Novela

Vidas minúsculas

Pierre Michon

26 junio, 2002 02:00

Trad. F. Botton. Anagrama, 2002. 204 págs., 13 euros

La crónica de los grandes acontecimientos ha eludido esas pequeñas historias que componen el mosaico de la vida privada. Hasta el giro impuesto por Georges Duby, nadie se había ocupado de un espacio donde sólo se reconocía la irrelevancia de la anécdota. Pierre Michon escogió este marco para su primer libro. Publicado en 1984, Vidas minúsculas no obtuvo el reconocimiento que merecía. Aunque la consagración no llegaría hasta Rimbaud el hijo, todas las virtudes de la prosa de Michon ya estaban en su primera obra: el aliento lírico, la perspicacia en la introspección, la capacidad de amalgamar memoria y ficción.

Vidas minúsculas consta de ocho narraciones que se comunican entre sí. Algunas se refieren a los antepasados de Michon. Desde el lejano abuelo que emula a Rimbaud en áfrica, hasta los abuelos que mueren sin recibir la visita de su nieto, ocupado en experimentar con las drogas y el sexo. No falta la madre hipersensible que excita la curiosidad por la poesía, ni el padre que abandona a su familia, convirtiéndose en la gran Ausencia. El narrador reconstruye el proceso de formación de su yo, abasteciéndose de las experiencias de otros, pero lo ajeno no es menos importante que la escritura. Escribir, sí, pero también leer, pues la literatura es una experiencia tan esencial como cualquier vivencia.

Michon invoca la figura del escritor malogrado, pues no es ajeno a la impotencia de la página en blanco. En cualquier caso, sabe que el objetivo no es derrotar al dolor, sino al olvido. Sus libros acreditan el triunfo de la escritura sobre una vida que halló en la literatura la redención de todos los fracasos.