El escritor Ted Chiang.

El escritor Ted Chiang. Veronica Cracker

Letras

Ted Chiang, astro de la ciencia ficción: "La IA se utiliza para reducir la autonomía de las personas"

Artífice del relato que inspiró 'La llegada' de Denis Villeneuve, es uno de los platos fuertes de la nueva edición del Festival Celsius 232 de Avilés.

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Como si se tomara el mismo tiempo para responder que para escribir, Ted Chiang (Nueva York, 1967) habla con pausas. "Ojalá escribiera más rápido", admite desde un rincón del maravilloso Palacio de Avilés. Se refiere, claro, a lo poco que ha publicado desde que empezó: apenas una veintena de relatos, recopilados todos en dos libros. "Durante muchísimos años, me cuestioné si realmente era un escritor, porque escribir me resulta difícil y porque soy muy lento. Con el tiempo llegué a aceptar que no hay una sola manera de dedicarse a esto y todas son válidas. Escribir no es una carrera, no es una de esas situaciones en las que el primero en terminar gana". Cuatro premios Nébula y cuatro Hugo le dan la razón.

Autor de prestigio de ciencia ficción —su nombre se popularizó en 2016 cuando Denis Villeneuve adaptó una de sus historias a La llegada—, Chiang es uno de los invitados estrella de la nueva edición del Festival Celsius 232, donde participará este viernes en un encuentro.

Su narrativa suele abordar temas como el libre albedrío, la realidad virtual, la Inteligencia Artificial o los viajes en el tiempo. "Cuando pienso en una historia, empiezo con una pregunta filosófica, pero siempre me interesa pensar en cómo lograr que esto le importe a alguien. ¿Qué tipo de personaje se involucraría emocionalmente en esto? ¿En qué situación tendría que encontrarse para que esto fuera de suma importancia?", se cuestiona.

Probablemente por eso se sienta tan cómodo en el género. "No sé si sería un buen filósofo, pero supongo que, en cierto modo, siento una fuerte afinidad por el poder que tiene la ciencia ficción para conectar con el público. Así se pueden humanizar los conceptos abstractos. Eso es lo que intento hacer".

Influenciado desde adolescente por escritores clásicos del género como Isaac Asimov o Arthur C. Clarke, cuenta que autores como Gene Wolfe o John Crowley le abrieron la mente durante la universidad con mundos improbables que imaginaron, antes de ser posibles, la existencia de robots, viajes espaciales o la propia IA. Sin embargo, señala, "el objetivo de la ciencia ficción no es predecir el futuro, aunque hay ejemplos de invenciones que aparecieron antes en la ciencia ficción que en la realidad. Lo que sí diría que hace es ayudarnos a pensar en la idea del futuro", afirma.

"Durante muchísimos años, me cuestioné si realmente era un escritor, porque escribir me resulta difícil y porque soy muy lento"

Y es que durante la mayor parte de la historia de la humanidad, se dio por sentado que el mundo en el que vivirían los nietos sería muy similar al de los abuelos. Explica: "Tras la Revolución Industrial, todo cambió. Ahora todos sabemos que no solo nuestros nietos, sino también nuestros hijos, vivirán en un mundo muy diferente al nuestro. Las cosas suceden muy, muy rápido. Por eso, la ciencia ficción es el género literario que aborda esa realidad. Reconoce que el futuro no se parecerá al pasado. No sabemos cómo será el futuro. Lo único que sabemos es que no se parecerá ni al presente ni al pasado".

Para Chiang, además, la ficción especulativa es interesante porque sirve para poner a prueba cualquier experimento mental. "Antes estos relatos solían ambientar estas investigaciones en el futuro, porque era un buen lugar para llevarlos a cabo. Pero ahora, se escriben muchas historias ambientadas en un pasado o un presente alternativo. En ese sentido, la ciencia ficción sigue siendo valiosa como forma de explorar posibles escenarios y para pensar qué pasaría si el mundo fuera diferente al que es ahora. Y eso siempre será valioso, porque constantemente nos dicen que el estado actual es la única posibilidad que tenemos".

