José Manuel Benítez Ariza.

José Manuel Benítez Ariza. Jesús Heredia Luque

Letras

La 'Biografía imperfecta' de José Manuel Benítez Ariza: elegancia y gracia natural

El escritor recoge cuatro décadas de trabajo poético, incluyendo abundantes poemas dispersos y un libro inédito.

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Poeta, diarista, traductor, narrador y articulista (con particular atención a una de sus pasiones, el cine clásico), José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) ha frecuentado casi todos los géneros literarios, y en todos ha mostrado su talento y buen hacer, esa mezcla de elegancia y gracia natural que no tarda en concitar la confianza del lector: leyéndole, sabemos que estamos en buenas manos.

Cubierta de 'Biografía imperfecta'.

Cubierta de 'Biografía imperfecta'. Renacimiento

Biografía imperfecta

José Manuel Benítez Ariza

Renacimiento, 2026
516 páginas. 24,94 €

Ahora ve la luz Biografía imperfecta, que recoge de manera exhaustiva cuatro décadas de trabajo poético (1986-2025), incluyendo abundantes poemas dispersos y un libro inédito, C. V. Y lo primero que llama la atención de estas quinientas páginas a texto corrido es su coherencia, la temprana madurez con que la voz se asienta y establece las bases de su mundo.

Desde muy pronto, Benítez Ariza se siente atraído por el poema como, digamos, documento moral, como una manera particularmente productiva de reflexionar sobre nuestro medio familiar y social, las etapas y traspiés del aprendizaje vital, las relaciones con los demás. No es casual, desde luego, que dos de sus primeros libros se titulen Las amigas y Los extraños.

El magisterio de Gil de Biedma es más que notable en este primer tramo de su escritura, y a través de él de toda la tradición británica, del romanticismo para acá. Abundan los pasajes donde el Gil de Biedma más discursivo (el de "Ribera de los Alisos") influye en la sintaxis y el tono del conjunto, la forma que tiene la reflexión de orientarse.

Quizá nadie entre nosotros haya sabido asimilar mejor este influjo, y sobre todo trasladarlo a un entorno social que está muy lejos de las alturas olímpicas del autor de Moralidades: los años del desarrollismo, una infancia y juventud que oscilan entre las postrimerías del franquismo y los primeros pasos de la transición.

No es fácil citar versos aislados de esta obra, porque lo importante aquí es la atmósfera, eso tan difícil de ejemplificar que solemos llamar "tono", el don para ir desovillando el hilo sin extraviar el rumbo. Y así hasta el desenlace. Muchos de estos poemas comienzan sin alardes, acumulando con discreción y maestría los detalles, preparando el terreno. Lo importante es crear un ambiente, esbozar los ejes de una composición de lugar.

Sin embargo, conforme avanzamos en la lectura, el flujo verbal se acelera y las frases se van haciendo más breves, más tajantes, hasta llegar a veces a uno o dos versos aislados que remachan el ritmo del conjunto… y abren su sentido.

Tras la publicación de Los extraños (1998), tal vez su libro más claramente adscrito a los postulados de la "poesía de la experiencia" (que en él siempre fue otra cosa, gracias a su conocimiento íntimo de la poesía inglesa moderna), Benítez Ariza abre una segunda etapa con la publicación de Cuaderno de Zahara (2001), donde la atención se va desplazando poco a poco al mundo natural, o más bien a esa linde difusa entre campo y ciudad donde la materia, ese ámbito de maleza y calles a medio hacer, es víctima del olvido y la incuria.

Se cuela en estos poemas cierta pulsión elegíaca, como si al cumplir los cuarenta el poeta hubiera sentido la necesidad de mirar atrás y hacer balance. Pero hay también un despliegue riquísimo de tonos y formas poéticas –visible sobre todo en el apartado "Poesía dispersa 1994-2008"– que nos hablan de cierta liberación: aquí el poeta juega, se deja llevar por el capricho y la circunstancia, y lo hace siempre con destreza y una pizquita de duende.

De la primera a la última página, no hay nada prescindible en esta obra. Su naturalidad y elegancia han sido su mejor seguro de vida, lo que permite que siga llegando al lector como el primer día.

Las casas encerradas en sí mismas,
confusas, intrincadas
en su desorden de planos que mezclan
pulcritud y abandono, según ceden
a la voracidad de las higueras bajas
que invaden los recintos sin techar,
o presentan al sol su cara limpia,
deslumbrante de cal; y este silencio
de vida que contiene
su palpitar al paso de un extraño.

"Del Cuaderno, II"