No conocí a Margarita Nelken. La saludé en México en un acto sobre el pintor muralista Diego Rivera, allá por los años sesenta. Era una joven anciana. Me hubiera gustado conversar con ella, como sí hice con otros exiliados españoles, pero no encontré la ocasión.

Así que he leído el formidable trabajo de Alejandra Rodríguez Parragués. Se trata de un libro de interesante lectura en el que ha recogido los artículos publicados por Margarita Nelken entre 1916 y 1931 en muy diversos periódicos, entre los que destacan Le Figaro, Nuevo Mundo y El Día.

Se refiere Margarita Nelken a algunas de sus contemporáneas que destacaron en las letras, las ciencias o la política. Zenobia Camprubí, Margarita Xirgu, Carmen Baroja, Concha Espina, Cósima Wagner, María de Maeztu y otras tantas desfilan por esta obra, La vida y las mujeres, editado por la Fundación Banco Santander.

El libro, prologado por Alejandra Rodríguez Parragués, demuestra que en el primer tercio del siglo XX trabajaban en la ciencia, la escena, las artes plásticas y la literatura numerosas mujeres, a pesar de la dificultad social que sufrían en aquella época. En el periódico madrileño El Día, publicó en 1917 Margarita Nelken un artículo revelador sobre Josefina Blanco de Valle-Inclán. Contaba anécdotas reveladoras de la relación de Josefina con el autor de Luces de bohemia.

Se convirtió Margarita Nelken en un alfil del feminismo viable y constructivo y su actividad durante el sexenio republicano resultó admirable. En su artículo “Las precursoras del feminismo”, 1918, celebraba las victorias de Hubertine Auclert, primera feminista francesa, consagrada por la Asociación Feminista de París, con notable repercusión en España. Y también de Olympe de Gouges, que merece “por la nobleza y la elevación de sus últimos años, por la abnegación de que hizo prueba defendiendo una causa que había de costarle la vida, perdurar en nuestro recuerdo como uno de nuestros más legítimos orgullos”.

Tal vez lo más asombroso de Margarita Nelken es que en 1917 defendió que la mujer conquistara algo que, después de tantos años de avances incontestables, todavía no se ha conseguido. En “El mismo sueldo por el mismo trabajo”, la autora exige algo que todavía encuentra rechazo en numerosas empresas.

En otro artículo revelador, publicado el 28 de octubre de 1918, se refiere Margarita Nelken al criterio social y familiar que en el primer tercio del siglo XX dificultaba que las mujeres de la clase media trabajaran. Parece increíble, pero así es: estaba mal visto el trabajo para ellas.

Su destino no se encontraba en el estudio universitario y en el trabajo, sino en el matrimonio, los hijos y las tareas del hogar. El dictador Franco, que pertenecía a la clase media española, robusteció esta idea de que la mujer de ese sector social no debía trabajar y así se proclamaba en la Sección Femenina del Movimiento Nacional.

Veinte, treinta años antes, Margarita Nelken escribía contra una idea que paralizaba el progreso de la mujer española. “Es imprescindible –escribía– que los padres se acostumbren a poner en manos de todos sus hijos, hombres y mujeres, medios de trabajo y que solo la generalidad de esta idea hará que la posición de la mujer sea siempre digna y su trabajo respetado, como tiene derecho a serlo”. Ejemplares palabras escritas y publicadas en 1918.

Paso, en fin, a la mujer que se abre paso. Creo muy poco en las cuotas y mucho en el talento de las mujeres que han sabido quebrantar desde la razón y la eficacia el secular patriarcado padecido en España y en la inmensa mayoría de las naciones occidentales.

Paso a Margarita Nelken. Paso a la mujer en la ciencia y ahí está Margarita Salas y tantas otras. Paso a Carme Riera y ahí están docenas de novelistas relevantes, de poetas y dramaturgas. Paso a Alicia Framis y a ahí están otras triunfadoras en las artes plásticas. Paso, sí, a la mujer que se abre paso.