Natalia Moreno. Foto: Xavi Miralles

Natalia Moreno. Foto: Xavi Miralles

Letras

'Madonna no nació en Wisconsin': una historia de mujeres fuertes hecha de memoria, infancia y heridas

Cuatro generaciones de mujeres de una misma familia confluyen en la primera novela de Natalia Moreno, donde la ironía y el humor incisivo mantiene a raya la importante carga emocional que alberga.

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Podría parecer que un título como este, Madonna no nació en Wisconsin, persigue invitarnos a entrar en una comedia estrafalaria o en un melodrama extravagante, cuando en realidad es bien distinto lo que contiene. Aquí hay un relato sobre cuatro generaciones de mujeres de una misma familia en un paisaje de infancia.

Madonna no nació en Wisconsin

Natalia Moreno

Galaxia Gutenberg, 2026
224 páginas. 18,90 €

Hay un pueblo aragonés lejos de todo, encallado en rituales y tradiciones, donde las anécdotas sobre el pasado, los espacios y los objetos que perduran (la bicicleta del abuelo, el bocadillo de sardinas, el cine de verano y un cuarto lleno de libros donde una de las mujeres encontró la única forma de seguir viva) son los soportes de una memoria familiar anclada en "tierras muertas y antepasados fuertes".

Allí, cuando solo había ruinas, construyeron su vida y levantaron una "fonda" la bisabuela Miguela y el extranjero al que amó sin pedir permiso, sin miedo y sin medida. Allí tuvieron 16 hijos y en los años de la guerra escondieron a familias enteras. Allí, a principios de los 90, pasa un verano crucial la niña de esta historia, con un secreto que tardará en revelarle su "agüela", con "Lapili" (la "perra prima" de doce años) y "la tía Pilarito" (una historia de abandono y maltrato nunca dicha).

Ahí la deja su madre, sin mediar explicación, sin voz en medio del duelo de abandono que fabrica su cabeza. Ahí va despertando al mundo y a la verdad de estas tres mujeres. También hay ironía y un humor incisivo impregnándolo todo como estrategia para mantener a raya la importante carga emocional de muchas situaciones.

Es el momento de presentar a su autora, Natalia Moreno (Zaragoza, 1979), debutante en el escenario de la novela, aunque curtida y reconocida en el teatro, detrás de guiones y de la dirección cinematográfica. Bebe de ambos en este debut narrativo.

La poética del lenguaje visual es su fuerte; también el manejo del relato, el ritmo, la expresividad y los artificios necesarios para que un peculiar sentido del humor no reste hondura pero sí desdramatice la intensidad del relato. Los aragoneses llaman somarda a esta forma de proyectar la ironía, socarrona y con retranca, a disfrazar de actitud disimulada una intención que suele ser certera e inteligente.

Aquí hasta la rabia se hace teatro y adquiere forma y voz, como la ira, la tristeza o el miedo. Aquí hay una historia hecha de memoria, infancia y heridas. La cuentan dos voces: la de una mujer de 46 años que escribe, buscando salir de una crisis profunda, y la de la niña que aún le duele. Son la misma mujer pero su cometido es distinto en esta historia.

La poética del lenguaje visual es el fuerte de Moreno; también el manejo del relato, el ritmo, la expresividad

Permiten dos líneas narrativas trazadas en el ir y venir de dos perspectivas temporales, dos planos trenzados de los que resulta una novela realista que celebra los recuerdos liberadores y la oportunidad de reconciliarse con los fantasmas del pasado. Su crisis tiene que ver con su generación de mujeres nacidas en los 80, herederas de la gramática sentimental y emocional de sus mayores: miedo, obediencia y silencio; apretar los dientes, "meter los sentimientos en el estómago"; silenciar "adicciones" que hundían familias y manejar "hogares a la deriva".

La mujer fue niña en un pueblo "marchito que aspiraba a ser ciudad". Allí renegó de su nombre y se autoimpuso Madonna (era la época) por darse algo de cancha y glamur, como una fantasía que la alejara de ese lugar al que quiso llamar Wisconsin.

Su voz defiende el valor de la escritura "para ablandar la garganta" hasta lograr componer el relato de lo guardado durante tantos años. Así que la extravagancia sugerida funciona como golpe de efecto y de llamada para asomarse a donde reside el peso y la hondura de lo contado: la historia de estas mujeres en aquel paisaje de infancia.