Jordi Colomer en la galería Albarrán Bourdais. Foto: Rodrigo Mínguez

Jordi Colomer en la galería Albarrán Bourdais. Foto: Rodrigo Mínguez

Arte

Jordi Colomer, artista: “El turismo de monumento uniformiza las ciudades”

El creador catalán pone patas arriba las ciudades convencionales y revisa la utopía de la Ciudad Lineal de Arturio Soria.

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Nos encontramos con Jordi Colomer (Barcelona, 1962) con la casa manga por hombro. Por ‘casa’ entendemos –hasta el 21 de febrero– la galería madrileña Albarrán Bourdais, donde se cuece su próxima exposición: Everything under the sun?. “Pero es interrogativo, eh”, insiste cuando le preguntamos por el título.

Reimagina la utopía y lo distópico como el arquitecto que no solo inventa, sino que señala y enuncia, con cierto humor: “Porque hasta lo más trágico y terrible se puede decir desde el humor”, afirma.

La Ciudad Lineal de Arturo Soria es el punto de partida de su siguiente proyecto después de la premiada retrospectiva que presentó el año pasado en el MACBA.

Pregunta. ¿Cómo ha sido pasar de una gran retrospectiva en un espacio institucional a una galería, con un cambio significativo de escala y de público?

Respuesta. Buena pregunta. Estoy muy excitado, trabajando con muchas ganas en esta exposición, porque después de algo tan grande me apetecía ver por dónde iba a ir. Había una intención de volver a la escultura y al objeto. Eso ha sido divertido, porque en los últimos años he estado trabajando mucho en proyectos colaborativos, como el vídeo que presento, Modena Parade, en el que participaron más de 500 personas, 100 en la producción. Tenía ganas de volver a mí mismo.

Jordi Colomer en la galería Albarrán Bourdais durante el montaje. Foto: Rodrigo Mínguez

Jordi Colomer en la galería Albarrán Bourdais durante el montaje. Foto: Rodrigo Mínguez

P. ¿Por qué este título?

R. Presento unas piezas inspiradas en los eslóganes que ha utilizado el turismo español desde los años 40, no tanto para extranjeros, sino también para promoverlo entre los españoles. Tenemos “Alegría y descanso”, “Spain is different”, “Passion for life” y “Everything under the sun”, la ilustración de este anuncio, por cierto, era un dibujo de Miró.

P. Eslóganes que podrían ilustrar una campaña para esa misma Ciudad Lineal…

R. Sí. Recordemos que Arturo Soria la pensó como una línea imaginaria que fluye de Cádiz a San Petersburgo y de Bruselas a Pekín. Imagina una avenida que una todo el territorio. Una sola ciudad, pero con varias lenguas, alfabetos, religiones, ¿qué identidad tendría?

Piezas de eslóganes publicitarios del turismo español. Foto: Albarrán Bourdais

Piezas de eslóganes publicitarios del turismo español. Foto: Albarrán Bourdais

P. Usted estudió Historia del Arte, arquitectura y diseño. ¿Qué le hizo inclinarse hacia la producción artística?

R. Yo ya pintaba antes de todo esto, pero también he pasado por el teatro. Al final es una sinergia de intereses. Lo que me interesa es la idea de qué es una ciudad y cómo se fabrica.

P. ¿Y qué es una ciudad?

R. Algo que cambia constantemente, en permanente movimiento. Me fascina, por ejemplo, Brasilia, que se construyó en un lugar donde no había nada, desde cero, pero que ya ha envejecido. Estaba pensada para los coches, pero la gente, sorprendentemente, la camina trazando esos caminos del deseo, esos atajos. También podemos imaginar la Ciudad Lineal y pensarla como un suburbio o un extrarradio de las ciudades contemporáneas que se parecen todos entre sí.

