Palahniuk, en Avilés

Palahniuk, en Avilés Festival Celsius

Letras

Chuck Palahniuk: “El humor es como el sexo, consiste en crear una gran tensión y luego resolverla de inmediato”

El autor de 'El club de la lucha' ha pasado por el festival Celsius de Avilés.

Allí ha presentado su nueva novela, 'Inducción por shock', una sátira voraz sobre el consumismo.

Más información: 'Inducción por shock', de Palahniuk: la sátira distópica más feroz y arriesgada del autor de 'El club de la lucha'

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Es posible que para muchos de nosotros Chuck Palahniuk no necesite presentación. Autor de El club de la lucha, su título más popular gracias a la adaptación de David Fincher que Edward Norton y Brad Pitt encarnaron en pantalla, a principios de los 2000 el escritor agrandó aún más su leyenda provocando medio centenar de desmayos con la lectura de su cuento Tripas. “Solo necesitas una novela y un relato para ser reconocido”, bromea.

Con una narrativa fragmentada y un particular sentido del humor, el autor de otros grandes títulos como Nana, Asfixia, Monstruos invisibles o Diario ha hecho del uso de estribillos narrativos –repetición de frases, expresiones o estructuras– su propio sello personal. Ahora, con su última novela, su escritura se vuelve más fragmentaria que nunca.

Siguiendo la máxima del filósofo Jacques Derrida de que basta cambiar una historia por otra para cambiar toda la realidad, en Inducción por shock (Random House), el escritor construye un complejo artefacto narrativo sobre el poder de los relatos, una sátira distópica sobre la mercantilización del talento, el consumismo más feroz y las lecturas a partir de la historia de Samantha, una adolescente brillante que vive junto a dos padres adictos y un tío obsesionado con el sexo.

Cuando una plataforma secreta que puja por el talento del futuro, Greener Pastures, creada por las personas más ricas del mundo, se muestra interesada por ella, tendrá que decidir si está dispuesta a hipotecar el resto de su vida a cambio de una gran fortuna para ella y su familia.

Invitado en el Festival Celsius de Avilés, que en su 15ª edición ha reunido en la ciudad asturiana a escritores tan variados como Ted Chiang, Joe Hill o Becky Chambers, Palahniuk comparte que lo que quería era presentar la tragedia de cómo sería un mundo en el que los niños pudieran venderse en beneficio de sus progenitores.

“Una vez que los hijos se convierten en una mera transacción y descubren que no son tan valiosos como esperaban, el amor que sienten por ellos disminuye", asegura el autor. "Eso me pareció tremendamente desgarrador. Evidentemente, hay mucha comedia, pero quería que fuese una historia conmovedora que rompiese el corazón de los lectores”.

Pregunta. De hecho, en Inducción por shock, sus personajes provienen de hogares rotos y cuestiona la idea de que, como diría Dorothy en El mago de Oz, ningún lugar es mejor que casa… ¿Siente que hemos perdido ese lugar seguro?

Respuesta. En mi época, cuando era mucho más joven, la gente veía sus hogares como el lugar donde vivían, un lugar al que amaban. Allí criaban a sus familias y permanecían durante toda una vida. Pero, desde la década de los 80 las casas se han convertido en un bien efímero, dejaron de ser hogares para convertirse en mercancías, en algo temporal, un producto que conduce a un nuevo beneficio, algo más valioso y con mayor potencial de venta.

»Hoy en día, la gente habla de sus casas en términos de decoración, mejoras y atractivo exterior. Lo ven como un paso más en la escalera hacia la riqueza. Así, las casas que antes tenían ese carácter sagrado para la infancia, ahora se han convertido en objetos de consumo. Y tengo la sensación de que esto está ocurriendo ahora con los niños.

“No creo que las redes sociales controlen la mente de la gente más de lo que lo hacían antes la religión o la televisión”

P. Su propia estructura narrativa no es nada convencional: hay saltos temporales, cambios de perspectivas, frases o párrafos sueltos. ¿Cree que la fragmentación narrativa es la única manera posible de escribir literatura hoy, cuando la propia realidad o nuestra experiencia en ella es fragmentaria?

