Autorretrato de Rosario Weiss con el título 'La atención' (1841). Foto: Museo del Prado

Autorretrato de Rosario Weiss con el título 'La atención' (1841). Foto: Museo del Prado

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¿Hija o simple pupila?: El debate sobre la misteriosa relación entre Rosario Weiss y Goya conquista la ficción

Coincide la publicación de 'La hija' de Sergio del Molino y 'La hija de Goya' de Amelia Noguera, dos novelas que recuperan la figura de la discípula del gran genio español. Hablamos con ambos autores.

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En su nueva novela, La hija (Alfaguara, 2026), Sergio del Molino hace una apuesta valiente ya desde el título. Y es que con él hace alusión a Rosario Weiss, la pintora reivindicada y redescubierta estos últimos años a raíz de la recuperación y la atribución autorial de varias de sus obras, entre ellas La atención, el autorretrato que encabeza este artículo y que se puede encontrar en el Museo del Prado justo encima del retrato de su maestro, Francisco de Goya.

Una alumna a la que el maestro se refería así en su correspondencia: "Esta célebre criatura quiere aprender a pintar de miniatura, y yo también quiero, por ser el fenómeno tal vez mayor que habrá en el mundo de su edad hacer lo que hace; la acompañan cualidades muy apreciables como usted verá si me favorece en contribuir a ello; quisiera yo enviarla a París por algún tiempo, pero quisiera que usted la tuviera como si fuera hija mía ofreciéndole a usted la recompensa ya con mis obras o con mis haberes; le envío a Usted una pequeña señal de las cosas que hace...".

Y es audaz este sustantivo con el que Del Molino se refiere a la artista porque de esa forma da por cierto lo que hasta ahora se había mantenido en simple rumor poco o nada fundamentado, a saber: que la joven, fallecida en 1843 a los 29 años, era más que el ojito derecho del autor de Los fusilamientos del 3 de mayo. Que eran, de hecho, padre e hija.

Ello pese a que es imposible hacer análisis genéticos de ningún tipo (ni Rosario ni Mariano de Goya, nieto del pintor, tuvieron descendencia) y Francisco de Goya nunca reconoció ni oficial ni extraoficialmente el parentesco. "Independientemente de que fuera la hija natural o no, Goya se comporta como un padre. Goya, Leocadia y Rosario forman una unidad familiar canónica. Y Rosario no conoce otro padre que no sea Goya. Ejerce de padre en todos los sentidos, no solo educador. Siempre están juntos y hay testimonios de amigos en los que se les trata con esa naturalidad que sugiere una unidad familiar", cuenta Del Molino a El Cultural.

Weiss y Goya compartieron hogar a partir de 1820, cuando Leocadia, madre de la primera, se divorcia de su anterior marido y se lleva a Rosario y a su hermano Guillermo a la Quinta del Sordo. Antes ya se rumoreaba de una posible relación extramarital entre el pintor y la mujer, de la que habría nacido la niña en 1814. A partir de entonces y hasta la muerte del artista en 1828, no se separan excepto durante un breve periodo en el que él se exilia en Burdeos tras la vuelta al poder de Fernando VII, adonde más tarde le seguirán madre e hijos.

Nos devuelve el escritor una imagen de Goya muy adelantada a su tiempo ("como siempre pasa con Goya", nos apostilla el escritor). En La hija, el maestro zaragozano es ese padre que ejerce como tal sin importar la consanguinidad, algo que, según el autor de Los alemanes (Alfaguara, 2024), no puede estar más a la orden del día: "Es ese hombre que cuando es padre primerizo es un auténtico desastre en la educación de su hijo y que ve una segunda oportunidad cuando ya es más viejo y 'apadrina' al hijo de su nueva pareja, con el que intenta purgar sus culpas".

Con esa primera intentona fracasada como progenitor se refiere Del Molino a Javier, el hijo legítimo de Goya en su matrimonio con Josefa Bayeu, heredero de todo el patrimonio del artista y responsable de dejar abandonadas a Rosario y su familia una vez muere el patriarca. "Javier fue una decepción, una decepción que no supo o no quiso dejar de manifestar. Se sabía despreciado. Buena parte de lo que le sucede posteriormente a Rosario tiene que ver con el rencor de Javier por el ninguneo que ha sufrido toda su vida".

Madre e hija vuelven a España cinco años después de que fallezca su protector, en 1833. Sucede entonces una amnistía por parte de la corona hacia todos los exiliados liberales, a los que durante una década Fernando VII ha perseguido con mano de hierro desde que los 100.000 hijos de San Luis lo volvieran a sentar en el trono. Vienen vientos de cambio: el Felón, sin ningún hijo varón, ha derogado la Ley Sálica con la promulgación de la Pragmática Sanción. Con ello se gana la enemistad de los sectores conservadores, que se alinean en favor del hermano del rey, Carlos María Isidro de Borbón. Ante tal ecosistema, el gobierno de Cea Bermúdez ve necesario reunir apoyos entre los sectores progresistas desterrados en su mayoría en Francia.

