Abdulrazak Gurnah, autor de 'Paraíso'. Foto: Simone Padovani

Abdulrazak Gurnah, autor de 'Paraíso'. Foto: Simone Padovani

Letras

Gurnah viaja a los horrores de la colonización africana

El sello editorial Salamandra (Penguin Random House) publica Paraíso, la nueva novela del escritor galardonado —y soprendido— con el último Premio Nobel de Literatura

17 enero, 2022 02:04

Paraíso

Abdulrazak Gurnah

Traducción de Sofía Nogura Mendía. Salamandra, 2021. 300 páginas. 24,90 euros

No conocía al novelista tanzano Abdulrazak Gurnah. Cuando en 2021 le concedieron el Premio Nobel de Literatura, reaccioné con la misma perplejidad que la mayoría de los lectores. En España, se habían editado algunos de sus libros, pero fueron descatalogados tras unas ventas irrisorias. Ahora he leído Paraíso, nominada para los premios Booker y Whitbread, y puedo afirmar que es una gran novela.

Con una prosa cuidada, personajes complejos y una amarga reflexión sobre la colonización europea, recuerda en algunos aspectos a García Márquez, con su estilo torrencial y poético, pero sin adornar el texto con elementos fantásticos. Ambos autores reivindican la perspectiva de esos mundos que desaparecieron por culpa de Occidente, hasta hace muy poco incapaz de coexistir con mentalidades divergentes. Eso sí, Gurnah no idealiza el pasado. En el África anterior al desembarco de Europa ya existían la violencia y la desigualdad.

Sería absurdo atribuir estas lacras al atraso material y cultural. Simplemente, el ser humano es así. Constatar eso no significa atenuar la responsabilidad de la cultura europea en la tragedia de África. Las incontables muertes que se producen todos los años en el Mediterráneo evidencian que las heridas siguen abiertas. El proceso de descolonización solo agravó los problemas de un continente esquilmado y con fronteras arbitrarias. Muchos jóvenes huyen de ese escenario, pues casi nadie se resigna a vivir entre la pobreza, la corrupción y la guerra.

Abdulrazak Gurnah nació en 1948 en Zanzíbar cuando aún era una colonia británica. Abandonó el archipiélago a los dieciocho años y se estableció en el Reino Unido. Eso le libró de la Revolución de 1963. En esa fecha, los nacionalistas africanos se aliaron con los partidos de izquierdas para dar un golpe de estado contra el último sultán, desatando una matanza contra árabes e indios, dos minorías odiadas. En Inglaterra, Gurnah estudió literatura y se convirtió en profesor de la Universidad de Kent, especializándose en literatura poscolonial.

Con una prosa cuidada, personajes complejos y una amarga reflexión sobre la colonización europea, Paraíso recuerda a García Márquez

Al mismo tiempo, comenzó su carrera literaria, que incluye diez novelas, un puñado de cuentos y varios ensayos. Aunque el suajili es su idioma natal, ha escrito toda su obra en inglés. La Academia Sueca ha subrayado su mirada compasiva y su comprensión del drama de los refugiados. Gurnah agradece esa reflexión y sostiene que solo se ha limitado a explorar su propia peripecia, pues él también fue un refugiado. Sin embargo, aclara que su escritura no es un ejercicio autobiográfico, sino una forma de apertura a otras historias, particularmente a las que se gestan en el tránsito de una cultura a otra, desembocando en el mestizaje y el sincretismo.

Paraíso narra la historia de Yusuf, que al comienzo de la trama tiene doce años y dieciocho en el desenlace. Oriundo de la ficticia ciudad de Kawa en Tanzania, su padre es un hotelero que se ha endeudado con un poderoso comerciante árabe llamado Aziz. Yusuf cree que es su tío. Por eso cuando su padre le anuncia que vivirá con él, sirviéndole como criado y mozo de almacén, acepta la situación sin alarmarse demasiado.