R. En cierto modo, quería imitar la forma en que la gente consume cultura ahora. Hoy en día, todo el mundo mira sus móviles mientras ve una serie, cambia constantemente de canal en la televisión, escucha música mientras cocina, mientras ven algo en streaming o un video de YouTube. La gente consume contenido multimedia de una manera muy variada y compleja. Y lo que yo quería era capturar la esencia de esos saltos entre pantallas. Es decir, la multipantalla, el uso simultáneo de diferentes medios digitales.

»No quería que fuera una prosa tradicional extensa donde el libro es lo único importante y se espera que ignores todo lo demás, sino que fuera como navegar por internet o cambiar de canal y lo que hice fue un ejercicio para representar esas tendencias actuales.

P. Para escribir este libro usted mismo llegó a acudir a una conferencia sobre hipnosis en Las Vegas donde cientos de hipnotizadores se enseñaban unos a otros sus trucos para captar la atención. ¿Cree que, con la presencia de las redes sociales o las tecnologías, es más fácil que nunca hoy que nos controlen mentalmente?

R. No, no más que antes. Es solo una nueva forma de lo que siempre hemos tenido en la historia moderna. Antes era la iglesia o la religión. Pero siempre ha sido algo similar, algo que controlaba las mentes de la gente, al igual que la radio. La iglesia era una especie de idea unificadora, y más tarde, en la era moderna, los medios de comunicación escritos, la radio o la televisión... Así que no, no creo que las redes sociales, o los medios de comunicación actuales, controlen la mente de la gente más de lo que lo hacían antes otras cosas.

P. También escribe sobre el poder de las historias. En Inducción por shock hay un bonito homenaje a la literatura. Usted mismo cuenta que en una etapa algo oscura de su vida, los libros le salvaron. ¿Por qué cree que la literatura es vital para el ser humano?

R. Creo que la literatura presenta un modelo social diferente. Muestra a las personas una forma de vivir más efectiva que la actual y lo hace de una manera que el cine no logra. Las películas pueden modelar un comportamiento, pero no pueden profundizar lo suficiente como para que la gente lo asuma como propio. Por eso, cuando vemos grandes cambios sociales, suelen ir acompañados de grandes novelas. Estos libros son como una especie de biblia, un texto religioso al que la gente recurre una y otra vez. La cabaña del tío Tom, por ejemplo, contribuyó a la abolición de la esclavitud en Estados Unidos.

»Añadiré algo más. Las personas que practican la hipnosis suelen afirmar que leer recrea el movimiento de los ojos que naturalmente el ser humano utiliza en los momentos fundamentales de la vida. Todo este movimiento de izquierda a derecha, línea tras línea a lo largo de la página, lo hace la mirada cuando está recorriendo un camino nuevo, escaneando los peligros que puedan acontecer, por ejemplo, en un bosque. Ese movimiento ocular se replica con la lectura y también encuentra otro homólogo en el sueño REM. Cuando estamos en la fase del sueño REM, los ojos también se mueven rápidamente hacia los lados dentro del sueño. Así que la lectura sería una estimulación de este sueño REM y una forma de soñar a través de las páginas del libro.

P. Desde que publicó El club de la lucha en 1996, se ha convertido en un autor prolífico. Dice en este libro que un buen narrador no inventa historias, solo sabe descubrirlas. ¿Dónde encuentra usted sus ideas?

R. Lo que yo hago es buscar patrones en la vida de las personas. Cuando alguien me cuenta una historia sobre su juventud o su infancia, me gusta contársela a otras personas para ver si tienen una historia de infancia similar a la que le acabo de narrar. Así, encuentro similitudes en las experiencias humanas. Descubro patrones generales que me llevan a un patrón universal. Después exploro si una historia puede tener un propósito o si un tema tiene la importancia suficiente para ser abordado si no se ha contado antes.

P. En ese sentido, todos sus libros suelen contener cierta crítica social. ¿Hasta qué punto escribe con esa pretensión? ¿Es antes la crítica o el relato?

