Image: Así empezó todo
No es inusual que el lector que se aproxima por primera vez a estos relatos ludico-cosmológicos se sienta desencajado. Tanto en su paradójica lógica, como en las preguntas o reflexiones que suscita, hay una presencia de un absurdo tan verosímil como próximo. Sin embargo, a medida que evoluciona la lectura, sea ésta
lineal o no, esa sensación de desencajo resulta cada vez más gratificante, así como contagiosa su perspectiva (con)fabuladora. Al llegar a la última página, bien se encuentre ella al principio, en el medio o al final del libro, abandonamos la lectura con algo de pena o retomamos lo ya leído, reacios a despedirnos de tan deliciosa narración.
La originalidad, calidad y equilibrio de Así empezó todo tiene el don de la invisibilidad. A pesar de su gran innovación no exhibe sus méritos sino, más bien, prefiere que no llamen mucho la atención. Sin embargo, si reparamos en cada detalle, en cada ilustración apreciamos una hermosa obra de arte.
lineal o no, esa sensación de desencajo resulta cada vez más gratificante, así como contagiosa su perspectiva (con)fabuladora. Al llegar a la última página, bien se encuentre ella al principio, en el medio o al final del libro, abandonamos la lectura con algo de pena o retomamos lo ya leído, reacios a despedirnos de tan deliciosa narración.
La originalidad, calidad y equilibrio de Así empezó todo tiene el don de la invisibilidad. A pesar de su gran innovación no exhibe sus méritos sino, más bien, prefiere que no llamen mucho la atención. Sin embargo, si reparamos en cada detalle, en cada ilustración apreciamos una hermosa obra de arte.