Imagen | Almudena de mi vida

Imagen | Almudena de mi vida

Letras

Almudena de mi vida

Amigo y confidente, Eduardo Mendicutti recuerda a Almudena Grandes, la mujer tras la escritora, en este emotivo texto escrito en carne viva

28 noviembre, 2021 16:10

Su muerte ha sido desoladora. Era mi hermana menor, pero se comportaba como mi hermana mayor. Me quería, me cuidaba, me daba de comer, me elogiaba, me hacía sentirme bien y cercano a su fuerza y su talento. Me hacía reír y sentirme entusiasta, atrevido, con ingenio. Eso, durante más de cuarenta años. Ahora ya no estás, ahora estamos sin ti. Como ha dejado escrito tu marido, ahora tenemos que aprender a recordarte.

Entusiasta y feliz. Así era ella. Tenía sus momentos malos, claro, pero esos para ella quedaban. Para los demás, para mí, era siempre vibrante, acogedora. ¿Quién ahora será así conmigo? Hace sólo unas semanas me dijo: “que te cuiden bien, yo ya no puedo cuidarte”. Eso no es verdad, no puede serlo. Tendré que ir aprendiendo a recordarte. Cómo eras, como me querías, cómo nos querías a todos. Cuidar de alguien es aceptarlo y quererlo cómo es, con sus virtudes y sus carencias. Así has sido tú conmigo, con todos nosotros, durante más de cuarenta años.

El tiempo tiende a anestesiarlo todo. Con ella no había anestesia que valga. Su vitalidad, su sentido de solidaridad, su entusiasmo con las causas más difíciles y dolorosas resultaba incansable.  Y siempre a gritos, había que escucharla. Si había que discutirla, tenías un problema. Solo una vez en la vida discutimos ella y yo. A propósito de la gestación subrogada. Creo recordar. Supongo, mal que me pese, que ella resultó vencedora. Tendré que recordarlo y, ahora, al menos, en el recuerdo quedar en tablas. No será ni fácil ni agradable. Una estúpida cuenta pendiente.

Estoy en las peores condiciones para escribir. Para escribir esto. Alguien lo corregirá. No lo hará bien. No es fácil corregir un texto mal escrito, pero escrito en carne viva. Ahora, el recuerdo no da para tanto. Se quedan en el camino muchas risas, muchas travesuras. Se queda ella. Cómo era, como proclamaba sin pudor que yo era su amigo, su hermano.

Nos conocen demasiado bien para que haya con ellos lugar a malentendidos. Los demás no me importan. Me importa ella, Almudena. Luis su marido, que es mi marido. Sus hijos, que son mis hijos. Su familia, que es la mía. Sus amigos, que son los míos. Nada más. Como si fuera una oración laica, no un encargo literario. Que la corrección y la Literatura me perdonen.