Heinrich Heine, retratado en 1831 por Moritz Daniel Oppenheim

Heinrich Heine, retratado en 1831 por Moritz Daniel Oppenheim

Letras

Heinrich Heine, el último poeta romántico: "Conmigo se cerró la vieja escuela lírica de los alemanes"

Mariano Zabía publica 'La herida Heine', un repaso a la vida y obra de un autor contradictorio que fue "acusado de todo: judío, comunista, ateo, francófilo y antipatriota".

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Publicada

Heine ha sido acusado de todo: judío, comunista, ateo, francófilo o antipatriota han sido calificativos que con frecuencia han acompañado su figura literaria”, escribe el jurista, político y germanófilo Mariano Zabía (Madrid, 1949) en La herida Heine.

La herida Heine

Mariano Zabía

Sonora, 2025
180 páginas. 11 €

Y concluye: “Heine, uno de los grandes genios de la literatura alemana, ha llegado a ser considerado un enemigo de Alemania”. Pues bien, aquí aparece planteado el posible problema en torno al poeta de Düsseldorf. Es el tema de La herida Heine. Heinrich Heine y el espíritu europeo, un librito divulgativo, modesto y ameno.

El ensayo está dividido en breves capítulos temáticos, con títulos como “Las mujeres hermosas y la revolución”, “Heine y Napoleón”, “Heine y Marx”, “En la tumba de colchones” y, al tiempo que toca cada asunto, se recorre la vida del autor germano, vida que se extiende entre 1797 y 1856.

Según Zabía, se suele considerar a Heine como “solo un gran poeta” (p. 125). Él, ciertamente, pondera sobre todo sus ideas. Se hace eco, con notas al pie (aunque sin aparato bibliográfico), de los comentarios de intérpretes como Menéndez Pelayo, Adorno, Max Brod, Max Aub o H. Lichtenberg, así como de Fritz J. Raddatz y Marcel Reich-Ranicki.

De acuerdo con el propósito del libro, se apoya Zabía en estas autoridades tomando de cada uno de ellos una clave para entender el conjunto. Tan solo critica a Manuel Sacristán: considera “vulgar” (p. 148) el reproche que hace el marxista español a Heine a propósito del giro terminal del último hacia la religiosidad tradicional.

Zabía retrata a un Heine contradictorio: jovial, pero resentido; muy alemán, pero muy francés; romántico, pero voltaireano

La herida Heine expone bien lo principal: el autor de “Die Lorelei” fue un individuo contradictorio. Fue jovial, pero resentido y herido; muy alemán, pero muy francés; romántico, pero voltaireano; un poco revolucionario (saint-simoniano), pero no; judío, pero protestante (bautizado en 1825); republicano, pero aristócrata; poeta, pero bastantes cosas más.

Naturalmente, en La herida Heine se mencionan el Libro de canciones (1827), los Cuadros de viaje (1826-1831), se le presta atención a Sobre Ludwig Börne (1840), se citan Atta Troll (1847) y el Romanzero (1851).

Quizá el texto clave sea Sobre la historia de la religión y la filosofía en Alemania (1835). Lo cual tiene mucho sentido, pues uno de los intereses del autor es localizar a Heine dentro de la cultura de su país. Por ejemplo, presta atención a su doloroso rango de “paria” judío y al efecto que tuvo en él Napoleón, quien (aunque invasor militar de Alemania) buscó integrar a las poblaciones semitas de Renania en un marco de plena ciudadanía. Realmente, Francia es otro tema del ensayo (Heine se exilió en París en 1831, para no volver).

También está la revolución. En el curso de su vida tuvieron lugar tres grandes revoluciones en el continente. Zabía también se interesa por la religión de Heine con más caridad, parece, que Sacristán.

Aunque el autor la considera “famosa” (p. 92), reconozco que desconocía la escena en la que Heine, aquejado de una enfermedad espinal, se cae ante la Venus de Milo del Louvre, en 1848. Desde entonces, el poeta se quedó postrado en una “tumba de colchones”.

Aunque quizá el tema capital, inagotable, sea el de Heine y el Romanticismo. El libro recoge un pasaje de Confesiones donde leemos: “Yo soy su último poeta: conmigo se cerró la vieja escuela lírica de los alemanes [Romanticismo], mientras a un tiempo yo inauguraba la nueva, la moderna lírica alemana” (p. 129). Recomiendo este interesante volumen, pero, ya que estamos hablando de heridas, y para no hacer sangre, me limitaré simplemente a señalar que el escrito pide una pulida.