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'Librerías de Calidad', un adorno en busca de contenido

El Sello de Calidad de Librerías, que hoy ostentan 110 de las 3.556 librerías españolas, carece de beneficios concretos más allá de garantizar un buen servicio. El sector pide exenciones fiscales y ventajas en concursos públicos para premiar su papel como agentes culturales

8 enero, 2020 07:45

“Una placa en la puerta”. Solo eso es, de momento, el Sello de Calidad de Librerías que instauró en 2015 el Ministerio de Cultura por iniciativa del sector y que el propio ministerio dejó de apoyar en 2018, cuando la poeta Olvido García Valdés fue nombrada directora general del Libro y Fomento de la Lectura. Entonces la entidad estatal Acción Cultural Española acudió al rescate del distintivo, que sigue vigente y a día de hoy ostentan 110 librerías, un número todavía minúsculo en comparación con las 3.556 que existen en España, según el último Observatorio de la Librería. La última tanda de sellos se concedió en diciembre, y CEGAL, la confederación del gremio de libreros, pretende conceder muchos más este año.

La cita que abre el párrafo anterior es, precisamente, del ideólogo del sello de calidad, Antonio Rivero, propietario de la librería Canaima de Las Palmas. En su opinión y en la de buena parte del sector librero, no basta con que el sello garantice ante terceros la calidad de los establecimientos, sino que hay que “dotarlo de contenido”: principalmente, que se otorguen puntos adicionales a las librerías que lo tienen en los concursos públicos para la compra institucional de libros y que se les apliquen beneficios fiscales como la exención del pago del IBI y medidas similares, en reconocimiento a su labor de agentes culturales, fundamental en el caso de poblaciones pequeñas que cuentan con pocos recursos de este tipo.

De hecho, algunos libreros y la propia CEGAL denuncian que actualmente la mayoría de concursos que se convocan para dotar de libros a bibliotecas o centros escolares los ganan grandes distribuidoras que pueden permitirse incluir “regalos” en los pedidos, saltándose indirectamente la Ley del Libro, que fija un descuento máximo del 15 % en este tipo de ventas. “Los concursos se están adjudicando a dos o tres empresas especializadas en bibliotecas que forran y catalogan los libros, algo con lo que los libreros no podemos competir. Nosotros calculamos los costes de todo eso y nos salía que con libros de menos 24 euros perdíamos dinero”, señala Rivero. En el próximo congreso de CEGAL, que se celebrará en Málaga en marzo, “uno de los temas importantes será la búsqueda de fórmulas para canalizar las ventas institucionales hacia las librerías de proximidad”, explica el librero de Canaima. “No se trata de que todos los libros se pidan a la librería de al lado, también hay librerías especializadas en toda España que pueden dar servicio en sus libros específicos a cualquier lugar del país”, añade.

Al ‘inventor’ del sello de calidad no se le agotan ideas para mejorar los beneficios asociados a él: propone también la concesión de líneas de crédito especiales del Instituto de Crédito Oficial, o un detalle en apariencia tan intrascendente como la concesión de un vado, “como el de las farmacias de guardia”.

500 candidatas en la sombra

Por su parte, García Valdés consideraba que el sello de calidad no es más que una herramienta comercial que fomenta la competencia desleal, un agravio a la inmensa mayoría de librerías que no lo tienen. Este encontronazo con el gremio acabó desembocando en la dimisión de la directora general del Libro en octubre de 2019 —oficialmente alegó motivos personales—, sin que se haya cubierto la vacante debido a la provisionalidad del Gobierno en funciones durante el pasado año.

“Nosotros nunca hemos pretendido que las medidas relacionadas con la compra institucional y las exenciones fiscales se apliquen antes de que haya un número considerable de librerías que tengan el sello de calidad”, asegura el director técnico de CEGAL. “Actualmente creemos que puede haber más de 500 librerías que podrían obtener el sello. La intención no es excluir a nadie, simplemente establecer unos parámetros de calidad”. Lo que ocurre, sostiene López, es que con la retirada del apoyo del ministerio “se paró el desarrollo del sello y también el número de solicitudes para optar a él”, pero están recuperándose paulatinamente y la intención de CEGAL es que durante 2020 se concedan muchos más sellos.

Se puede optar al sello como como librería generalista o especializada —en el caso de que más del 60% de los títulos sean de una misma materia—, como librería independiente o como cadena. ¿Significa esto que la mayor cadena de España, La Casa del Libro, por ejemplo, podría obtener el sello? “Si cumple los requisitos, por supuesto”, responde el director técnico de CEGAL. En el caso de las cadenas, estos son más exigentes que para las librerías independientes, ya que al contar con una estructura empresarial más grande, se espera de ellas “un nivel superior”, y deben cumplirse en todos sus establecimientos sin excepción. De momento, la única cadena que figura en la lista de librerías con el sello de calidad es Elkar, con 17 sucursales repartidas por el País Vasco y Navarra.

