Benjamín Prado. Foto: Juan Pelegrín

Benjamín Prado. Foto: Juan Pelegrín

Letras

Benjamín Prado: "Ojalá me hubieran tratado mis parejas como me han tratado mis amigos"

El escritor publica sus memorias, 'Qué estoy haciendo aquí', un libro lleno de vida con aroma a homenaje en el que se muestra agradecido con sus maestros.

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A sus 64 años, Benjamín Prado (Madrid, 1961) no había pensado aún en escribir sus memorias. Sin embargo, un diagnóstico médico inesperado precipitó la escritura de Qué estoy haciendo aquí (Alfaguara), su último libro, en el que reconoce que en su vida "todo ha ocurrido, al menos en gran parte, por casualidad". Conocer, por ejemplo, a tres de las personas más importantes de su vida en los bares: Rafael Alberti, Joaquín Sabina y Luis García Montero.

Desde entonces, se desempeña como escritor –poeta, novelista y ensayista–, pero también se inmiscuye con sumo respeto –y no poca destreza– en el oficio del letrista de canciones, del columnista, del tertuliano político... Incluso debutó recientemente como actor, con sorprendente solvencia, en la serie Los años nuevos (2024) de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña.

Para terminar de componer esa figura ecléctica que lo distingue entre sus contemporáneos, fue determinante, según el autor de Mala gente que camina, "cierta capacidad de arrojo para sacar los pies del tiesto, cruzar líneas que en teoría no estaban ahí para uno, meterme en habitaciones donde no me habían invitado a entrar y probarme camisas de once varas para ver qué pasaría".

Cuajado de jugosísimas anécdotas, reflexiones sobre la vida y el oficio del creador, personajes fascinantes y algún que otro dardo más alejado del ajuste de cuentas que de la justicia poética, Qué estoy haciendo aquí es, antes que nada, un homenaje a sus maestros y un hermoso reconocimiento a sus amigos.

Pregunta. Poeta, novelista, periodista, letrista y hasta actor, pero ¿qué une a aquel joven que empezó recitando poemas en el Rincón del Arte Nuevo con el hombre que hoy escribe sus memorias?

Respuesta. Creo que me mantiene la curiosidad: el preguntarme siempre qué pasaría si lo hiciera. Siempre he tenido la teoría de que uno no escribe para decir lo que piensa, sino para saber lo que piensa. Uno se mete a hacer una serie, letras de rock o una tertulia política para ver qué pasaría y cómo es ese mundo por dentro. Porque desde entonces lo ves de otra manera: tú haces una serie y el resto de las series las ves de otro modo. Es el sentido de la curiosidad...

P. A los jóvenes que tratan de abrirse hueco en el mundo de la literatura y el periodismo podría parecerles, después de leer estas memorias, que esto es coser y cantar. Pero más allá de la fortuna que siempre lo ha acompañado, hay algo más.

R. Mira, ser yo ahora mismo es imposible porque nací cuando aún estaba viva la generación del 27, la del 36 y la del 50; era el momento de la eclosión del boom latinoamericano... Si metías un poco la cuchara en esos platos, podías acabar siendo amigo de Alberti, ir un día a casa de Gerardo Diego o a la biblioteca de Dámaso Alonso, otro día a cenar con García Márquez y otro con Cortázar. Eso ahora es imposible. Siempre digo que en aquellos años el trabajo más fácil del mundo era ser jurado del Premio Cervantes, porque la duda era si dárselo a Onetti o a Vargas Llosa; a Alberti o a Borges… Esos escritores mitológicos ya no existen.

»Luego, en lo personal, he tenido una suerte casi inverosímil: si no fuera porque es verdad, sería increíble. Que tu profesor te mande leer a Alberti un viernes y el sábado te lo encuentres en el bar de la esquina… Además, tienen que pasar dos cosas: encontrarte con Alberti y que, por alguna razón misteriosa, le caigas bien. No tengo ni la más remota idea de qué vería él en mí, pero sí sé que hay que tener mucha suerte para ser yo.

P. Dice que siempre ha estado ahí el miedo a fracasar, a que lo acusen de impostor. ¿Crees que su eclecticismo ha podido pasar factura a la notoriedad de su obra literaria, que le haya restado la dimensión que merece?

