El escritor italiano Paolo Maurensig.

El escritor italiano Paolo Maurensig. Altamarea

Letras

Paolo Maurensig, el novelista italiano que debutó a los 50 años y nunca pudo superar la perfección de su primera obra

Altamarea recupera 'La variante Lüneburg', una novela que convirtió el ajedrez en una brillante metáfora de la Historia.

Más información: Julio Llamazares, Premio Nacional de Narrativa por 'El viaje de mi padre'

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En la web de Gatopardo, la editorial española que con anterioridad publicó una obra de Paolo Maurensig (Gorizia, 1943 - Udine, 2021), se le define como uno de los más prestigiosos escritores italianos, lo que es una tremenda falsedad.

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18 la variante luneburg.jpg Altamarea

La variante Lüneburg

Paolo Maurensig

Traducción de Carmen Romero. Altamarea, 2026.164 páginas. 18,90 €

En cambio, sí sería justo afirmar que este autor se presentó como pocos en el campo de las letras con su ópera prima, La variante Lüneburg, alabada por propios y extraños y que ahora recupera Altamarea 33 años después de su aparición.

La novela es, sin duda, una de esas obras que trascienden lo generacional y adquieren condiciones legendarias con el paso del tiempo. En 1993, Italia se hallaba envuelta en un tremendo terremoto político (Tangentopoli) que en lo cultural coincidía con el adiós de muchas firmas imprescindibles, de Alberto Moravia a Natalia Ginzburg, de Italo Calvino a Leonardo Sciascia. Quizá por eso la irrupción de Maurensig fue tan aplaudida.

Por eso y muchas rarezas, entre ellas la de debutar a los cincuenta años y regalarnos una ficción casi perfecta, tanto por su estructura como por el modo en que desgrana temáticas universales mediante una metáfora manida, pero muy complicada de encajar con solvencia: el ajedrez.

Este juego ha ofrecido novelas inolvidables. Nuestro protagonista se basó sin disimulo en Novela de ajedrez, de Stefan Zweig, si bien las diferencias entre ambos libros son notorias.

El que nos concierne empieza con la descripción de cómo se creó el perfecto tablero de 64 piezas, causante de la muerte de su inventor, lo que no impidió la adicción de reyes y mandamases.

Acto seguido, el narrador da un bestial salto cronológico y nos sitúa en Viena, en una extraña mansión donde ha aparecido muerto su propietario, Dieter Frisch, empresario y maestro ajedrecista de impecables hábitos cotidianos, siempre con el orden y la regularidad por bandera.

El misterioso fallecimiento podría impulsarnos a leer La variante de Lüneburg como un giallo atípico, y quizá lo es, pero no desde una mera perspectiva criminal, sino desde un arco más complejo que elevaría el texto a categorías filosóficas, inherentes a ciertas novelas centroeuropeas.

No en vano Maurensig nació en Gorizia, ciudad fronteriza con Eslovenia con muchas conexiones empapadas del marchamo austrohúngaro. De hecho, mientras avanza la lectura , no es difícil reflexionar en cómo nos enfrentamos a una novela de aire entre triestino y vienés, esto último no solo por ser el destino final del viaje en el tren que es el verdadero escenario donde se dirime la trama.

Maurensig nos regala una ficción casi perfecta por su estructura, que desgrana temáticas universales

El día antes de fallecer, Frisch acudió, como cada semana, a Múnich para retar a su amigo Baum, un segundón muy útil para sus ínfulas de superioridad, obcecado con la victoria y empecinado en la técnica más que en la brillantez.

En esas, irrumpe Hans Mayer, un joven algo desastrado que observa en silencio la partida entre los dos pasajeros. Cuando esta termina, tras recibir una rotunda negativa a su petición de dibujar el lance, decide revelar un poco de sus conocimientos en torno a peones y damas con la excusa de un movimiento realizado por Frisch, quien en realidad lo usó para demostrarse a sí mismo la inutilidad de esa baza táctica.

La discrepancia del tercer hombre, una epifanía crucial e inesperada, abre una narración dentro de la narración. A partir de ese instante semeja un sueño mágico que adquiere tintes sombríos para resolver tanto el asesinato de Frisch como otros traumas y ajustar cuentas con esa pesadilla llamada Historia, con una elegancia y unos recursos al alcance de muy pocos, probable explicación a cómo, tras esto, Maurensig jamás pudo siquiera igualarse.