Image: La G de Guerra
La relación literatura infantil-escuela ha establecido un vínculo que se traduce en la sobreproducción de obras aparentemente pedagógicas de escaso interés, sentido y factura, ávidas de colmar un mercado donde el criterio y la exigencia escasean. Colecciones de fútil vida comercial persisten en las estanterías escolares imprimiendo en el lector una imagen distorsionada de la literatura en la que siempre prima un objetivo ulterior a la calidad estética. Lo cierto es que la serie "Letras de cuento" sería una más entre tantas si no fuera porque detrás de ella se encuentran Miguel ángel Pacheco y Javier Serrano.
Sorprende hallar en una ilustración plana y de colorines, en la que proliferan las sonrisas amplias y los ojos circulares, acompañada de un texto anecdótico, soso y estereotipado, la firma de dos premios nacionales de tal envergadura. La G de Guerra responde a la aplicación desafortunada de una fórmula: al igual que los otros títulos de la colección, reproduce sin variaciones de peso el modelo desarrollado en La letra que no tenía trabajo (SM), sin sus méritos y complejidad. ¿Es que acaso un libro comercial no puede estar bien hecho? Para la escuela ¿todo vale? ¿Aprender lo es todo o hay algo más?
Sorprende hallar en una ilustración plana y de colorines, en la que proliferan las sonrisas amplias y los ojos circulares, acompañada de un texto anecdótico, soso y estereotipado, la firma de dos premios nacionales de tal envergadura. La G de Guerra responde a la aplicación desafortunada de una fórmula: al igual que los otros títulos de la colección, reproduce sin variaciones de peso el modelo desarrollado en La letra que no tenía trabajo (SM), sin sus méritos y complejidad. ¿Es que acaso un libro comercial no puede estar bien hecho? Para la escuela ¿todo vale? ¿Aprender lo es todo o hay algo más?