Jordi Colomer en la galería Albarrán Bourdais. Foto: Rodrigo Mínguez

Jordi Colomer en la galería Albarrán Bourdais. Foto: Rodrigo Mínguez

P. ¿Esa es la ciudad que representa en sus maquetas?

R. Sí, quería plasmar esa periferia continua donde hay fábricas, centros comerciales, bloques de edificios... Todas las periferias se parecen.

P. También los centros, tomados por las franquicias.

R. Los centros estaban abandonados; nadie quería vivir allí, hasta que se asentó el turismo de monumentos que acabó uniformando todas las ciudades. Las experiencias turísticas son las mismas. En mis maquetas se representan estas periferias con extraños eslóganes (“Está prohibido cantar canciones alegres” o “Alegría y descanso”) que flotan como un Gran Hermano distópico e inquisidor por encima de las calles.

P. Otra de las piezas es una instalación con una gran parada de autobús.

R. Sí, está inspirada en una parada real de Armenia. La parada te da un techo, pero te obliga a compartir esa “casita provisional” con otra gente. Parece banal, pero es algo compartido del espacio público. Cuando estás esperando, la cabeza se va muy lejos porque estás en en un tránsito de movimiento permanente. Compartir esa situación con desconocidos me parece interesante.

P. Teniendo en cuenta su experiencia escenográfica y teatral, ¿la usa para diseñar los recorridos de sus exposiciones?

R. En este caso, sí. En cada espacio hay una situación concreta y limpia; tienen su propia singularidad. En cambio, en el MACBA, donde exponía obras con treinta años de diferencia, fue al revés: quería que las obras se mezclaran y se contaminaran. En el montaje del MACBA quería recrear cómo nos movemos en una ciudad, incluyendo rincones perdidos o abandonados. Es importante que haya espacios que yo no controlo: hay una vida que tiene que suceder.

“Lo que me interesa es la idea de qué es una ciudad y cómo se fabrica, es algo en permanente movimiento”

P. Otra seña de identidad suya es el modo en que trabaja el display, el dispositivo que acompaña el visionado de un vídeo o una escultura: unas gradas o una casita que hace la experiencia de recepción de su trabajo divertida y sorprendente.

R. Pues muchas gracias. Desde el principio he pensado mucho en el espectador, incluso físicamente. Las obras no tienen una vida aparte, sino que están en relación con el cuerpo. Siempre he odiado la black box: ¿qué sucede en el propio espacio? No solo importan los objetos, sino qué relación tenemos con ellos.

P. La utopía urbana es un punto de partida en su trabajo.

R. Yona Friedman decía una cosa muy interesante. Hay mucha gente del campo que se instala en la periferia, pero que trae todas sus costumbres de sus países de Asia o África: traen los animales, plantan un huerto… ¿Por qué no imaginar otra ciudad rururbana?

Maquetas de las periferias. Foto: Albarrán Bourdais

Maquetas de las periferias. Foto: Albarrán Bourdais

P. Las palabras de Friedman hackean la ciudad normativa.

R. La ciudad la hacemos entre todos. Aquí presento un collage de un personaje que me fascina, que es Ceausescu, que quería acabar con el campo en Rumanía y que todo el mundo se mudara a la ciudad; y hay una fotografía en la que está presentando una maqueta gigante de bloques, todos iguales. Este es el dictador que se cree urbanista. Caminar por la calle, hacer lo que haces cada día, es hacer ciudad.

P. “La calle es mía”, como dijo Fraga Iribarne.

R. (Ríe) Por cierto: lo de “Spain is different” también fue un invento de él.

P. Usted representó a España en la Bienal de Venecia de 2017. ¿Cómo recuerda aquello?

R. Fue precioso vivir Venecia. Le tenía manía por su parafernalia turística y descubrí que debajo de todo eso hay una ciudad de verdad; y, por la parte expositiva, fue un gran regalo. Es extraño, porque es un modelo obsoleto que cada vez tiene más visitantes.

P. ¿Y después de esta exposición?

R. No te lo puedo decir, pero es algo ilusionante, también en Madrid.