Eduardo Mendoza firmando libros en Barcelona por el día de Sant Jordi. Foto: Lorena Sopêna / Europa Press

Eduardo Mendoza firmando libros en Barcelona por el día de Sant Jordi. Foto: Lorena Sopêna / Europa Press

Letras

Eduardo Mendoza arrasa en el Día del Libro en Barcelona pese a sus declaraciones polémicas sobre Sant Jordi

Las declaraciones del escritor a propósito del 23 de abril durante la presentación de su última novela provocaron el rechazo de algunos sectores del separatismo catalán, que llegaron a animar a la quema de sus libros.

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Eduardo Mendoza ha acallado la polémica de los días previos con hechos: largas colas de lectores esperando su firma y una presencia destacada que lo ha situado como uno de los grandes protagonistas de este Sant Jordi en Barcelona.

El escritor barcelonés ha congregado a numerosos lectores desde primera hora, muchos de ellos decididos a relativizar la controversia reciente y centrarse en el encuentro con su obra. "Tampoco hay que exagerar las cosas", apuntaba una de las primeras asistentes, en una jornada donde la respuesta del público ha terminado por imponerse al ruido previo. "Hay que respetar un poco las opiniones y se acabó".

El origen del revuelo estuvo en unas declaraciones hechas días antes, durante la presentación en Barcelona de su nueva novela La intriga del funeral inconveniente, en las que defendió que el 23 de abril debería llamarse "Día del Libro" y no "Sant Jordi", al considerar que el santo "no tiene nada que ver con los libros ni con los escritores". Mendoza fue más lejos al afirmar que "Sant Jordi no pinta nada", que era "un maltratador de animales" y que probablemente "no sabía leer".

Unas palabras que, aunque se intuía que se habían dicho en el tono humorístico habitual de Mendoza, encendieron el debate político y cultural en Cataluña. Entre otras cosas, desde la Joventut Nacionalista de Catalunya, la rama juvenil de Junts, pedían que se retirara la Creu de Sant Jordi otorgada al autor en 1995. Otros, incluso, fueron más lejos, animando en las redes sociales a la quema de sus libros en San Juan.

A juzgar por la normalidad que se vivió durante el tiempo que el autor estuvo firmando y la alta concurrencia que se ha podido ver de admiradores, nada de esto ha pasado a mayores. Tal escena ha servido para rebajar el tono del debate: más allá de las interpretaciones sobre sus palabras, el escritor ha terminado por convertirse en una de las figuras más reclamadas de la Diada. La calidad literaria se ha sobrepuesto, finalmente, a la trifulca.

Por lo demás, Barcelona ha vuelto a vivir un Sant Jordi en el que lo importante han sido los libros y las rosas, con colas también ante otros muchos autores de gran calado que no se han querido perder la cita. La afluencia ha ido creciendo a lo largo del día, en una jornada marcada por las esperas habituales para conseguir una foto o unas palabras de los escritores más buscados.

Entre los autores internacionales, la Premio Nobel Han Kang ha firmado para un centenar de lectores en una única parada. Su presencia ha reforzado el carácter internacional de una celebración que, año tras año, atrae a figuras de fuera de Catalunya y de España.

Ali Smith ha hablado de la jornada con entusiasmo, subrayando el impacto que produce ver la ciudad volcada con libros y flores. La autora escocesa ha destacado la mezcla de gente, el movimiento constante y la sensación de que Sant Jordi tiene algo especial que no se repite en otras ciudades. En la misma línea, Amélie Nothomb ha reivindicado exportar Sant Jordi al mundo, mientras que Joël Dicker ha pedido más celebraciones similares dedicadas a los libros y al encuentro entre lectores y escritores.

La islandesa Audur Ava Ólafsdóttir ha destacado la conexión cultural con Catalunya y ha comparado el humor catalán con el de su país, mientras que J.D. Barker se ha mostrado sorprendido por la magnitud del evento en su primera Diada en Barcelona. Para él, ha resultado llamativo ver a tantos lectores reunidos en un mismo espacio para celebrar la literatura. Javier Cercas, por su parte, ha resumido la jornada como "un pequeño milagro", insistiendo en que no existe nada exactamente igual en otros lugares.

Regina Rodríguez Sirvent ha vuelto a figurar entre los nombres más seguidos. La autora ha restado importancia a los rankings y a las listas de ventas para centrarse en lo que considera esencial en Sant Jordi: el contacto con los lectores y la posibilidad de compartir una historia con quienes la han leído. Para ella, ese intercambio es el verdadero regalo de la jornada.

Sonsoles Ónega también ha vivido con emoción su firma de libros en Barcelona. La periodista y escritora ha subrayado que la reacción del público ante los libros sigue teniendo algo muy especial, y ha hablado de la emoción como un elemento central de la Diada. Pol Guasch, por su parte, ha reconocido que llevaba días pendiente del tiempo y ha celebrado haber podido disfrutar de una jornada sin lluvia.

En el ámbito cinematográfico, Pedro Almodóvar ha vuelto a mostrar su entusiasmo por una ciudad volcada con las rosas y los libros, y ha destacado la energía con la que Barcelona vive esta fiesta. J. A. Bayona ha presentado su biografía con la idea de que sea un libro capaz de inspirar a los más jóvenes, especialmente a quienes buscan referencias cercanas para imaginar otros caminos.

Debuts y primeras firmas

Entre los escritores que debutan este año en Sant Jordi, Eider Rodríguez ha defendido que una celebración en torno al libro siempre es motivo de esperanza, especialmente en un momento en el que el contexto general puede resultar incierto. Lana Corujo ha coincidido en que la ciudad ofrece una imagen muy especial durante esta jornada y ha descrito su experiencia como un regalo.

Gil Pratsobrerroca, que pasa este año de lector a autor en Sant Jordi, ha reconocido la intensidad de estar al otro lado de la mesa. Su caso resume bien la experiencia de muchos debutantes, que han pasado de recorrer puestos y librerías como visitantes a firmar ejemplares y atender a los lectores desde una nueva posición. Aida Sunyol ha afirmado que formar parte de la festividad como autora le resulta muy emocionante, tanto por el encuentro con otros compañeros como por la posibilidad de conocer a nuevos lectores.

Lucía Solla Sobral ha celebrado su primer Sant Jordi en Barcelona no solo como escritora, sino también como lectora, y ha explicado que se ha encontrado sobre todo con mujeres que se sienten muy identificadas con su novela. Albert Sánchez Piñol, menos presente en esta cita en otros años, ha roto su habitual distancia con la fecha y ha dejado una frase que resume su postura: "Las tradiciones son para romperlas".