HISPANIC. El multimillonario mecenas neoyorquino Archer Milton Huntington (1870-1955), fundador de la Hispanic Society of America en 1904, visitó España por primera vez en 1882. Volvería después en 1894, 1900 y 1903. A su periplo de 1894 corresponde Cuaderno de viaje por el norte de España (1897), publicado ahora por primera vez en español por Gadir con traducción de Ana Useros y edición de Javier Santillán y Soledad Maura, quien también escribe el prólogo.

A sus 24 años, dominando el castellano, el árabe, el francés y el latín, el joven Huntington, educado privadamente y siempre impulsado por su madre, buscaba seguir consolidando el interés manifestado y cultivado desde niño por la historia, la cultura y el arte de España, interés en el que volcó su actividad como mecenas y coleccionista.

En 2017, el Museo del Prado, cuando acogió la gran exposición Tesoros de la Hispanic Society, informó que la entidad fundada por Huntington posee 18.000 piezas de arte hispano, que abarcan desde el Paleolítico al siglo XX, miles de fotografías, así como una biblioteca con 250.000 manuscritos y 35.000 libros raros, entre ellos 250 incunables.

Huntington promovió numerosas revistas para el estudio del arte español y la Hispanic ha editado más de 200 libros de investigación sobre nuestra cultura. Huntington compró cuadros de El Greco, Murillo, Zurbarán, Velázquez, Goya y muchos otros y apoyó en Estados Unidos a sus amigos Ignacio Zuloaga y Joaquín Sorolla, a quien encargó los catorce grandes lienzos de Visión de España.

DECADENCIA. Cuaderno de viaje por el norte de España se nutre de las notas tomadas sobre el terreno y de material extraído de las cartas enviadas a su madre desde nuestro país por Huntington. En el capítulo introductorio, Huntington hace notar que los territorios recorridos y sus impresiones están lejos de la visión –muy centrada en el sur del país– de los viajeros románticos.

El multimillonario mecenas neoyorquino, fundador de la Hispanic Society of America en 1904, recorrió varias veces nuestro país

Constata un país en decadencia respecto al brillo y poderío de los siglos anteriores, mal comunicado por el ferrocarril y ajeno al espíritu comercial y empresarial y reconoce haber recibido un conocimiento de él “teñido por la antipatía hacia la raza y la religión” que provoca, fuera de nuestras fronteras, “una actitud de desprecio, lástima o aversión”.

Más tarde reiterará la presencia de paisajes secos, lóbregos y desolados, se fijará en el mal olor de las calles, en la fetidez que emana de los cerdos que pululan por los pueblos, en la mala higiene, en las pulgas y piojos de las posadas y los transportes, en la abundancia de mendigos, tullidos y niños desnudos o descalzos… Pero es el país cuyo arte y cultura le apasionan, el que quiere estudiar y al que dedicará su fortuna y sus desvelos.

HISTORIAS. En diligencias y carruajes, sobre todo, Huntington recorrió Galicia (La Coruña, Santiago), León (Astorga), Asturias (Oviedo), Extremadura (Plasencia, Yuste), Madrid, Aragón (Teruel, Zaragoza, Huesca, Jaca, Panticosa, San Juan de la Peña) y Navarra (Leyre, Pamplona, Estella y Roncesvalles). He puesto entre paréntesis los principales pueblos y ciudades visitados y glosados.

Su interés “profesional” se centró en la visita a catedrales, iglesias y monasterios para contemplar sus valores arquitectónicos y sus retablos, pinturas y esculturas. Escribe, lógicamente, sobre ellos, pero constantemente anota observaciones tomadas en las fondas, en las calles, en sus charlas con los paisanos, en los paisajes, plazas y calles por los que transita. Pese a algunos errores de apreciación tiene buen ojo y buena mano para la escritura, por lo que el libro se disfruta tanto por su amenidad como por su caudal informativo.

De vez en cuando, se extiende narrando historias que le interesan como, por ejemplo, las de El Cid –Huntington tradujo al inglés el poema épico–, la tauromaquia, el rey Ramiro II de Aragón y la Campana de Huesca o los amantes de Teruel.