Alejandro López Andrada. Foto: Cosmopoética

Alejandro López Andrada. Foto: Cosmopoética

Letras

"¿Cómo no ser humilde en estos campos?": Alejandro López Andrada, testigo del paisaje del alma

El poeta evoca de nuevo su mundo campesino, siempre igual pero diferente, con un lenguaje opulento, cargado de adjetivos certeros e inspiradas metáforas.

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Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque, 1957) es, sí, un autor prolífico. De libros de poesía (los últimos, Parte de ausencias y Va oscureciendo) y novelas, obras por las que ha obtenido numerosos premios.

La huella azul

Alejandro López Andrada

Hiperión, 2025. 80 páginas. 13 €

Su mundo está centrado en lo rural y, claro, en la naturaleza. Un mundo campesino y único que mantiene vivo en su memoria y pertenece, sobre todo, a su infancia (simbolizada por el machadiano azul); seres y cosas inseparables de sus propios recuerdos.

En esta entrega, subtitulada Una elegía rural, evoca de nuevo ese paisaje del alma, siempre igual y siempre diferente. Para ello usa la medida del poema en prosa, movediza mezcla de dos géneros que, por cierto, nunca se ha preocupado de diferenciar.

Lo divide en tres partes: "Ámbitos", "Imágenes" y "Las ausencias". Ahí, "la luz de la pobreza", que rima con tristeza; el miedo, de posguerra, benemérita y maquis; la emigración: "Nunca olvidaré el paso umbrío de los que emigraron"; los animales: las bestias y los pájaros; el tren y los abuelos; la familia y los amigos, y en especial sus muertos (Adela, Regina, Michu, Caco…); el barro y el verano; los lugares, natales ("la tierra despoblada en que crecí") y asumidos, como Córdoba.

"Ahí tienes el paisaje, escríbelo", leemos. A eso se aplica. Es un testigo. Porque "vivimos dentro de una despedida", por evitar "el liquen del olvido", canta y cuenta con amor para que ese universo no desaparezca: "Mi reino, tan sencillo y diminuto que cabe en un recodo de mi mano".

A pesar de su apuesta por la sencillez ("¿Cómo no ser humilde en estos campos?"), el lenguaje lírico de López Andrade es opulento. Cargado de adjetivos certeros y de arriesgadas comparaciones e inspiradas metáforas, donde la imaginación y lo onírico prevalecen. Según Gabi Martínez, es "uno de los últimos virtuosos de la melancolía".