Uno de los mayores logros de Del Molino es convertir la vida de Rosario Weiss en la espina dorsal que vertebra una formidable novela histórica sobre unos años que acostumbran a estar olvidados en la literatura contemporánea. "El siglo XIX es algo que me fascina y que está muy poco explorado en la novela actual. Quizás porque existe la percepción de que los grandes libros que retratan esta época ya están escritos: los Episodios nacionales y el resto de obra realista de Galdós, Pardo Bazán, Pío Baroja... Parece que está el canon ahí y no podemos volver a él. Pero yo creo que sí que se puede porque es una historia muy viva, muy joven en la que nos podemos ver reflejados. Creo que nuestra historia política empieza y termina en 1820. Desde entonces, desde hace 200 años, no hemos cambiado gran cosa de nuestra forma de ser sociedad. Si queremos entendernos a nosotros mismos como españoles, hay que volver al origen, y el origen está ahí".

Sea como fuere, y volviendo a Weiss, la prometedora carrera de la discípula de Goya, que se había estado ganando la vida como copista en la Villa y corte, se truncó "cuando estaba a punto de despegar". En 1842 empezó a trabajar como maestra de dibujo de la reina Isabel II y de su hermana, la infanta Luisa Fernanda, durante la regencia liberal de Espartero y gracias a los contactos en el ala progresista de su hermano Guillermo. Época en la que, además, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando la nombró académica de mérito.

¿Se perdió España, entonces, a una gran artista? "Es muy difícil saberlo —arguye Del Molino—. Rosario muere justo durante la asonada que daría paso al decenio moderado, que es algo que suena muy suave pero que consistió en una represión brutal para el ala liberal que hubiera condicionado muchísimo el arte de Rosario, que era una mujer muy política. No sabemos ni siquiera si habría podido seguir creando, ya sufrió mucho ninguneo por las curias culturales del Madrid de entonces, en el que tenía mucha influencia Javier de Goya. Lo que sí es seguro es que tenemos unos cuadros que indican que se trataba de una artistaza. Lo que nunca sabremos es cómo hubiera afectado una época tan oscura como el decenio a su obra posterior".

De padres e hijas

Rosario Weiss va a tener este mes no una, sino dos novelas que la toman como protagonista. Además de la de Sergio del Molino, nos encontramos también con La hija de Goya (Funambulista, 2026) de Amelia Noguera, en la que se defiende asimismo la tesis de la relación paternofilial entre maestro y discípula.

Una confluencia temática que, nos cuenta Noguera, se debe al hecho de que el nombre de Rosario se popularizó hace pocos años, lo que ha llevado a varios escritores a interesarse por su figura. Según la escritora, la existencia de Weiss "redefine lo que hasta ahora sabíamos de Goya. No se puede entender a Rosario sin Goya, pero es que lo que sabíamos de Goya tampoco parece ser cierto atendiendo a lo que se descubre por su hija".

Se centra La hija de Goya en la relación que mantuvieron ambos artistas. "Él es quien cree en ella. Se enfrenta a la sociedad por ella. No le importa que sea mujer, le apoya por encima de todo y la atiende durante un período muy largo. Su relación me pareció algo fuera de lugar. No se podía entender si no eran parientes".

Weiss es un personaje que ha atrapado a esta escritora, hasta el punto de que ya tiene planeada una segunda parte para La hija de Goya. "En esta ocasión me quería centrar en la relación entre padre e hija. El siguiente narrará su vida en Madrid. Queda mucho que contar de Rosario".

Goya inacabable

A dos años de la celebración del bicentenario del fallecimiento del gran icono de la pintura española del siglo XIX, las novedades editoriales centradas en su figura se están empezando a acumular ya en las librerías de nuestro país. Estas semanas nos llegan otras dos obras que recuperan la figura de Goya aparte de los trabajos de Del Molino y Nogueira. Por un lado, nos encontramos con El juicio: La Inquisición contra Goya (Ediciones B) de Luis Zueco, en la que se narra el escándalo tras la publicación de los Caprichos y el descubrimiento de La maja desnuda y las ampollas que todo esto levantó en el Santo Oficio. Por otro lado, llegará también La cabeza de Goya (Xordica), en el que Miguel Barrero utiliza la desaparición del cráneo del artista del sepulcro en el que fue enterrado como pretexto para reflexionar sobre la incapacidad de España para defender y preservar su legado histórico y artístico.