Letras

75 años de la revista 'Ínsula', la isla de las letras que emergió en el océano gris del franquismo

La publicación, que sirvió de punto de encuentro de los intelectuales españoles exiliados, celebra sus tres cuartos de siglo y su inclusión en la máxima categoría de las revistas académicas

26 noviembre, 2021 19:04

En 1946, recién acabada la Segunda Guerra Mundial y pocos años después de la contienda española, nacía en España la revista Ínsula, publicación que pronto haría honor a su nombre al convertirse en una isla consagrada a la literatura que en medio del océano gris del franquismo consiguió dar cabida a la intelectualidad del exilio. 

Fundada por Enrique Canito, profesor depurado después de la Guerra Civil, la publicación nació como la extensión de la labor que este hacía en su librería homónima, hasta convertirse en una pieza clave de la historia cultural de nuestro país. En su empeño contó con la estrecha colaboración del escritor y crítico José Luis Cano, que le sucedió en la dirección. 

En las páginas de Ínsula han firmado algunos de los autores más importantes de las letras y el pensamiento en español, de Juan Ramón Jiménez a Mario Vargas Llosa, pasando por Jorge Guillén, María Zambrano, Américo Castro, Francisco Ayala, Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Miguel Ángel Asturias, Carmen Laforet, Camilo José Cela, Luis Cernuda, Julián Marías,  Octavio Paz, Max Aub, Dámaso Alonso, Julio Cortázar, Gabriela Mistral, José Ortega y Gasset o Juan Marsé.

No solo fue un milagro que en la España franquista, a pesar del control de la censura, semejante proyecto pudiera salir adelante y perdurar, sino que una revista así continúe viva 75 años después, un aniversario redondo que sus actuales responsables han celebrado hoy en un acto celebrado en la histórica Residencia de Estudiantes de Madrid.

“Desde sus comienzos la revista tuvo la vocación clara de unificar la dispersión intelectual provocada por la Guerra Civil, posibilitar que el exilio y las heterodoxias del interior se volvieran a hermanar”, afirma la actual directora de Ínsula, Arantxa Gómez Sancho.

Jordi Gracia, crítico literario, catedrático de literatura española de la Universidad de Barcelona y miembro del comité científico de la revista, asegura que Ínsula nació como “un acto de resistencia ante el contexto del franquismo más duro de los años 40 y 50, para apelar a una forma de acción intelectual y moral que rescatase la tolerancia, la reflexión y la ecuanimidad”. Gracia ha destacado también “la incomprensión” inicial de “los derrotados del exilio”, que no podían creer que un proyecto así fuera posible en la España de Franco. Y fue posible no porque “la España fascista se hubiera vuelto débil, tolerante y permisiva”, sino que “la astucia, la valentía y la capacidad estratégica de Canito y Cano logró fraguar un producto que a través de la literatura y la cultura pudiese ir introduciendo elementos de crítica y de heterodoxia dentro de la España franquista”.

La revista fue tolerada, pero no estuvo exenta de vigilancia y censura, como evidencia la suspensión de un año como castigo a su monográfico en homenaje a Ortega y Gasset en 1956, poco después de su muerte, como ha recordado Gómez Sancho. También hubo dos intentos por bloquear la publicación de sendos monográficos dedicados a las culturas gallega y catalana, que finalmente salieron adelante.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que Ínsula era una isla dentro de otra isla, es decir, un proyecto muy minoritario dentro del panorama cultural del franquismo, igualmente minoritario, como lo sigue siendo hoy.

“Es un hecho excepcional que una revista de letras tenga una vida tan extensa, es probablemente la más longeva especializada en letras dentro de la cultura en español”, considera Domingo Ródenas, catedrático de literatura española en la Universidad Pompeu Fabra y miembro también del comité científico de la Ínsula. 

Con la llegada de la democracia desapareció la censura pero llegó una importante crisis financiera. Por suerte, la editorial Espasa-Calpe acudió al rescate de la revista en 1983 y propuso a sus responsables integrarse en su estructura empresarial, donde continúa hoy.

En 1987, el futuro director de la RAE Víctor García de la Concha se incorporó al equipo editorial y orientó la revista hacia una dimensión más técnica y académica, “lo que no gustó a todos los amigos y colaboradores de la revista”, reconoce Ródenas. 

En 2005 Gómez Sancho asumió la dirección de la revista y adoptó un tono más abierto al público amante de las letras pero no necesariamente especializado en las materias tratadas. No obstante, la revista no ha perdido un ápice de su rigor. Así lo corrobora su reciente ascenso a la categoría Q1 (la máxima) del sistema de clasificación Scopus que mide la calidad de las publicaciones científicas, lo cual depende de una serie de factores como el número de veces que la revista es citada, la diversidad de autores e instituciones que participan en ella, el cumplimiento de buenas prácticas académicas en cuanto a métodos de selección de contenidos y de revisión por pares.

Con estos mimbres y contra viento y marea, esta ínsula de las letras encara el porvenir y se atreve, como ha señalado su directora, “a otear en el horizonte su centuria”.