Arturo Pérez-Reverte en la isla de Procida (Nápoles).

Arturo Pérez-Reverte en la isla de Procida (Nápoles). Jeosm

Letras

Arturo Pérez-Reverte: "La novela está sentenciada, el gran futuro de la narración está en el videojuego"

Acompañamos al escritor a la isla de Procida, en Nápoles, con motivo de la publicación de su nueva novela: 'La hipótesis más peligrosa'.

Más información: Pérez-Reverte, recuerdos de la guerra: "Queríamos cortar la digestión de la gente"

Nápoles
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Paseando por las estrechas y empinadas callejuelas de la isla de Procida (Nápoles), donde la ropa cuelga de las paredes desconchadas de las viviendas, se adivina en los ojos de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) el entusiasmo de quien vuelve a casa, una grata sensación de familiaridad. En el suelo que pisa late la historia de sus ancestros, pero también las peripecias de los héroes clásicos que aún relee con deleite.

Cuando no es interrumpido por algún oriundo –imaginamos que lector de su obra– para pedirle una foto o un autógrafo, conversa con la comitiva de periodistas que lo acompañamos, mostrándonos canciones que le recuerdan a su Mediterráneo, "un lugar que no estaba masacrado por el turismo". La de Serrat, quizás la más emblemática, le parece una gran composición, pero "no es para mí", tercia.

Desde luego, esa mujer de alma profunda y oscura que, perfumada de brea, se escondía entre las cañas no es la referencia que más interpela al escritor y académico, que antes de los fastos literarios se curtió en las guerras europeas como intrépido corresponsal. Pérez-Reverte prefiere, por ejemplo, Europa, de Carlos Santana. "En qué derrota te gané. / En qué batalla me rendí. / Me defendía igual que un lobo gris. / Mejor la muerte que el redil", escuchamos en la versión de Dyango, que incluyó una letra sustituyendo a la melodía principal, interpretada por Santana con la guitarra eléctrica en la original.

"Aquí se ha saqueado, se ha violado, se ha matado...", recordó este lunes el creador del capitán Alatriste, como para desromantizar el Mediterráneo, despojándolo de su barniz edulcorado. Esta vez ha elegido un personaje, Asier Lerrant, para contar la historia del Mare Nostrum. Nos lo presenta con una pirueta audaz: a través del mito del judío errante, que fue sentenciado a pasar sed hasta el resto de su vida por negar un trago de agua a Jesucristo en su calvario hasta la cruz.

El protagonista de La hipótesis más peligrosa (Alfaguara), su nueva novela, encarna la tragedia de la inmortalidad, de modo que lleva más de dos mil años siendo testigo y partícipe de los grandes hitos de la historia de Occidente. Pero el viejo marinero Lerrant ahora se enfrenta al desafío de explicar a su hijo, de dieciséis años, por qué lo abandonó mientras su madre estaba embarazada.

Cubierta de 'La hipótesis más peligrosa'.

Cubierta de 'La hipótesis más peligrosa'. Alfaguara

Cal Gadea es un joven experto en videojuegos que ha dado con el paradero de su padre en un puerto español. No duda en subirse a su velero para cruzar el Mediterráneo de punta a punta hasta llegar al Líbano con una obra de arte robada. Entre tanto, el gamer conocerá su biblioteca, atenderá al relato de su historia y aprenderá lecciones que no olvidará nunca. Además de su padre, el sabio Lerrant se ha convertido en su maestro.

A propósito, el autor lamentaba que ahora los jóvenes estén "desvalidos y engañados". "No están educados para el mundo real", aseguró. Una de las causas es, según su opinión, la falta de referentes que les alumbren el camino. Claro que "el buen maestro es el que te enseña con lo que hace, no con lo que dice", así que "no tiene por qué ser bueno; tiene que ser del que aprendes".

Arturo Pérez-Reverte en la isla de Procida (Nápoles).

Arturo Pérez-Reverte en la isla de Procida (Nápoles). Jeosm

Hace mucho que Pérez-Reverte no examina el mundo en términos absolutos. Antes al contrario, "cada vez tengo más dudas y menos certezas", afirmó. No en vano, "esta novela nace de esas incertidumbres". No es casual que Asier Lerrant se rija por códigos morales tan similares a los suyos: ¿alguien puede decir quién es el malo y quién el bueno?

El autor de Falcó está convencido de que "los hombres somos asesinos naturales, lo hemos demostrado siempre". Por eso no comprende que todavía haya quien no se crea que "la regresión es posible". De la misma manera, considera que "todas las guerras son la misma" y que "cuando el desgraciado tiene ocasión, se vuelve un hijo de puta".

El Mediterráneo, verdugo de Europa

Con todo, al autor no le duelen prendas reconocer que sus propias convicciones están siendo zarandeadas, pero es algo a lo que asiste "con interés". Un ejemplo: "Yo pensaba que Europa se estaba acabando y estaba destruyendo la esencia mediterránea, pero resulta que es el Mediterráneo el que está descivilizando a Europa, la está colonizando... se está vengando". De lo que no tiene dudas, y esta sería la explicación a su conjetura, es de que "la historia tiene muy mala leche".

¿Cómo encarar entonces la desdicha, de la que parece que nadie está salvo? A la serenidad, a la entereza, se llega por el camino de la comprensión, según Pérez-Reverte, pues "tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender". Y resulta que hasta el horror se puede asimilar sin caer en el desaliento.

Más allá de la biografía personal, que en su caso le ha ayudado a relativizar los episodios más espeluznantes –sobre todo por su experiencia como reportero de guerra–, "la lectura es el proceso intelectual que te permite encajarlo", aseguró. Por otro lado, no cree que no exista el azar, pero este "tiene sus reglas" y, en medio del caos, "el truco es detectar las reglas". Tanto es así que, después de una producción literaria que supera los treinta títulos, tiene claro que comenzó a escribir "para ordenar el caos" que había en su cabeza.

La novela, como la vida, también tiene sus códigos, y al veterano muñidor de historias no se le escapa que los tiempos han cambiado. Por eso tiene arrestos para componer un personaje complejo que, además de todas sus aristas, está imbuido en los videojuegos, un mundo que al escritor le coge muy lejos. Para zambullirse en él, confiesa haber jugado en casa, tratando de desentrañar esos dichosos códigos, y ahora está convencido: "La novela, y en general el soporte papel, está sentenciada. El gran futuro de la narración está en el videojuego".

Seguimos paseando por Procida, una isla que "no aparece en la novela, pero podía haber estado perfectamente" porque, por sus características, es "muy representativa del Mediterráneo". Homero, los héroes y los mitos flotan en las conversaciones como símbolos tutelares, siempre presentes. Por cierto, que La Odisea de Christopher Nolan "es una buena película, pero el director no se ha enterado de quién es Ulises. Matt Damon parece que acaba de salir de una guerra con estrés postraumático, no es el personaje trapacero de la obra original", vino a decir.

Antes del mediodía, el termómetro supera los 20 grados. Los pescadores disfrutan de una Peroni a solo unos metros del mar. Procida es ahora irresistible, como cuando sirvió de escenario para la película El cartero y Pablo Neruda (1993). "Esta es mi patria, me siento más en mi casa aquí o en un café de Estambul que en París o en Nueva York", asegura el autor, que compara la proximidad de su senectud con el otoño vital de los elefantes: "Yo también me hago mayor e, igualmente, voy buscando mi sitio. Es como volver al origen... Este no es un mal lugar para tumbarse a descansar".