R. No sabría decirte. Como escritor me va muy bien en cuanto a lectores y ediciones. Posiblemente me podría haber ido mejor desde un punto de vista más académico, pero soy muy poco competitivo; me gusta compartir y muy poco competir. Me alegro mucho de los éxitos ajenos y lo que tengo me hace feliz. He conseguido los dos objetivos principales de mi vida: que me pagasen por leer y no tener un trabajo fijo. Vivo de la literatura, así que no tengo cuentas pendientes con nadie.

"Como escritor, me podría haber ido mejor desde un punto de vista más académico, pero soy muy poco competitivo"

»Es verdad que siempre hay gente que piensa que es raro que uno haga tantas cosas, pero yo prefiero probar varias cosas que caer en la rutina con una sola; la "comida recalentada" en la literatura es algo terrible. La mejor manera de hacer algo nuevo es irte a buscarlo a otra parte. Además, todas las experiencias añaden algo a lo que uno escribe.

P. En las primeras páginas de estas memorias, cuenta que su padre formó parte de la escolta motorizada de Franco. ¿Ha pensado en si esto tuvo algo que ver con que se haya volcado tanto en la memoria histórica y en denunciar las sombras de la dictadura?

R. Creo que sí. Uno actúa por reacción. Oír lo que decía mi padre, a quien quería muchísimo y con quien me llevaba de maravilla, seguramente me dio ganas de responder y decirle: "Me parece que lo que estás diciendo es un disparate". Por cierto, es curioso que el padre de Joaquín Sabina era policía y el de Luis García Montero, general de brigada; se ve que las fuerzas del orden han reunido a una generación de colegas [risas].

P. ¿Y cómo logra mantener esa consigna de Alberti de "no ser nunca sectario" en un mundo tan polarizado?

R. Precisamente para contrarrestar este ambiente tan polarizado. Es una frase que me llevo a todas las tertulias políticas: tienes que escuchar porque a veces aprendes mucho de personas con las que no estás de acuerdo. Yo me he llevado muy bien con gente que, ideológicamente, no tenía nada que ver conmigo.

»Por ejemplo, con Mario Vargas Llosa, por su manera de argumentar sin avasallar. Además, era siempre amable. A mis amigos no les pido que estén de acuerdo conmigo, les pido que me quieran y se dejen querer. Uno es intransigente por falta de argumentos.

"La renuncia a la socialdemocracia ha hundido a la izquierda en Occidente"

P. A propósito, ¿cómo vive una persona de izquierdas estos momentos tan críticos para la socialdemocracia en nuestro país?

R. La socialdemocracia es una cosa que había entonces, ¿no? Creo que la renuncia a la socialdemocracia ha hundido a la izquierda en Occidente. Han renunciado a aquello que era más noble. Para los que somos más bien moderados, era algo que nos parecía muy bien, porque consistía en no dejar a nadie atrás.

»Yo no tengo ideología, lo que tengo son ideas muy básicas; no tengo carné ni llevo una camiseta de nadie porque no me fío de ningún equipo. Intento ser coherente: lo que digo de la "Kitchen" del PP lo diré de los casos de corrupción del PSOE, si se confirman las cosas. En fin, ya veremos dónde termina todo.

P. Pero no tiene buena pinta…

R. Claro que no.

P. La perspectiva de que irrumpa la ultraderecha asusta.

R. Lo de la ultraderecha es un drama en España y en el mundo, básicamente porque son una panda de idiotas, empezando por Trump; si vivimos gobernados por idiotas, pasarán cosas terribles.

P. Sus dos últimos libros –La edad de los fantasmas y estas memorias– son muy crepusculares, y tienen un aire como de homenaje. No es tan fácil encontrar a un autor que defienda como usted a sus amigos y a sus maestros.

R. Es que les estoy muy agradecido porque me han tratado muy bien y he aprendido muchísimo de ellos. No son gente con la que haya pasado un minuto que no mereciera la pena pasar. Esa familia nombrada a dedo que son los amigos han sido mi consuelo en todas las situaciones de la vida. Ojalá me hubieran tratado mis parejas como me han tratado mis amigos. Tengo que ir besando el suelo por donde pisan.

"Los de la ultraderecha son una panda de idiotas, empezando por Trump. Si vivimos gobernados por idiotas, pasarán cosas terribles"

P. Habrá puesto también de su parte.

R. Claro, yo les quiero lo mismo que ellos a mí, pero es verdad que he tenido la suerte de estar con gente que, además de lo que se conoce públicamente, de puertas para adentro son extraordinarios. Si me dejo caer hacia atrás, habrá pelea por cogerme; no llegaré al suelo nunca.

