Pascal Brucknet. Foto: Grasset

Pascal Brucknet. Foto: Grasset

Letras

'Sufro, luego existo': Pascal Bruckner se enfrenta al victimismo de nuestra ensimismada sociedad

El pensador francés pergeña un ensayo vibrante, a veces brillantemente malicioso, contra una civilización que rinde culto al sufrimiento.

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Nuestras sociedades parecen definirse cada vez más, si no por una proliferación de malestares, por una inflación discursiva acerca de su supuesta omnipresencia, como si nuestro tiempo solo acertara ya a presentarse en los términos de un "no" parasitario, impotente y autorreferencial respecto a sus diferentes crisis (institucional, ecológica, sexual, política, cultural).

Cubierta del libro 'Sufro, luego existo'

Cubierta del libro 'Sufro, luego existo'

Sufro, luego existo

Pascal Bruckner

Traducción de María Belmonte
Siruela, 2026
272 páginas. 21,95 €

Nunca se ha hablado tanto de la legitimidad del dolor y el agravio como últimas palabras, pero tampoco, quizá, con menos lucidez y sentido crítico. Esta individualización de la experiencia no pocas veces va de la mano de dinámicas explicativas negacionistas o conspiranoicas y con dispositivos mediáticos interesados en avivar la llama de las "pasiones tristes".

Ahora bien, ¿este diagnóstico es fidedigno? ¿Podemos afirmar que las batallas de nuestro tiempo solo están entrampadas en este victimismo generalizado? ¿Hasta qué punto, en este mórbido umbral civilizatorio, la crítica del resentimiento de los otros no constituye una estratagema para expresar otro resentimiento nostálgico por viejos órdenes culturales privilegiados hoy perdidos?

Pascal Bruckner (París, 1948) acepta el desafío de clarificar el problema. Como heredero de la tradición del moralismo francés, acude a la cita con un panfleto inteligente, no pocas veces mordaz, que debe discutirse con sentido polémico, pero que también deja entrever las limitaciones de una posición que carece de una cartografía histórica más pertrechada de sentido sociológico y crítico.

Sufro, luego existo es un ensayo vibrante, en algunos pasajes brillantemente malicioso, contra una civilización que supuestamente ha elevado su propia desgracia no solo como moneda privilegiada de valor moral, sino como una suerte de sentido común totalitario.

Adoptando el gesto del ilustrado escéptico, pero provocador, Bruckner disecciona el nuevo culto al sufrimiento, que en las sociedades occidentales habría, según su lectura, pasado de ser un fenómeno marginal a convertirse en la gramática política dominante de nuestro presente.

Ciertamente, no se trata de un diagnóstico novedoso y toda la crítica conservadora de la modernidad desde Max Scheler a Ortega y Gasset ha extraído de ahí argumentos poderosos: ¿cómo dar sentido al dolor cuando este deja de ser ya necesario –un destino, un límite– y puede ser superado como contingencia en el futuro mediante las ideologías del progreso?

'Sufro, luego existo' es un panfleto inteligente, no pocas veces mordaz, que debe discutirse con sentido polémico

Conocedor de esta vieja historia, Bruckner prefiere proponer, desde su talante liberal, una respuesta basada en el heroísmo ético frente a una sociedad ensimismada en sus más mínimos sufrimientos y, por tanto, resistente a las obligaciones maduras de la libertad. Es aquí donde la confrontación con las políticas de la identidad abriría una interesante discusión, por ejemplo, con las posiciones feministas de Wendy Brown en Estados del agravio, donde el cuestionamiento de este victimismo se enriquece con otros argumentos.

Pero los dardos de Bruckner también apuntan a la "democracia terapéutica", ese discurso cercano a la autoayuda que trata cualquier resistencia del principio de realidad como una ofensa y convierte la frustración en un derecho.

Llegado al final, el lector se puede preguntar si el enfoque de Bruckner no termina exagerando el papel omnipresente de la víctima para no poner el foco en el polemista que realiza el diagnóstico bajo ciertos prejuicios y privilegios. Pero, bajo este primer plano, el ensayo también despliega una reflexión filosófica que hoy resulta urgente más allá de los posicionamientos de derecha e izquierda: ¿qué significa hacer del sufrimiento la base del yo?

¿No es el dolor parte de toda existencia, una experiencia que hay que afrontar más que gestionar de forma oportunista? "Hacer algo con lo que los otros han hecho de nosotros". Esta famosa frase de Sartre, recuperada por Bruckner, no sería un mal principio.