin embargo, increíblemente, pese al revolcón desmedido sobre la arena, José Fernando Molina se levantó, atusó y quitó el polvo del traje de luces para seguir toreando. De manera milagrosa, ninguno de los dos pitones enormes del Conde de Mayalde acertó con el cuerpo del diestro albacetense.
Todo quedó en el susto incierto de la tarde, la contención del aire, la mordida del suspiro. Alguien con tino desde el tendido vio que una imagen presidía el corbatín del torero, justo en el pecho donde había ido a parar la fuerza descomunal del bicho. Era el Cristo del Sahúco, advocación centenaria de Peñas de San Pedro y una de las romerías con más fe y devoción de la provincia de Albacete. Antonio Serrano, su alcalde muchos años, me hablaba con orgullo de la imagen y fiesta de su pueblo. Ahora ya podemos decir que el Cristo del Sahúco cuenta con una hazaña más. Su música, árbol o madera sirvió para cubrir las ilusiones de uno de los toreros más queridos de la tierra.
Hemos visto nacer al Moli casi desde novillero y hemos asistido a su evolución en el albero. Es un torero clásico, antiguo, añejo, casi de blanco y negro, cuando junta las zapatillas y hace caer con desmayo, como casi ninguno de sus compañeros, el capote sobre la arena. Es una figura de otro tiempo. El Cristo del Sahúco ayer nos lo salvó. Quedan muchas tardes de éxito para este gladiador.
Y es que los toros ya han comenzado. Hierve el ruedo en tardes de corrida. La Feria de Albacete es consustancial a la Tauromaquia, pues casi desde su inicio, se lidiaron reses todas las tardes. De facto, se ha convertido en la tercera de nuestro país, detrás de Madrid y Sevilla, pues ni Bilbao, Pamplona, Zaragoza, Málaga o Valencia dan diez tardes de toros como Albacete, con sus dos novilladas picadas, rejones y siete corridas completas.
Por aquí pasará lo más granado del toreo, salvo Juan Ortega, por el que algunos tenemos devoción y liturgia. Manuel Amador ha renovado junto a Simón Casas el pliego de condiciones de la plaza de toros de Albacete. Amador ha hecho un trabajo hercúleo los últimos cinco años, llevando al coso manchego a cotas altísimas. Sucede, como decía Curro, que Albacete llegaba tarde, con toro grande y perras chicas…
Pero cualquier torero sabe que la tierra de Dámaso es sagrada, conserva la arena de la verdad y abre las puertas de la entrega y el agradecimiento. Diestros como el Cid o Ureña lo saben perfectamente. Aunque, cierto es, la exigencia es máxima. El toro de Albacete es de primera en plaza de segunda. Y eso, a muchas figuras, no les gusta. Veremos qué pasa esta feria. Lo bueno del toro es que cuando sale en chiqueros, pone a cada uno en su sitio.
Con los toros, comienzan también las tertulias de Onda Cero en el Callejón, un clásico, inveterado de tiempo, que junta buenos amigos. Coy, Caballero, Reina y Cuevas se unen para contar historias. El templo gastronómico de Miguel Ángel Cuevas, ahora en manos de su yerno Manuel, sigue siendo lugar de peregrinación. Vinieron unos amigos de Ciudad Real y preguntaban cuánta gente iba allí a comer.
Cientos, miles son los que estos días pasan por uno de los lugares con mayor encanto de España, donde se come y se reza a partes iguales, ante la impresionante colección de fotografías que Miguel Ángel atesora a lo largo de su vida. Bono suele acudir siempre que viene y con él, todo el mundo taurino, empresarial, social y cultural de la ciudad. Es uno de los sitios de referencia estos días. Y es que dentro de la Feria, hay muchas ferias.
Hoy los compañeros de La Tribuna convocan el tradicional pisto, una de las citas principales de la Feria. Se espera la llegada de Page y resto de la corte toledana y regional. Esto se anima y no ha hecho más que empezar. En los toros, se tocó el himno de España. Y es que, como dijimos el primer día, aquí está la nación entera.