El procedimiento

Cualquier librería puede realizar un test de autoevaluación para comprobar si cumple los requisitos necesarios, disponibles en la web libreriasdecalidad.com. Si el responsable de la librería considera que el resultado de esta autoevaluación es favorable, el siguiente paso es registrar los datos del establecimiento en la plataforma y solicitar una auditoría presencial a cargo de uno de los profesionales acreditados que también están registrados en la web, y que deben tener como mínimo tres años de experiencia como auditores en el sector del comercio minorista. La librería debe pagar entonces 127,50 euros —la cuarta parte del coste de la auditoría, el resto lo abonan AC/E y la Asociación de las Cámaras del Libro—.

María José Sancho es una de las auditoras que determinan si las librerías cumplen los requisitos para obtener el sello. “Hay 32 requisitos obligatorios y otros 30 adicionales. Yo lo primero que hago es llamar a los solicitantes y explicarles cómo es el proceso con el ánimo de tranquilizarles, ya que suelen agobiarse, pero la mayoría de las librerías que optan al sello los cumplen”, explica.

Según los requisitos objetivos necesarios para conseguir el sello, una librería de calidad es una librería con un stock variado, que disponga de un buen fondo más allá de las novedades de temporada, que desarrolle actividades culturales —este es uno de los criterios más importantes—, que sea accesible y energéticamente eficiente y que dé un buen servicio a los clientes.

Los 32 requisitos obligatorios hay que cumplirlos en su totalidad, y sumar al menos 130 de los 200 posibles que otorgan los requisitos adicionales, y al menos el 50 % de los puntos de cada uno de los cuatro bloques en los que se estructura la evaluación. Muchos de los requisitos se acreditan con documentos, otros durante una visita presencial que suele durar al menos media jornada, como la correcta identificación de las secciones de la librería, la limpieza, la buena iluminación o la accesibilidad del local. La labor cultural —presentaciones de libros, charlas, clubes de lectura, concursos, recitales...— se comprueba, por ejemplo, revisando los eventos anunciados por la librería en sus redes sociales o webs, y viendo las fotos que acreditan que realmente se llevaron a cabo.

CEGAL defiende que el proceso es beneficioso para las librerías más allá de que se obtenga o no el sello. “Las librerías aprenden mucho de su gestión gracias a las auditorías. Como en cualquier negocio, se toman hábitos que normalmente no se ponen en cuestión, y muchas veces se detectan deficientes de muy fácil corrección”, explica López.

La primera y la última

Todolibros, la librería más grande de Cáceres, fue una de las primeras librerías españolas que obtuvieron el sello de calidad. A María Vaquero, su propietaria, la vocación no le vino de familia, sino “por venganza”: “Una amiga y yo pedimos un libro a una librería local, nos lo cobraron por adelantado y nunca llegó ni nos devolvieron el libro. Así decidimos abrir nuestra propia librería”, explica. Cuando solicitó la auditoría para optar al sello de calidad, el único requisito que le faltaba era tener el horario en la puerta. “Nunca me había preocupado de ponerlo porque paso más tiempo en la librería que en mi casa”, reconoce la librera.

Al igual que sus colegas, Vaquero reclama que el sello “tenga una implantación real” y beneficios en los concursos públicos. Además, considera que sería más útil, en vez de servir a las bibliotecas un único pedido de libros, repartir la entrega en varias tandas, lo cual permitiría incluir las novedades que vayan saliendo a lo largo del año y atender las peticiones de los usuarios de las bibliotecas.

Una de las últimas librerías que obtuvo el certificado es Luz y Vida, de Burgos, fundada en 1948 y entonces especializada sobre todo en temas religiosos. La segunda generación de libreros la convirtió en generalista, y la tercera ha ampliado el negocio con una segunda librería especializada en el Museo de la Evolución Humana y una librería infantil. “Hemos tenido un reconocimiento a nivel local muy importante a raíz de la concesión del sello. Mucha gente creía que era un premio, y en cierta medida se puede decir que lo es”, dice Álvaro José Manso, actual propietario y nieto del fundador. “Esa parte está bien, pero hace falta desarrollar más el sello. Por ejemplo, que a la hora de pedir subvenciones tener el sello sea un plus. En Francia hay hasta beneficios fiscales para las librerías de referencia. Si aquí ocurriera lo mismo el interés de mejora de todas las librerías sería mayor”. También considera que en los concursos públicos, “ya que no podemos competir con los precios, porque existe un precio fijo, deberíamos poder competir en calidad, y eso lo acredita el sello”. “Además, si no se adjudican los concursos a las librerías de la zona, el dinero de las administraciones locales y autonómicas se va fuera”.

@FDQuijano