El escritor Emmanuel Carrère en el Instituto Francés de Madrid. Foto: EFE/ Maria Aguilella Pardo

El escritor Emmanuel Carrère en el Instituto Francés de Madrid. Foto: EFE/ Maria Aguilella Pardo

Letras

Emmanuel Carrère celebra que Sánchez "resista" frente a "los que se alinean" con Trump: "Eso genera respeto"

El escritor ha comparecido ante los medios en el Instituto Francés de Madrid con motivo de la publicación de su nueva novela, 'Koljós', en la que aborda la figura de su madre, Hélène Carrère d'Encausse.

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El escritor Emmanuel Carrère (París, 1957) mantuvo una compleja relación con su madre, la historiadora Hélène Carrère d'Encausse, hasta su muerte, que se produjo semanas antes de la recepción del Premio Princesa de Asturias, en 2023. Había sido distinguida en la categoría de Ciencias Sociales y fue a recogerlo su hijo, galardonado en Letras dos años antes.

Su nueva novela, Koljós (Anagrama), es una exploración de su linaje familiar materno que tiene por objeto comprender la fuerte personalidad de la historiadora, pero el libro se desborda hasta convertirse, al mismo tiempo, en una crónica de la Rusia reciente –sus antepasados provienen del zarismo previo a la revolución bolchevique–, en un ensayo que se detiene en la Guerra de Ucrania y en la figura de Putin, defendido por su madre hasta que llevó a cabo la invasión, y hasta en un libro de viajes.

"Rusia está pagando un precio altísimo por la guerra, pero los dirigentes están dispuestos a pagarlo", ha lamentado el autor de El adversario este miércoles en el Instituto Francés de Madrid, donde ha comparecido ante los medios con motivo de la publicación de la novela.

Consciente de que "no nos da el cerebro para tanto acontecimiento", comprende que el foco informativo haya dejado de alumbrar a Ucrania en los últimos tiempos. En el centro de todas las miradas está el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien el escritor considera "una veleta".

"En realidad, sus amenazas nos las podemos tomar de aquella manera...", dice en tono casi tranquilizador, pues "al día siguiente se le olvida lo que ha dicho el día anterior". Hasta el punto de que "los jefes de Estado están condicionados por cómo se levanta Trump esa mañana". Con todo, confiesa que es "un personaje prodigioso" y que "intentaría escribir sobre él".

A propósito de las últimas acciones de Trump en el golfo pérsico, Carrère se ha sumado a la defensa de Pedro Sánchez, en la misma línea en que se expresó la semana pasada Susan Sarandon al recoger el Goya Internacional en la fiesta del cine español. "El presidente español resiste y muestra una actitud más realista que los que se alinean con Trump. Eso genera respeto", ha dicho.

El escritor se pregunta, en este sentido, qué ocurrirá si el presidente de Estados Unidos de pronto pierde las elecciones, y no alberga buenos augurios. "Dudo mucho que se jubile tranquilamente y se vaya a jugar al golf", ha advertido.

En contraposición a las veleidades de Trump, "Putin es más obstinado, no suelta a su presa". Su madre "quería confiar en que Rusia iba encaminada hacia los valores democráticos de Europa", relata, aunque cree que eso podría ser síntoma de su "ceguera o cortedad de miras". Y es que "realmente Rusia no va hacia ahí", sino que "nos envidia, nos detesta, nos rechaza".

El escritor plantea, además, una hipótesis que espera que no se cumpla acerca del futuro de Ucrania. Según Carrère, habría "dos cismas" en el país. Por un lado, los que se marcharon y los que se han quedado, y entre estos, los que acudieron al frente de guerra y los que no. No le extrañaría que, al terminar el conflicto, estos terminaran enfrentados en una guerra civil, o sea, que esa dialéctica "descendiera a un estrato social".

En definitiva, mantiene un "eco íntimo" con países como Ucrania, Rusia y Georgia. "Realmente me toca", ha confesado. La razón es puramente familiar, lo que en su novela define como "la línea vertical", que es la que atraviesa las generaciones del árbol genealógico. "Se va uno haciendo más sensible con las generaciones anteriores", concede, "pero esos valores pueden ser difíciles de asumir cuando creces", viene a decir.

Así la compleja relación que mantuvo con su madre, que desaprobaba sus métodos literarios, como el uso de la primera persona. "Hacíamos libros muy distintos", ha recordado, pero "si mi madre hubiera sido una novelista famosa, me lo hubiera puesto muy difícil", ha bromeado.

Con todo, en los últimos diez años de vida de su madre tuvo con ella "una relación muy afectuosa". "No era una santa, pero tampoco sus defectos eran mezquinos", ha aclarado el autor, que comenzó a tomar notas para este libro mientras ella se apagaba.