Zadie Smith.

Zadie Smith. Roser Ninot / Salamandra

Letras

Los ‘Muertos y vivos’ de Zadie Smith: contemplando, confesando y reconsiderando

El último libro de la escritora británica reúne 30 ensayos que destilan todo el pensamiento de la autora de 'La impostura'.

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En el prólogo de este Muertos y vivos (Salamandra), Zadie Smith (Londres, 1975) confiesa que llega a cada ensayo “como invitada”, pero termina, sin quererlo, convertida “en una especie de anfitriona”.

'Muertos y vivos'.

'Muertos y vivos'. Salamandra

Muertos y vivos

Zadie Smith

Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino. Salamandra, 2026. 352 páginas. 23 €

No es un matiz menor, y remite al ensayo como búsqueda, más que como exposición de una tesis. Define a una escritora que lleva toda su carrera incómoda con la autoridad que se le presupone. Debutó con 24 años y aquel prodigio coral que fue Dientes blancos (2000), pasando por El cazador de autógrafos, Sobre la belleza, Tiempos de swing y, ya en 2023, la novela La impostura, entre otros.

Esta es ya la cuarta entrega del proyecto ensayístico paralelo que Smith inauguró en 2009 con Cambiar de idea. En este caso reúne más de 30 piezas, escritas entre 2016 y 2025 para publicaciones como The New Yorker o The New York Review of Books. También, en un guiño muy de agradecer, para un cuestionario que respondió en EL CULTURAL en 2021, aquí recogido.

Está organizado en cinco movimientos de ánimo más que de tema (Contemplando, Considerando, Reconsiderando, Recordando, Confesando), donde conviven, sin jerarquía aparente, la relectura feminista del Autorretrato de Celia Paul y su amante Lucian Freud –de quien Smith extrae una máxima que podría aplicarse a media historia del arte: “Las lecciones del amor se convierten en lecciones de arte”–, la crónica de Stormzy coronándose en Glastonbury, una defensa erudita de Tár y, en la pieza que da su título en inglés a una de las mejores partes del libro, un repaso a la obra de la pintora Toyin Ojih Odutola.

Son muy persuasivas también las páginas dedicadas al oficio. En ‘La fascinación de imaginar’, Smith recurre a un poema de Emily Dickinson para desmontar el dogma de la autenticidad narrativa: “Las novelas son máquinas que generan fantasías”. En esa frase cabe buena parte de su poética.

Quien conozca a Zadie Smith solo por su fama de novelista encontrará aquí una contundencia sorprendente

La sección ‘Recordando’, con las semblanzas de Joan Didion, Toni Morrison, Philip Roth, Martin Amis e Hilary Mantel, confirma además que Smith es hoy, además de una gran novelista, una de las mejores prosistas fúnebres del mundo anglosajón.

Es generosa sin caer en la hagiografía, y es capaz de reclamar para Morrison, sin falsa modestia, “el ancho mundo” de una genealogía literaria en la que ella misma se incluye.

En ‘Algunas notas sobre el tiempo mediado’, Smith aborda la IA –no tanto la IA generativa como el algoritmo que ya nos gobierna–, el tono vira del ingenio a la angustia contenida. Reconoce escribir ensayos largos como “forma de resistencia” a una lógica que ya ha colonizado hasta el habla: “la gente habla como el algoritmo. Piensa como el algoritmo”, escribe.

Su diagnóstico es doblemente incómodo porque incluye la autocrítica. Entiende que esa resistencia es “básicamente inviable”.

El otro extremo del péndulo es ‘Trump Gaza Number One’, un ensayo que recurre a Frantz Fanon para diseccionar “el drama del poder occidental” en un vídeo satírico de inteligencia artificial sobre Gaza.

Quien conociera a Smith solo por su fama de escritora encontrará aquí una contundencia que quizá sorprenda. Y quien busque, en cambio, a la Smith más centrada en su entorno cotidiano, la hallará en el ensayo que cierra el libro, ‘Kilburn, mi amor’: una declaración de amor cómica al barrio de Londres donde sigue viviendo, “ingentrificable”, y que ella misma describe, sin la menor ironía, como “la calle más interesante de Europa”.

Existe la tentación de hablar de un libro disperso, aunque es mejor definirlo como ecléctico. Porque en los ensayos es la mirada la que da coherencia a la variedad de los temas, y Smith tiene una mirada propia.

La autora deja claro al principio su método y sus intenciones cuando habla de su condición inicial de “invitada”.