László Krasznahorkai, premio Nobel: A día de hoy se publican baratijas que son enemigas de la literatura

László Krasznahorkai, premio Nobel: "A día de hoy se publican baratijas que son enemigas de la literatura"

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László Krasznahorkai, premio Nobel: "A día de hoy se publican baratijas que son enemigas de la literatura"

El escritor húngaro visita Barcelona meses antes de la publicación en España de su última novela, 'Herscht 07769', en la que aborda temas como el neonazismo en la Alemania oriental.

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Es poco habitual que el premio Nobel de literatura caiga en uno de los favoritos de las encuestas. El ganador del galardón el pasado año fue una excepción. Habitual en las predicciones de medios y casas de apuestas, László Krasznahorkai fue reconocido "por su obra conmovedora y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte", según el jurado de la Academia sueca.

El autor magiar ha elegido la ciudad de Barcelona como su primer destino para una aparición pública tras la recogida del Nobel. Ha ofrecido una rueda de prensa en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), en la que se ha comunicado en el idioma de su país, siendo consecuente con el discurso en favor de las lenguas minoritarias que realizó en la gala de recogida del Nobel.

Visita nuestro territorio meses antes de que llegue a las librerías españolas Herscht 07769, su novena novela, en la que por primera vez se sumerge en las vicisitudes de su país de acogida, Alemania. Concretamente, la historia se desarrolla en un pueblo ficticio de la región de Turingia, en la parte oriental del estado alemán, donde con más crudeza se está notando el auge del neonazismo, fenómeno en el que se centra el libro.

Sale, por tanto, de la Hungría que protagoniza la mayoría de sus novelas y de la que afirma que es "mejor no tocarla para aquellos que no son húngaros". Para el autor de El barón Wenckheim vuelve a casa (Acantilado, 2024), que terminó su primera novela, Tango satánico, cuando su país todavía era "un títere del régimen soviético" en 1985, durante su infancia no sentía estar habitando en un territorio que era una excepción en Europa central, sino que, para él, "Hungría era el mundo".

Su sorpresa llegó una vez pasada la treintena, en esos mismos años en los que redactó su ópera prima, cuando atravesó la frontera con Austria y vio cómo, de pronto "el cielo alcohólico y la hierba pálida se transformaba en un lienzo azul y verde".

Hasta entonces, Krasznahorkai afirma que era "muy fácil escribir sobre un mundo en el que la segunda mañana era igual que la primera. En el que nunca nada cambiaba, era estático". A ello le siguió el idealismo: "Cuando por fin pudimos salir, todo era sorprendente. No veíamos occidente con sus problemas, no los identificábamos. Todo lo veíamos idealizado, la libertad, la capacidad de manifestación... tardamos en darnos cuenta de que también había problemas más allá de las fronteras".

Aunque del ganador del Premio Nobel de Literatura 2025 se suele afirmar que es un maestro en el retrato de la "miseria", el magiar matiza: "No escribo sobre la miseria, sino sobre la pobreza. Son dos términos parecidos, pero no iguales. Los pobres tienen su cultura. No tienen dinero, pero tienen espíritu. La miseria es la pobreza absoluta, tanto en lo terrenal como en lo espiritual. Pero quizá me tendría que haber esforzado más en representar el estado de miseria total, que es en lo que estamos cada vez más empantanados".

A ello, añade: "Aun así, yo no reduciría lo que escribo a un reflejo de la miseria social". En cambio, y en sintonía con lo que también subrayó el comité del Nobel, destaca el valor que da al arte en sus obras como "una categoría humana que no necesita del mundo tecnológico, que hace volar al lector a un espacio libre del que después puede volver". Una aspiración artística que, según apunta el escritor húngaro, es una rara avis hoy en día: "Ahora mismo hay baratijas muy populares que serían impensables hace años. Son los enemigos de la literatura".

Una visión que, recuerda, compartía con su compañero y amigo Béla Tarr: "Era una persona que sufría muchos dolores, para el que la creación artística era una vía de escape de todo ese sufrimiento. Yo intenté ayudarle en ese sentido. Era una persona muy complicada, exigente con todos los que trabajaban con él y consigo mismo sobre todo. Recuerdo que nos conocimos porque apareció de madrugada en mi casa después de haber leído Tango satánico. Yo tenía una resaca terrible pero él no paró de hablarme de mi libro y de su visión. Coincidíamos en la manera de ver el mundo porque ya no teníamos miedo del régimen comunista. Me dijo que quería comprender mi imaginación cósmica, pero yo le insistí que eso estaba en mi mirada, no en mí".

Gran admiradora de esta dupla de creadores húngaros, es famosa la declaración de Susan Sontag sobre László Krasznahorkai, a quien calificó como "el maestro del apocalipsis" tras leer su novela La melancolía de la resistencia. "Mucha gente se rió de esa afirmación, lo que puedo decir a ese respecto es que el 'apocalipsis' es algo continuo, no es un supuesto 'último momento', sino que es la forma en la que se ha desarrollado la historia. Es una dinámica de caer y levantarse. Siempre hemos vivido en el apocalipsis".

"Gente mala como Vladímir Putin ha existido siempre. Las cosas no van bien, claro, pero es que nunca han ido bien", defiende el escritor. Sin embargo, no se deja llevar por el pesimismo, sino que considera que "siempre ha ocurrido algo que nos ha salvado, que ha hecho que avancemos en este mundo".

Ese algo, en sus novelas, se traduce en "ángeles" que traen un mensaje revelador y son sacrificados por los pecados colectivos. Sí que ha cambiado algo, no obstante, en los últimos años: "Antes los sacrificaban porque comprendían sus mensajes y les resultaba ofensiva una verdad tan desnuda, ahora ni siquiera lo entienden, ni siquiera saben que es un mensaje, pero los siguen sacrificando".