R. Si hago crítica de algo, es una crítica a mí mismo. Porque cada historia comienza conmigo reconociendo algún aspecto de mi vida que es falaz. Por ejemplo, en El club de la lucha, como el personaje, sentía que si compraba los muebles adecuados y vivía la vida correcta sería un adulto. Y una vez que reconocí que eso era una falacia, pude reírme de mí mismo y de esa aspiración tan tonta.

»Así que todo empezó cuando me di cuenta de que estaba haciendo algo de forma automática, sin cuestionarlo, solo por la publicidad o porque la sociedad lo hacía. Quiero decir, todos mis amigos compraban los mismos muebles. Estábamos todos atrapados en la misma ilusión que nos vendían. Y aunque jamás me burlaría de ellos, sí podía hacerlo de mí mismo.

P. Hablando del humor, lleva publicando libros desde hace 30 años y siempre ha cultivado un peculiar sentido del humor. ¿Cómo ha cambiado la idea de lo políticamente correcto de sus primeros años hasta ahora?

R. Es interesante lo que entendemos por humor. Lo cierto es que la definición clásica del humor no es la que más llame mi atención. A mí no me parece gracioso cuando alguien habla con una voz rara o hace una mueca forzando la risa. Más bien, me resulta mucho más fascinante cuando se desencadena una situación dramática y quienes lo presencian son capaces de reírse. Esa reacción anula el dramatismo de lo sucedido y es precisamente su indiferencia ante el horror lo que me resulta más gracioso. El humor para mí es algo como el sexo tántrico que consiste en conseguir una increíble cantidad de tensión en un momento de una escena narrativa y de repente rebajar la tensión en cuestión de un segundo, resolver la situación dramática.

»Por ejemplo, en El club de la lucha, hay una escena en concreto donde un personaje pierde una pelea y su cara está siendo golpeada contra el suelo una y otra vez hasta que realmente se describe que su cara se ha impreso con sangre en el suelo. Tras esta larga y espeluznante descripción, el personaje de Tyler Durden baja la mirada y lo único que dice es: “Genial”. Su falta de reacción ante el horror anula la tensión. Toda la tensión desaparece al instante, lo que provoca que el público se ría a carcajadas. Para mí, el humor siempre consiste en crear una gran tensión y luego resolverla de inmediato.

“No me autocensuro nunca, pero sí espero que mis editores lo hagan”

P. ¿Y alguna vez ha pensado que iba demasiado lejos como para autocensurarse?

R. No me censuro nunca a mí mismo, pero sí espero que mis editores lo hagan. De hecho, cuando escribo ya sé qué elementos van a querer censurar para poder hacer un trueque entre aquellos elementos que considero fundamentales en la novela y que no voy a dejar quitar a cambio de otros que he escrito, sabiendo que los van a echar por tierra, para poder negociar con ellos.

P. Opina el crítico de El Cultural, José Antonio Gurpegui, que Inducción por shock es probablemente su libro más feroz y arriesgado. ¿Está de acuerdo con esta afirmación o piensa que hay otros libros suyos capaces de superarlo?

R. Realmente sí, es mi novela más feroz y más arriesgada en el sentido en que es la novela donde he sido por primera vez capaz de representar las emociones y la vulnerabilidad del ser humano probablemente mucho más que en cualquiera de mis otros libros. En Shock por inducción hay más emoción y más conexión con mis personajes que nunca antes. Y los personajes expresan mucho más. Creo que eso es algo que faltaba en el resto de mis obras.

P. Y en cuanto a la parte satírica, tal y como está el mundo, ¿no siente que a veces la realidad se lo pone demasiado fácil?

R. Como comentaba antes, no es un humor intencionado. No tomo situaciones de la realidad de manera intencionada para hacer bromas sobre ello. Se trata más bien de identificar momentos de terror compartido, un tipo de terror común -algo con lo que todo el mundo se identifica- y luego resolverlo rápidamente. Ahí es donde surge el humor. Es un tipo de humor muy distinto a contar un chiste o burlarse de alguien. No es un humor que busque ridiculizar. Es una observación ligera. Es un humor sobre la muerte. Y surge con mucha alegría.