Ted Hughes. Foto: The Paris Review

Ted Hughes. Foto: The Paris Review

Poesía

Ted Hughes: la poesía siniestra de un cuervo de luto por Sylvia Plath

El sello Kriller 71 publica una nueva edición de 'Cuervo', un libro conflictivo y grotesco publicado en los años perturbadores que siguieron al suicidio de su esposa.

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Pilar Martín Gila
Publicada

Ted Hughes (Mytholmroyd, 1930 - Londres, 1998), uno de los poetas más importantes de la segunda mitad del pasado siglo, nos dejó Cuervo, un libro conflictivo en aquellos años perturbadores y ásperos para el poeta, que siguieron a la muerte de Sylvia Plath.

Cuervo

Ted Hughes

Traducción de Jordi Doce
Kriller 71, 2025
402 páginas. 23,50 €

La presente es una cuidada edición con prólogo, notas y traducción de Jordi Doce. Se trata de una profunda revisión y actualización de la aparecida en la editorial Hiperión hace más de 25 años. Un magnífico trabajo, en Kriller71, que renueva la lectura de este libro.

Es sabido que el cuervo tradicionalmente se ve como un animal oscuro, “un arcoíris negro” y una voz que grazna de forma siniestra. Este cuervo de Ted Hughes podría estar en la otra cara del que, poco después, dibujara Raymond Carver en otro poema, con rasgos sencillos, del que dice que se posó en una rama y luego voló sin hacer nada reseñable. Entre uno y otro cuervo, hay casi una descripción de nuestro tiempo y su desmitificación.

Cuervo construye un personaje que se agita en la tragicomedia del mundo. La mirada de esta figura está cargada de la inocencia del animal y a la vez, de su bestialidad, correlato del hombre, cuyos excesos son un destino que está en la naturaleza de lo creado.

Contempla con horror el nacimiento del mundo, pero tampoco se le escapa todo lo demás: sus ruinas, sus residuos, los restos donde las cosas adquieren sentido. “En la alucinación del horror / vio ese zapato sin suela, calado por la lluvia, / en medio del páramo”. Todo es visible y evidente; ahí, en parte, radica el dolor, en la imposibilidad de refugio.

El color de Cuervo

Cuervo era mucho más negro
que la sombra de la luna:
tenía estrellas.
Cuervo era tan negro
como cualquier negro
igual que la pupila de un negro.
Como el sol, incluso,
más negro
que cualquier ceguera.

En el ojo de Cuervo se refleja un mundo grotesco, contradictorio, sacado de quicio. El término “grotesco” alude a las grutas, nos llega del italiano “grotta”. Refiere lo que está encerrado en las cuevas. Y se traslada al cuerpo, a los orificios por los que el exterior entra en las escondidas cavidades donde están las vísceras, la entraña, la deformidad, que no podría ser expuesta sin la violencia del pájaro negro.

“Negro era el sin ojo / Negra la lengua dentro / Negro era el corazón / Negro el hígado, negros los pulmones / incapaces de chupar la luz / Negra la sangre en su túnel ruidoso / Negras las entrañas metidas al horno / Negros también los músculos / luchando por abrirse a la luz”.

La escritura de Hughes, en este libro, es directa, dura, descarnada. En el aspecto formal, se aparta de su línea más tradicional, rompe las costuras del patrón poético y asume un grado de improvisación que, en ocasiones, le lleva a una expresión hondamente arrebatada.

Enhebrado a esto está la fuerte vivencia de su matrimonio con Plath y su traumática pérdida, además de los conflictos que se sucedieron. Así, es fácil escuchar en Cuervo, al menos en ciertas tesituras de su graznar, la voz delirante del propio Hughes. Tras la máscara del pájaro, el poeta parece articular ese otro yo en que el hombre se convierte cuando la vida da uno de sus golpes.

Sylvia Plath en junio de 1954. Foto: Gordon Ames Lameyer

Sylvia Plath en junio de 1954. Foto: Gordon Ames Lameyer

Se dice que Friedrich Hölderlin fue el último en intentar, mediante la poesía, que los cielos y la tierra permanecieran unidos, que los dioses y los mortales construyeran juntos el sentido del mundo. En Cuervo, asistimos a la maraña entre lo uno y lo otro. No es la separación de dioses y hombres lo que hay aquí, sino la confusión, el choque y el caos entre añicos.

Lo que Dios distinguió en la creación del universo, Cuervo, desde el hombro del creador, que ronca mientras descansa, lo contempla confundido, mezclado en el primigenio horror. La creación es el revés de lo que nace y la razón no ilumina, destruye.