Escritor y técnico de software, la suya es una de las voces que más críticas se han mostrado con la Inteligencia Artificial, sobre la que ha escrito, además, en dos ensayos, el último en junio de 2016.

"Existen muchas tecnologías específicas que se describen como IA. Pero lo que todas tienen en común, independientemente de sus fundamentos técnicos, es que se utilizan para reducir la autonomía de las personas. Esto se ve con mayor claridad en trabajos como los que desempeñan los conductores de Uber o los repartidores de los almacenes de Amazon. Ya no trabajan para personas, sino para un algoritmo, pero también lo vemos en productos comercializados para consumidores que, de nuevo, reducen la capacidad de decisión de las personas", reflexiona.

"El objetivo de la ciencia ficción no es predecir el futuro"

"Cuando la ciencia ficción imaginaba robots o IA en el pasado se involucraba, hasta cierto punto, en esta cuestión filosófica de si deberíamos dejar que las máquinas tomasen nuestras decisiones. Pero lo que la ciencia ficción no predijo, es que en realidad la pregunta es: ¿deberías dejar que Amazon tome tus decisiones por ti? Y no creo que esta sea una cuestión filosófica interesante, porque no creo que haya un buen argumento para dejar que Amazon tome tus decisiones por ti", reivindica.

Hijo de un profesor de ingeniería mecánica y de una bibliotecaria, Chiang ha defendido a menudo cómo el género de sus relatos le han ayudado a explicar cuestiones más científicas o tecnológicas. "Creo que, en general, los humanistas probablemente comprenden mejor la ciencia que la mayoría de los científicos las humanidades –comenta—. Ese es el gran problema al que nos enfrentamos ahora: la gente de Silicon Valley parece ignorar por completo las humanidades. Y a menudo da la impresión de que nunca han leído un libro que no trate sobre tecnología. Así que sí, creo que, en general, los humanistas entienden lo suficiente sobre tecnología como para poder opinar sobre ella".

No siempre, admite, fue así. "Hubo un tiempo, como desde los 90 hasta principios de los 2000, en el que cada año las cosas mejoraban. Parecía que todo era genial. Y había un modelo de capitalismo en funcionamiento que parecía que beneficiaba a los usuarios. Pero ahora Internet cada año es peor. Ha cambiado de rumbo. Y todo eso contribuye a mi visión cada vez más negativa de la tecnología".

En el rato que responde a las distintas preguntas pasan dos azafatas, un pequeño remolque de helados movido por una bicicleta, un tablón enorme, alguien de prensa organizando un evento, un hombre de mantenimiento con una escalera a cuestas, algunos huéspedes del hotel y el escritor de ciencia ficción Joe Abercrombie –un clásico del festival que repite incondicionalmente desde el año 2012—, pero nada parece perturbarle demasiado.

Este pesimismo no se refleja del todo en la personalidad afable y dispuesta que muestra Chiang durante la entrevista. Tampoco en algunos de los personajes que pueblan sus relatos. "Yo creo que hay cosas que nos deben preocupar porque podemos influir en el resultado. Podemos cambiar el rumbo de las cosas si nos esforzamos, pero tenemos que preocuparnos y pensar en los resultados negativos para tomar medidas. Nuestras acciones tienen el potencial de marcar la diferencia".

"Yo personalmente creo que soy susceptible a la depresión, pero trato de resistirme a eso y recordar que la vida merece la pena ser vivida. Hay cosas hermosas en estar vivos. La vida es así y también es difícil. Pero no creo que sea tan difícil como para que no valga la pena el esfuerzo. Y creo que es importante que todos intentemos resistir esas tendencias. Trabajar por los buenos momentos de la vida y los bellos momentos de la vida", se despide.