Ilustración de Luis Tasso de Don Quijote (c. 1894), publicada en Wikimedia Commons.

Ilustración de Luis Tasso de Don Quijote (c. 1894), publicada en Wikimedia Commons.

Letras

¿Y si el ingenioso hidalgo fuese mujer?: una reescritura punk del Quijote para dinamitar el amor romántico

Anagrama reedita el libro de 1986 de Kathy Acker, la autora estadounidense que convirtió a Don Quijote en una sexagenaria que se somete a un aborto y enloquece.

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Lori Miller
Publicada

El Don Quijote de Kathy Acker (Nueva York, 1944 - Tijuana, 1997) es un compactador de materia literaria, que derrumba a martillazos y zumbido electrónico los géneros, historias y personajes de los que nos nutrimos y, según Acker, envenenamos. Cervantes construyó su obra en dos volúmenes a lo largo de dos décadas.

Don Quijote, que fue un sueño

Kathy Acker

Traducción de Marcelo Cohen. Anagrama, 2025. 240 páginas. 19,90 €

La versión de 240 páginas de Acker es producto de la “nueva era” que uno de los personajes en su novela Blood and Guts in High School describe como una época en la que “la gente tendrá que lidiar con todo tipo de problemas difíciles, sin dejarnos tiempo para el lujo de expresarnos artísticamente”.

La novela comienza con Don Quijote, ahora una mujer contemporánea de 66 años que se somete a un aborto, lo que la enloquece: “Concibió la idea más descabellada que cualquier mujer pueda concebir: amar”.

Este ideal es descabellado, como aprendemos más adelante, porque la mayoría de las mujeres son demasiado inteligentes para creer en el amor romántico, pero han sido persuadidas por los hombres y por la literatura de que el amor es la función de la mujer y su triunfo trágico. Cervantes mostró lo que el amor cortés podía hacerle a un hombre.

Acker esboza 350 años de historia sentimental e ilustra los efectos acumulativos de la locura romántica con las andanzas de la señora Quijote por las guerras de género del Londres y Nueva York actuales, con su Sancho Panza, un perro parlante llamado San Simeón.

Al igual que el libro de Cervantes, el de Acker recopila aventuras, discursos de autor, reportajes, otros textos, anécdotas y alucinaciones y conserva la estructura en tres partes del mítico viaje heroico.

“El comienzo de la noche” es también la partida del caballero, sus incursiones inútiles y a menudo divertidas en un mundo controlado por dos “traficantes de poder”, Maquiavelo y Cristo.

En la segunda parte, “Otros textos”, Quijote tiene que leer obras de cuatro escritores que crean o perpetúan inconscientemente estereotipos dañinos de las mujeres.

Kathy Acker. Foto: Corky Pleasures.

Kathy Acker. Foto: Corky Pleasures.

Acker critica estas obras –Petersburgo de Bely, Gatopardo de Lampedusa, Lulú de Wedekind (autor de las dos tragedias que dieron pie a la famosa ópera de Berg) y una historia anónima de ciencia ficción– con una amplia parodia y una revisión grotesca.

En la tercera parte, “El fin de la noche”, Quijote regresa de la literatura para salvar a Estados Unidos de “encantadores malvados” como Nixon, Kissinger y los terratenientes de Nueva York y, después de la muerte, sueña con España, donde la gente podría “soñar públicamente”, que es “hacer arte”.

El Quijote original se quejaba de que su historia era contada por “algún charlatán ignorante”. A pesar del precedente cervantino, las elecciones estilísticas de Acker están, en mi opinión, en desafortunada contradicción con la sofisticación de sus materiales.

Al igual que el libro de Cervantes, el de Acker recopila aventuras, discursos, anécdotas y alucinaciones

La novela es excéntricamente erudita y astuta en su crítica feminista de las ficciones masculinas y femeninas, incluyendo mitologías feministas.

Hacia el final de su Don Quijote insinúa que esta, al igual que otras novelas, son síntomas de trauma, el aullido de culpa e ira infligido por el suicidio de una madre dominada por las nociones masculinas de feminidad.

Sea un hecho autobiográfico o no, esta experiencia de autodestrucción proporciona una poderosa causa a la locura abortista de Quijote y un motivo para la prosa autoimplosiva de Acker.

Su sensibilidad, su intelecto subversivo y su ingenio depredador la convierten en una escritora como ninguna otra que conozco.

© The New York Times Book Review