P. Sin embargo, también hay algún aguijonazo en sus memorias. Algunas son viejas rencillas que casi todos conocíamos, como las que atañen a Antonio Gamoneda o a las viudas de Alberti y Ángel González, pero también desliza consideraciones poco cariñosas hacia figuras como Víctor Erice. Sospecho, en todo caso, que tampoco se tomó la escritura de estas memorias como un ajuste de cuentas.

R. No, son cuatro detallitos [risas]. Escribí casi en paralelo La edad de los fantasmas y estas memorias: sin haberlo tramado, todo lo melancólico fue a los poemas y lo divertido y gamberro fue a las memorias. Claro, en trescientas y pico páginas algo tiene que comentarse sobre gente que yo creo que se portó rematadamente mal.

»Por ejemplo, Gamoneda es un poeta al que estimo, sobre todo en sus primeros libros, pero creo que fue muy miserable cuando, después de hacer la pelota a Ángel González hasta la extenuación, publicó un artículo machacándolo cuando murió. Esas cosas también hay que decirlas.

P. Lo que apenas encontramos es información relativa a sus relaciones domésticas. En unas memorias, resulta curioso. ¿Cuál es el motivo?

R. A lo mejor es que no tengo buenos recuerdos de esas relaciones y prefiero pasar de largo. Yo reconozco que tengo un punto de frialdad en mi carácter, pero, como dice Calamaro en aquella canción, "todo lo que termina, termina mal". También soy consciente de que parte de mi éxito profesional se debe a mi fracaso personal: he dedicado demasiado tiempo a la obra y demasiado poco a las personas de mi alrededor.

"Parte de mi éxito profesional se debe a mi fracaso personal: he dedicado demasiado tiempo a la obra y muy poco a las personas de mi alrededor"

»Sinceramente, no me ha salido escribir sobre eso. No es que lo tuviera y luego lo haya quitado; simplemente, hablar de los fracasos no ha surgido de manera natural a la hora de contar mi vida. De mi familia real —padre, madre, hijos…– sí hablo bastante, pero de las parejas... se las llevó el viento.

P. En este libro revela una noticia inquietante que le da el médico. ¿Desde cuándo conoce el diagnóstico y cómo ha avanzado?

R. Me enteré en la Feria del Libro de hace dos años. Empecé a notar que me costaba firmar libros, abrocharme un botón o lavarme los dientes con la mano derecha. De momento va lento. El párkinson es una enfermedad que se mide por los síntomas; no hay una máquina que te diga que tienes grado 2, 3 o 4. Los síntomas que tengo hasta ahora son bastante pequeños, pero es una enfermedad degenerativa e incurable, lo que no se sabe es a qué velocidad irá. Pero bueno, a ver si vuelvo a tener suerte una vez más en la vida y estoy otros veinte años como una moto.

P. ¿De qué modo le ha condicionado la enfermedad en su trabajo creativo? Por ejemplo, ya no será tan autoexigente con la idea de terminar la serie de Juan Urbano, para la que se propuso publicar diez novelas y hasta el momento lleva siete.

R. Para mí sí es imprescindible, uno tiene que estar a la altura de sus fanfarronadas [risas]. Me ha condicionado para escribir estas memorias porque no estaba previsto. Pero empezaba a tener algunos olvidos y pensé que merecía la pena contar todo esto antes de que se empezara a borrar la pizarra. El "señor Párkinson" se ha portado bien conmigo de momento y me ha hecho escribir un libro más.

P. Para terminar: después del último concierto de Sabina dejó caer que podríamos volver a verlo actuar en espacios pequeños. ¿Hay realmente posibilidades de que vuelva a los escenarios?

R. Yo dije lo que está escrito en el comunicado: que deja las grandes giras. No dice que no vaya a subirse más a un escenario. Si hace un disco y le apetece tocarlo en directo, lo puede hacer... O no. Joaquín ha trabajado muchísimo y se puede permitir descansar un poco. A pesar de lo que la gente conoce del Sabina calavera y demás… Si no trabajas mucho, no eres Sabina.

P. ¿Y Benjamín Prado tiene algún proyecto nuevo en mente?

R. Volveré a la octava novela de Juan Urbano. Además, he entrado en una buena racha de escribir poemas. Alberti me decía que la poesía es una cuestión de filones: "Cuando agarres uno, sigue y no te pares". He encontrado una cosilla que me gusta y que quizá empiece donde acaban las memorias.