Cruz erigida en el lugar del Monte de Abantos (Sierra de Guadarrama) en el que fue encontrado el niño Pedrín en 1893.

Cruz erigida en el lugar del Monte de Abantos (Sierra de Guadarrama) en el que fue encontrado el niño Pedrín en 1893.

Letras

Carlos García Miranda rescata el misterio del niño Pedrín, asesinado salvajemente en la sierra de Guadarrama

El escritor y guionista publica 'Lobos feroces', novela en la que toma el suceso, ocurrido en 1892, como punto de partida de un frenético 'thriller'.

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La nueva novela de Carlos García Miranda, Lobos feroces (Crossbooks), lleva gestándose veinte años, pero la historia que toma como punto de partida tiene más de un siglo. Cuando todavía era estudiante, escuchó a través de una amiga el misterioso caso del niño Pedrín, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en 1893 en la sierra de Guadarrama.

Tenía seis años cuando desapareció, un año antes, en el monasterio de El Escorial. Apareció maniatado y con claros signos de violencia: los ojos arrancados e incontables vejaciones. Había un condenado, pero muchos misterios en torno al suceso. El autor tenía delante su primera historia que contar.

Guionista y creador de las secuelas de Física o Química y El internado, quedó entonces tan fascinado por el caso que rodó un corto universitario y años después un documental. En la fase de documentación, le sorprendió que hubiera tantas versiones al respecto. Sin embargo, "todo apuntaba a que algo había ocurrido con los frailes del monasterio", ha dicho el autor este martes en la presentación del libro, conducida por el periodista Carlos Cala y celebrada en el Absent Cocktail Garden de Madrid.

¿Se trataba, entonces, de uno de los primeros casos de pederastia en el seno de la iglesia? Entre los testimonios, uno de los más cacareados aseguraba que uno de los frailes podría haber hecho un ritual para curar su tuberculosis que pasaba por beberse la sangre de un niño. La última vez que se vio al niño con vida, esto parece probado, fue saliendo del monasterio de El Escorial.

Cuando en 2020 el autor decide emprender esta novela, se da de bruces con un artículo de Sergio C. Fanjul en el que el periodista explica las motivaciones de la asociación Satanistas de España. García Miranda lo vio claro: uno de los personajes centrales de la novela, Dante, tenía que estar integrado en esta corriente. Y es que el relato eje de esta historia está situado en la actualidad. La protagonista es Marta Otero, una policía en ciernes que investiga la desaparición de un niño en la sierra de Guadarrama.

El autor adoba el relato, que fluye con agilidad y mantiene el suspense desde el inicio, con leyendas propias de la superstición y el folclore. ¿Quién ha arrancado los ojos al niño? ¿Los lobos, las aves rapaces...? ¿Y si todas esas vejaciones las hubiera cometido realmente El Chato, al que ahora llamaríamos "El tonto del pueblo", según asegura el autor?

El Chato fue condenado en el juicio por retener a Pedrín en su buhardilla, pero luego se demostró que los pelos por los que fue inculpado no eran del presunto asesino, sino de un gato. Además, El Chato, que agotó sus días merodeando las tabernas de Madrid, aseguraba a voz en grito que los culpables eran los frailes.

"Es un libro que me ha costado mucho tiempo", reconoce el escritor, y sin embargo asegura que "el proceso de documentación ha sido el más satisfactorio". Pero ¿cómo se logra que tanta información quede articulada de modo tan orgánico? "Trabajo con un mapa en el que anoto todo lo que va a pasar en cada capítulo, pero solo lo respeto hasta la mitad", ha dicho. Y ha apostillado: "No sé hacer novelas sencillas".

García Miranda se siente "un guionista disfrazado de escritor", así que no le importaría que Lobos feroces tuviera una adaptación audiovisual en forma de serie o película. "Pero quiero ver también la vida que tiene como libro", apunta el autor de El club de los lectores criminales, novela convertida en película para Netflix, en la que también participó en el guion.

Carlos García Miranda. Foto: Sofía de Juan

Carlos García Miranda. Foto: Sofía de Juan

Aunque el true crime, donde el suspense opera como la principal baza, es el género en el que mejor se desenvuelve, el autor ha reconocido que "los sucesos truculentos suelen ser muy sencillos". "Me sorprende que la mayoría de estos casos sean cutres", ha añadido. Eso sí, "los lobos más feroces son siempre los seres humanos".