Novela

Camino de hierro

por Nativel Preciado

10 mayo, 2007 02:00

Nativel Preciado. Foto: Jaime Villanueva

Premio Primavera, 2007. Espasa. Madrid, 2007. 240 páginas, 19’90 euros

La periodista Nativel Preciado dio el salto a la novela no hace mucho. En principio, pareció ser un caso, como tantos otros habituales hoy, de buscar el prestigio añadido de la literatura, pero su trayectoria está mostrando la seriedad con que acometió este trabajo. Desde una simple crónica de actualidad (El egoísta) pasó a una convincente exploración en los determinantes de la vida (Bodas de plata) y ahora se arriesga a afrontar un tema muy espinoso, la recuperación de la memoria de la guerra civil.



La nueva novela de Preciado, Camino de hierro, trata en su mayor parte de este asunto aunque en realidad presenta dos tramas casi independientes. La primera es una historia de amor absoluto protagonizada por Paula, una mujer en la madurez, culta y libre, que aguarda a saber el porqué de la misteriosa desaparición de su marido. No es, a mi parecer, una anécdota imprescindible aunque la justifique el que aporta un sentido afirmativo de la vida y de las relaciones humanas que supone un contrapeso de la otra anécdota. Esta segunda peripecia, inserta en la anterior, es la importante: la misma mujer indaga en León el asesinato por los fascistas de su abuelo Román al comienzo de la guerra. Paula cuenta las averiguaciones acerca de aquellos sucesos en primera persona y ello intensifica los efectos traumatizantes de tales vivencias.



Al situar este viaje al pasado familiar de Paula en el contexto muy concreto del debate que vive nuestra sociedad por estas mismas fechas, nos da la autora una clave básica de su escrito: no le interesa una trivial novela de pasatiempo y consumo. Se plantea un libro comprometido y eso es Camino de hierro. La novela se dirige a espolear la conciencia del lector, y lanza una invitación, quizás un reto, a que cada quien asuma ese pasado y adopte su propia postura. La autora tiene la suya, pero no la presenta de manera impositiva sino como base para la reflexión del destinatario.



El abuelo Román fue víctima de una canallada, lo delataron unas monjas y fue ejecutado en un juicio inicuo sin más culpa que simples simpatías izquierdistas. Esto queda en la novela rotundamente claro. Al igual que se deja constancia de la terrible represión franquista de posguerra, y del dolor y daños causados a tantos inocentes. También se defiende sin la menor ambigöedad el derecho a saber todas las vilezas cometidas y los nombres de sus responsables.



Nativel Preciado hace, pues, un auténtico alegato a favor del rescate sin restricciones de la memoria histórica y además plantea la pregunta crucial: ¿para qué tal rescate? Tampoco adopta posiciones indecisas ni complacientes en este conflictivo terreno. Ha de recuperarse la memoria para hacer justicia pero evitando la venganza. Preciado se planta con coraje ante dos posturas enfrentadas. No está ni con quienes quisieran utilizar viejas tropelías como arma arrojadiza ni con quienes pretextan que hurgar en el pasado remueve odios cainitas para no asumir culpas. En suma, la autora por una parte exige la revisión histórica y reclama justicia, y por otra aboga por el perdón y la piedad.



Conviene subrayar que esta materia figura en una novela y que no es ensayo, reportaje o alegato político. Debemos considerarla, por tanto, desde los requisitos de la literatura. Preciado tiene la habilidad de presentar esas opciones no como una tesis, aunque la haya, sino como sustancia encarnada en personas de carne y hueso. En un hombre mayor, víctima a la vez que culpable del pasado, y sobre todo en la mencionada Paula, un ser profundo y conflictivo, fuerte y desolado que vive esta dura experiencia entre arranques de enajenación y serenidad ejemplar. De todo ello da cuenta en un relato psicologista tradicional, con una prosa clara y elaborada, quizás en algún momento un poco retórica, y mezclando vivencia intensa, reflexión y comentarios culturales. En fin, Preciado ha conseguido con Paula un personaje lo bastante sólido y complejo como para encarnar con autenticidad y valor universal situaciones concretas de una historia terrible.