Image: Juguemos en el bosque
En las canciones infantiles pervive la voz de la tradición oral. La mayoría de ellas provienen de tiempos inmemoriales y han adoptado pequeñas variantes idiomáticas y locales. En Extremadura o en Quito, en Tesalónica o en Lisboa, en Santiago de Compostela o en su homónimo de Chile, aún podemos encontrar abuelos y niños cantando viejos romances, recitando retahílas similares y durmiendo al son de las mismas canciones de cuna. Pese a que muchos auguran la pronta desaparición de esta tradición compartida, diversos estudios, grabaciones y publicaciones aportan su esfuerzo para que este patrimonio imprescindible se mantenga vivo durante mucho, mucho más tiempo.
La colección Clave de Sol adapta este repertorio musical al formato del libro ilustrado y así ha hecho hermosas adaptaciones visuales a canciones como "Estaba el señor Don Gato", "Mambrú se fue a la guerra" o "El conde Olinos". Como acertada metáfora del tesoro común que compartimos todos los pueblos iberoamericanos, las ilustraciones de Juguemos en el bosque fueron realizadas por una mexicana (Mónica Berga), publicadas por una editorial venezolana (Ekaré) y ahora se encuen- tran, por fin, al alcance de los niños españoles.
La colección Clave de Sol adapta este repertorio musical al formato del libro ilustrado y así ha hecho hermosas adaptaciones visuales a canciones como "Estaba el señor Don Gato", "Mambrú se fue a la guerra" o "El conde Olinos". Como acertada metáfora del tesoro común que compartimos todos los pueblos iberoamericanos, las ilustraciones de Juguemos en el bosque fueron realizadas por una mexicana (Mónica Berga), publicadas por una editorial venezolana (Ekaré) y ahora se encuen- tran, por fin, al alcance de los niños españoles.