Este fin de semana ha muerto Marcos Elvis o Elvis de Pedro Muñoz a los cincuenta y nueve años. Su noticia llega a través de redes sociales y confirmo con Ángel Ramírez Ludeña la veracidad. Lo conocí en la fiesta de aniversario de bodas que hizo Ángel hace unos años en Albacete. Nunca vi un tipo tan entregado a su causa, al margen de modas y vaivenes, tan de frente al aire que soplaba.

Su pasión era Elvis en un pequeño pueblo de la Mancha y como Don Quijote con Amadís, se propuso emularlo. Era pequeñito, no muy alto, pero toda la vitalidad habitaba en sus manos, su frente, su labia… Esa forma de hablar que ni tan siquiera era spanglish, pues no se acordaba lo que decía.

Era un Chiquito de la Calzada, pero de interior y llanura, donde las palabras les daban la vuelta a los idiomas. No tenía ni papa de inglés, pero cantaba todos los temas de Elvis con la pasión de Albacete, el furor de Pedro Muñoz, la magia de Criptana.

Era americano en un cuerpo de manchego… Pero ya sabemos que la Mancha es universal y ampara todos sus hijos. Escribo este breve obituario frente al mar, donde Don Quijote perdió su última batalla.

En la playa de Barcelona, renunció a lo que había sido el resurgir de su vida. Alonso Quijano, un pobre aldeano de la Mancha sin más historia que un ama y sobrina que de él pasaban, se encerró en la biblioteca a disfrutar su pasión.

Y pensó con acierto que la vida de nada servía si no era para desarrollar lo que en la cabeza habitaba. Y se puso la armadura y aderezó el caballo y se marchó a la tierra para que la tierra supiera de su llamada.

Es así como empieza la mejor novela escrita, el canon de la existencia, la piedra angular de la vida, donde los espejos adelantan al tiempo. Y es que sí, Don Quijote llevaba razón. Has de crear tu personaje y lanzarlo al mundo, creer y vivir en él con tal pasión que vaya cada soplo de la vida corriendo tras tus pasos.

Aunque el mundo se ría, la gente se burle o el cielo desplome entero sobre la cabeza la ira de los mediocres. Da igual, porque lo bueno es bueno donde nazca o florezca. Le costó cincuenta años, pero dio con la clave de la vida.

Y a su creador, Miguel, sesenta, cuando casi la ancianidad le alargaba la sombra. Pero cuatro siglos más tarde, ahí está Don Quijote. De Lope recordamos las obras, pero debemos hacer memoria si tratamos de rescatar un personaje. La pasión ha de llegar hasta el final.

Por eso Alonso muere tras Barcelona. De qué vale recuperar la cordura si te extirpa el alma. No ha lugar a otra cosa que no sea la pasión eternamente vivida, recreada y soñada… Con todas sus mañanas de derrota, pero con esas otras de alegría que colman mil vidas que vivieras. Sé de lo que hablo e intento aplicármelo cuanto puedo. Como hizo Marcos Elvis en un pueblo de la Mancha.

Sin tener ni idea de inglés ni falta que le hiciera. Pero la energía lo movía como si fuera un chamán. Las fuerzas telúricas te habitan cuando las invocas. Y una mañana sin ser quien tú quieras, es el precipicio más cercano a la muerte. Gracias, Marcos; gracias, Elvis, por tan precioso ejemplo.