Una reivindicación de la convivencia

A ningún niño le gusta abandonar su hogar, separándose de sus padres. Ignora que en realidad ha sido cedido para pagar una deuda. Yusuf trabajará duramente, soportando vejaciones y malos tratos, pero también recibiendo algunos gestos de afecto de Khalil, otro muchacho en la misma situación. Crecerá y se convertirá en un adolescente muy hermoso que enciende las fantasías de los dos sexos. Formará parte de la caravana organizada por Aziz para viajar por África Central y la cuenca del Congo.

La expedición pretende comerciar con las tribus locales, pero sufrirá la hostilidad de caciques y reyezuelos, que intentarán apropiarse de sus mercancías y matarán a algunos de sus hombres. Los animales salvajes, las enfermedades y un paisaje implacable con un clima infernal convertirán el viaje en una especie de iniciación a la vida adulta, con todos sus retos y asperezas. Al finalizar el periplo, Yusuf ya no es un niño, sino un hombre responsable de su destino.

África nunca fue un Edén, pero Europa hizo que se pareciera al infierno

La novela finaliza con el inicio de la Gran Guerra. Yusuf, que ha vuelto al hogar de Aziz, descubre una columna de soldados alemanes y decide seguirla. No está claro cuál es su motivación. ¿Huir de Aziz? ¿Demostrar su valor? Durante años, ha vivido atemorizado por unas horribles pesadillas donde unos perros salvajes pretendían devorarlo. Se ha hartado de vivir con miedo. Pese a todo, su gesto es paradójico, pues el oficial al mando de la columna parece un amo más terrible que Aziz: su sonrisa es una mueca deforme, su piel amarillenta parece la de un difunto.

“Es el rostro de un cadáver”, reflexiona, pero no puede evitar sentir el deseo de sumarse a su columna. Tal vez es el sino de África: seguir los pasos de Europa, despojarse de su propia identidad para asimilar la del continente que destruyó su cultura y sus tradiciones.

Gurnah ha declarado que “la ficción humaniza los hechos. No los endulza, los hace comprensibles, reales”. Paraíso nos ayuda a comprender el espanto de la colonización. No se trata de un acontecimiento superado, sino de un drama que sigue marcando nuestro presente. Paraíso puede leerse como una prolongación de El corazón de las tinieblas, de Conrad, pero con una importante salvedad: el horror no se hallaba tan solo en las zonas más impenetrables de África, sino también en esa Europa que saqueó, torturó y exterminó, disfrazando sus depredaciones de progreso o, en el colmo del cinismo, evangelización. África nunca fue un Edén, pero Europa hizo que se pareciera al infierno.

Demasiado refinado para nuestro tiempo, no creo que sus libros lleguen a hacerse un hueco entre los más vendidos

Abdulrazak Gurnah es un excelente narrador, con la capacidad de seducción de una moderna Sherezade. Eso sí, sus ficciones tienen el encanto de otra época, cuando se celebraba el ingenio y la fantasía, dos virtudes que hoy apenas se aprecian.

Demasiado refinado para nuestro tiempo, no creo que sus libros lleguen a hacerse un hueco entre los más vendidos. Gurnah rescata la memoria de África, nada idílica, y desbroza la historia de Europa, arrebatándole la máscara que esconde su lepra moral. No es un ajuste de cuentas, sino una operación necesaria para lograr la reconciliación. Gracias a su literatura, se materializa algo que muchos filósofos han señalado: la mejor forma de conocerse a uno mismo es mirarse con los ojos de los otros. Quizás no nos guste lo que veamos, pero es la única manera de superar nuestros vicios e insuficiencias. Los gobiernos que levantan muros deberían leer Paraíso, una obra que no levanta barreras, sino puentes.

"¿Es una broma?"

Cuando Abdulrazak Gurnah recibió la llamada de la Academia Sueca anunciándole que acababa de ganar el premio Nobel, su primera reacción fue de incredulidad: tuvo que acudir a la web del premio para comprobar que no era una broma, pero antes intentó localizar a su mujer, Denise, que estaba en el zoo con su nieto. Ahora dice, bienhumorado, que se ha convertido en el segundo tanzano nacido en Zanzibar más popular del mundo, tras Freddy Mercury, “aunque dudo que allí sepan quiénes somos ninguno de los dos”.