El escritor Gregorio Casamayor.

El escritor Gregorio Casamayor. Acantilado.

Letras

'Rafa quiere que tengamos un hijo': una divertida sátira criminal de "aburrimuertas" en apuros

Gregorio Casamayor narra tres historias de mujeres que se enfrentan al terremoto que supone el deseo que da nombre al libro.

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El siempre sorprendente Gregorio Casamayor (Cañada Juncosa, Cuenca, 1955), lo mismo cuando escribe solo que cuando lo hace a varias manos con el no menos inquieto A. G. Porta o también con el versátil pedagogo Francisco Imbernón, le ha puesto a su nueva obra un título llamativo, Rafa quiere que tengamos un hijo.

Portada de 'Rafa quiere que tengamos un hijo'.

Portada de 'Rafa quiere que tengamos un hijo'. Acantilado.

Rafa quiere que tengamos un hijo

Gregorio Casamayor

Acantilado, 2026

368 páginas. 26€

Aparte su posible valor de gancho comercial, recoge la misma frase que determina la acción de tres novelas integradas en un único libro. Esa afirmación se repite en cada uno de dichos relatos independientes. A consecuencia de tal admonitorio pronunciamiento, quien lo enuncia ve seriamente trastornada su vida. Se trata de tres mujeres, Ruth, Silvia y Elvira, quienes adoptan diversas actitudes frente a lo que supone para ellas una amenaza, y no un feliz o deseado ofrecimiento. Sus reacciones van de la huida y la traición al proyecto criminal.

Los modelos narrativos que cobijan a cada una de las historias resaltan su autonomía, tan acentuada que incluso podrían haberse publicado sueltas. La primera, la de Ruth, recuerda una comedia sentimental de múltiples infidelidades. Un amor de juventud reaparece en la vida de la mujer, a quien reclama matrimonio tardío mientras ella anda indecisa entre un par de amantes. Con uno de los hombres del triángulo forja “un plan de vida” y resuelve el “dilema del prisionero” –título del relato– huyendo a un lugar ignoto.

La siguiente, la de Silvia, bajo un neologismo peregrino, “Aburrimuerta”, se enmarca en una peripecia criminal sobrada de rasgos paródicos. El detective “señor Búho” interviene en una intriga de intereses cruzados que su ayudante refiere como “amanuense y narrador”. La voz de este tipo, de la estirpe del Biscúter de Pepe Carvalho quizás en homenaje a Vázquez Montalbán, informa de un motivo clásico del género policial, las fórmulas para cometer el crimen perfecto.

No puede añadir una forma más distinta la última historia, la de Elvira, Ajuste de cuentas, cuya serie de diez “secuencias” remite a un guion de cine o televisión. Aquí, la mujer debate con su clandestino amante cómo afrontar el reto que supone la demanda de su pareja de tener un hijo y consumar un refinado ajuste de cuentas.

Tres historias tan diferentes no revelan solo versatilidad constructiva y capacidad de invención, que también, sino que tienen la finalidad de potenciar, multiplicando su alcance, los asuntos abordados. El más relevante es la engañosa apariencia de la personalidad, que las protagonistas creen firme, pero resulta inestable y al albur de un suceso externo.

Este motivo da lugar a una exploración psicológica que saca a luz el debate íntimo de cualquier persona con sus principios, certezas y fantasías. A la vez, los tres relatos tienen bastante de retrato contemporáneo donde salen a relucir las relaciones de pareja, el matrimonio, los recelos que provoca la maternidad y la dificultad de mantener criterios propios frente a injerencias ambientales.

Tanto la indagación intimista como el testimonio social están sometidos a un tratamiento distanciador que oscila entre la ironía, el humorismo y la sátira. Este enfoque evita la moralina y la simple denuncia. Y las frecuentes referencias culturales alejan los relatos del costumbrismo ingenuo. Las historias resultan, además, francamente divertidas, con un punto de disparate. También se aprecia que Casamayor no es de los que sufren al escribir. Él se lo pasa bien inventando estas posibles patrañas y ese palpable gusto por narrar se contagia al lector.