Plaza frente a la catedral de Königsberg en el siglo XIX. Foto: Wikimedia Commons.

Plaza frente a la catedral de Königsberg en el siglo XIX. Foto: Wikimedia Commons.

Letras

'Fake news' en la ciudad kantiana: el escándalo religioso que incendió la Prusia del XIX

Christopher Clark analiza en un ensayo cómo el caso de unos pastores luteranos, acusados de depravación sexual, anticipó las dinámicas modernas de noticias falsas.

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Esta es la historia de dos predicadores luteranos en la Prusia Oriental de la primera mitad del siglo XIX cuya carrera y reputación quedó arruinada por un desquiciado proceso judicial y una feroz campaña de amarillismo periodístico. Destituidos de su empleo y encarcelados, aunque la revisión del veredicto contradijo la primera instancia, el daño sobre su fama nunca se restañó.

Un escándalo en Königsberg. Noticias falsas en el siglo XIX.

Christopher Clark

Traducción de Alejandro Pradera. Galaxia Gutenberg, 2026. 194 páginas. 22 €

Christopher Clark (Sidney, 1960), profesor de Cambridge, encontró esta documentación y la ha analizado para este interesante libro que recoge la campaña de denuncias que tumbaron las trayectorias de los pastores Ebel y Diestel y conmovieron la vida religiosa, social y política de Königsberg, ciudad hasta entonces solo conocida por asociación con Kant.

Königsberg era la capital de la Prusia Oriental, una urbe gris que languidecía tras la muerte de Kant. En los años treinta del XIX, cuando sucedió el escándalo, aún sufría las consecuencias del paso de los franceses camino de Rusia. Había decaído la vida universitaria de antaño, sustituida por una sociedad burguesa de funcionarios y comerciantes que se esforzaban por sacar beneficio al río Pregel.

En este ambiente urbano llegó a manos del gobernador un informe que denunciaba la existencia de una secta mística liderada por el joven predicador Ebel, quien habría inducido a sus seguidores a incurrir en faltas de decoro sexual y les habría seducido con extrañas teorías teosóficas. El informe insistía en los excesos sexuales porque señalaba que la mayoría de fieles eran mujeres jóvenes de la aristocracia y denunciaba que algunas de ellas habían quedado embarazadas fuera del matrimonio o solteras. El autor del expediente era Schön, presidente de la provincia.

Clark recoge en este interesante libro la campaña de denuncias que conmovieron la vida religiosa, social y política de Königsberg

El caso hacía tambalearse dos pilares de la pacata vida prusiana: el decoro íntimo y la confesión evangélica. El informe produjo una desagradabilísima incomodidad en las autoridades religiosas y políticas del reino. Lo cierto es que por entonces habían surgido en toda la Alemania luterana grupos religiosos que recordaban el pietismo barroco, y que, en algunos casos, socapa de la piedad, facilitaban conductas pecaminosas y las mezclaban con liturgias de una emotividad rayana en la histeria colectiva. Solían estar dirigidos por jóvenes predicadores, en ocasiones de escasa y mala formación teológica, y estaban formados mayoritariamente por mujeres también jóvenes.

La aparición del expediente de Königsberg en 1835 llevó la inestabilidad de la vida espiritual local a su punto crítico. Las acusaciones, sobre todo las sexuales, avivaron el escándalo y dividieron las opiniones sobre Ebel y otro predicador amigo suyo, Diestel. También existía el temor de que los extremismos espirituales pudiesen poner en peligro el programa estatal de unificación de luteranos y calvinistas, impulsado por la corona, que estaba sufriendo muchas resistencias en Prusia. El único cargo contra Ebel y Diestel adolecía de falta de detalle y los interrogatorios se hicieron descuidadamente porque la sentencia estaba ya prevista.

Clark advierte de la debilidad de los testimonios presentados por la fiscalía, pero nada evitó las sentencias condenatorias, la inhabilitación para predicar y la cárcel. Empero, quedaron libres de la acusación de depravación sexual, por inconsistencia de las pruebas. Ambos apelaron, lograron la excarcelación y una sentencia más suave. Sin embargo, no volvieron a predicar y sus vidas derivaron a otros menesteres, fuera del ojo público.