Azahara Palomeque. Foto: Pilar Mayorgas.

Azahara Palomeque. Foto: Pilar Mayorgas.

Letras

'Pueblo blanco azul', de Azahara Palomeque: una novela arriesgada y valiente sobre el mundo de ayer

La autora firma una novela coral que une rigor periodístico y pasión literaria en un viaje temporal hacia su pueblo cordobés, buscando sanar la herida tras la muerte de su abuela.

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El pasado reciente, la memoria familiar, el duelo, la culpa… Son temas recurrentes en la narrativa actual, como lo es la Guerra Civil, la emigración, el éxodo rural… La literatura es su espacio, pero a la escritura le corresponde explorar sus límites desde el vórtice de la imaginación, lo que no siempre es fácil, por eso, cuando asistimos a un libro cuya prosa combina verdad y ficción para contar una historia de expresión inquieta y rompedora, es obligado llamar la atención sobre quién lo logra.

Portada de 'Pueblo blanco azul'.

Portada de 'Pueblo blanco azul'.

Pueblo blanco azul

Azahara Palomeque

Cabaret Voltaire, 2026. 315 páginas. 21,95 €

Sabemos de Azahara Palomeque (1986) que es periodista y escritora, columnista con un estilo de gran fuerza y personalidad, profesora en la Universidad de Pensilvania durante algunos años, autora de poemarios y de un ensayo que no pasó desapercibido: Vivir peor que nuestros padres (2023).

Córdoba es ahora su lugar de residencia, y uno de sus pueblos el protagonista de esta novela, Pueblo blanco azul, una ficción donde quería tratar la herida aún abierta tras la muerte de su abuela, que le “pilló lejos”. No pudo despedirse y regresa años después, con el propósito de instalarse unas semanas en la casa familiar para reparar la culpa a través de una novela coral, urdida desde el rigor documental del periodismo y la pasión por la literatura.

Nada es fortuito en ella, ni los asuntos trenzados en el argumento, ni el aluvión de voces que se van sumando a la voz narradora para, entre una y otras, ir contando lo que busca contar su novela. Aquí hablan los vivos y los muertos, se mezclan los tiempos y cada episodio (once en total) discurre como un torrente de historias sin diálogos explícitos, sin párrafos ni pausas prolongadas. Aquí, lo importante, además, de la historia narrada, es la versión de unos y otros, escuchada y contada, también en forma de coplas y leyendas. Todo, técnica y estilo, está al servicio del proyecto, y el proceso exhibe sus costuras y lo hace más creíble. Lo embellece.

Desfilan por aquí palabras de Rodoreda, Ayala, Proust, Juan Rulfo, Castilla del Pino… entre otros muchos. Aunque es W. G. Sebald el que parece inspirar la idea de reunir historias contenidas en aromas, lugares (la casa, las calles, la ermita, el cementerio, los olivares), prendas, fotografías y objetos (la bata de paño, la cartilla militar del abuelo).

Esta novela es una fabulación gozosa para quien guste de propuestas arriesgadas y valientes

Desbrozarlas es tarea de la narradora. Se llama Elaia, tiene treinta y cinco años y es periodista. Ella es y no es Azahara Palomeque; “Villasueño de las Flores Secas”, el pueblo ficcionado, es y no es Castro del Río, el verdadero; sus gentes (Doroti, Rosa, Ramiro, los Migajas, el primo Román, la vecina Juana, la bibliotecaria Gema) son y no son las del tejido social real que dibuja este relato.

Quizá fuera la idea original escribir una memoria sobre cuanto rodeó a la abuela Luciana y el abuelo Antonio (albañil, republicano de Azaña), pero después fue creciendo y se convirtió en una novela sobre el mundo de ayer (las dificultades de quienes nacieron en la dictadura de Primo de Rivera, y vivieron el franquismo y la Transición) y el pueblo de hoy, otro mundo preocupado por la necesidad de poner voz a otras protestas.

Pero en ese proceso, mientras ella se confinaba en el pasado, en la composición del dolor, la ausencia, la memoria y la culpa, lo que quieren los del pueblo es reparar el presente. El mundo de ayer se referencia en la educación, los modos sociales, las circunstancias migratorias. El mundo de hoy, en las preocupaciones por el campo andaluz, la despoblación, los olivares mustios, el pueblo sin agua. De esta conjunción surge esta novela, sin rendirse a tendencias culturales ni a lugares comunes. Como un extraño viaje en el tiempo. Una fabulación gozosa para quien guste de propuestas así, arriesgadas y valientes.