El escritor Franz Kafka y el filósofo Byung-Chul Han. Diseño: Rubén Vique

El escritor Franz Kafka y el filósofo Byung-Chul Han. Diseño: Rubén Vique

Letras

El absentismo laboral en cifras récord: Kafka y Byung-Chul Han aclaran los motivos

En las obras del escritor checo vemos el trabajo como fuente de angustia y miedo, algo muy similar a lo que el filósofo surcoreano analiza en 'La sociedad del cansancio'.

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El absentismo laboral y los ochenta mil millones de euros que cuesta anualmente al Estado han disparado todas las alarmas. No sólo por sus enormes cifras, sino por su constante crecimiento, que ha alcanzado un nuevo récord en los últimos meses del año anterior y los primeros de este.

Para ser más precisos, 962.400 personas (852.100 asalariados y 110.300 autónomos) faltaron a su puesto de trabajo por enfermedad o incapacidad temporal, según la Encuesta de Población Activa. Políticos y economistas pelean a brazo partido sobre las causas del incremento de las bajas, que afecta también a los autónomos y no sólo a los empleados por cuenta ajena, como casi siempre había sucedido.

Según a quién se pregunte, puede tratarse de un envejecimiento general de la sociedad, con el consiguiente empeoramiento de la salud, de un desmoronamiento del sistema sanitario, incapaz de gestionar las bajas. Pero también es posible, y hasta diría que probable, que existan causas más profundas, ese tipo de causas de las que se ocupan filósofos y escritores, y por las que vamos a realizar un pequeño recorrido.

El checo Franz Kafka plantea el absentismo como respuesta a la angustia y al miedo. Uno de sus personajes más conocidos, Gregorio Samsa, protagonista de La metamorfosis, tiene tanto miedo a perder el trabajo que, incluso cuando aparece convertido en insecto, piensan en lo que se va a enfadar su jefe si no llega en hora a la oficina. No sucede sólo con Samsa.

A menudo los personajes de Kafka se sienten alienados, angustiados, y van perdiendo poco a poco la salud, porque ni consiguen hacer nada con sus vidas ni ven que el trabajo vaya a cumplir la promesa liberadora. En este punto viene bien recordar que, aunque checo, Kafka escribía en alemán, y el lema "el trabajo te hace libre" es muy anterior a Auschwitz. Al parecer, en tiempos de Kafka, el trabajo tampoco liberaba a nadie.

Herman Melville, conocido sobre todo por Moby Dick, su ballena blanca, aborda también el asunto del absentismo en su obra Bartleby, el escribiente, pero en este caso no estamos ante un personaje angustiado, ni ante alguien que ejerce una resistencia consciente, casi sindical, al sistema productivo.

Su absentismo, más que físico, es espiritual: acude a su puesto, pero no está dispuesto a hacer nada, ni a colaborar en nada, ni a ayudar a nadie. Los Bartlebys de hoy, que también existen, están ahí presencialmente, por lo que no cuentan en las estadísticas del absentismo y deberían catalogarse aparte.

Un caso muy parecido es el de Ignatius J. Reilly, el protagonista de La conjura de los necios de John Kennedy Toole, que se enfrenta al trabajo y al sistema capitalista a través de la incompetencia, la chapuza y la dejadez, exigiendo que se respete su autoproclamado derecho señorial al ocio. Pero este acudía casi siempre a su puesto, al menos hasta que decidía estar enfermo, o lo estaba de veras, de puro agraviado.

Charles Bukowski escribió también varias obras centradas en gente que, esta sí, falta con frecuencia a sus puestos de trabajo, por sus monumentales resacas, por su mala salud física o mental, o simplemente por que están hartos de su vida y de todo lo que la rodea, especialmente los asuntos prácticos.

Para Han, la sociedad que habitamos nos devora la mente, la atención y el sosiego necesario para contemplar el mundo y a nosotros mismos

En novelas como Cartero o Factotum, su protagonista, un trasunto del propio autor, se enfrenta al sistema laboral, denunciando la injusticia de que se valore a una persona por su encaje más o menos preciso en un mecanismo de engranajes que destruyen la singularidad de cada persona.

Pero quien, a mi entender, más se ha acercado a este problema ha sido Byung-Chul Han, el filósofo coreano afincado en Alemania, y que escribe su obra en alemán, como en el caso ya mencionado de Kafka.

En su obra La sociedad del cansancio, Han habla de una sociedad agresiva con la energía mental de las personas, una sociedad en la que cada individuo ve devorada durante el día su atención y su energía mental para intentar recuperarlas en los cada vez más cortos lapsos de descanso, como si fuera el Prometeo castigado por los dioses a que cada día le devorasen las entrañas. Pero, en vez de las entrañas, nos devoran la mente, la atención y el sosiego necesario para contemplar el mundo y a nosotros mismos.

En esta sociedad, según Han, se rinde culto al rendimiento, tanto de manera consciente como inconsciente, y se exige a todo el mundo que se autoexplote al máximo en aras de ese rendimiento. Esto explicaría, por ejemplo, el enorme crecimiento de las bajas laborales entre los autónomos, que caen enfermos cuando han sobrepasado sus propios límites, porque Han subraya que el cansancio actual es, ante todo, un enorme cansancio del yo: una fatiga de uno mismo.

Por último, en este recorrido literario por las causas del absentismo, hay que citar a Iván Goncharov y su Oblómov. Para Goncharov la causa principal del absentismo es la simple vagancia, las pocas ganas de trabajar, el deseo de vivir a costa de los demás y de holgazanear a lo grande si encuentras la manera de que el trabajo lo haga otro o, simplemente no se haga. Pero este, obviamente, era un novelista ruso y no un filósofo alemán. Nunca es lo mismo.