Image: Diarios del Sáhara

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Letras

Diarios del Sáhara

Sanmao

22 diciembre, 2017 01:00

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Traducción de Irn Tor Carrogio. Ed. : Rata. Barceñpma- 2017. 462 pp. 22€

La escritora MaoPing Chen, también conocida como Sanmao (China, 1943-Taiwán, 1991), es toda una leyenda en el mundo asiático; su vida se presta sin duda a la elaboración mitológica: vivió en la China continental y en el exilio taiwanés. Se licenció en filosofía y en Madrid conoció a José María Quero, con quien se casó y vivió en el Sáhara entre 1974 y 1975. Cuando los conflictos por el territorio saharaui convirtieron el desierto en un campo de batalla, se trasladaron a Gran Canaria y más tarde a La Palma, donde su marido murió de forma inesperada mientras practicaba submarinismo. Cuando regresó a Taiwán, era ya una escritora consagrada. Allí trabajó como traductora y como profesora de literatura clásica hasta que enfermó de cáncer. Se suicidó en un hospital de Taipéi con unas medias de seda.

Iolanda Batallé quiso conocer la obra que se escondía detrás del mito y de la delicada belleza de la escritora. Descubrió que no estaba traducida y no lo dudó: en octubre de 2016 inauguraba su editorial :rata con Diarios del Sáhara. El libro es una colección de crónicas autobiográficas que Sanmao escribió para un periódico taiwanés durante su estancia en el desierto; unos textos que son, como el Sáhara, salvajes e indómitos. Lúcida y por eso mismo llena de contradicciones, la escritora hizo de su vida un relato capaz de vivificar el mundo. Y el lector no deja de preguntarse: "pero, ¿quién es de verdad Sanmao?: ¿es la snob caprichosa o la intelectual culta?, ¿la niña irresponsable o la vecina generosa?; ¿es el ama de casa abnegada o la analista socarrona?, ¿la cronista políticamente incorrecta o la amiga de legionarios y esclavos?; ¿es la dama elegante o la mujer hambrienta?". Yo creo que es todas esas mujeres y ninguna porque, como un espejismo en el desierto, su identidad siempre se nos acaba escapando.

En Diarios de las Canarias, Sanmao sigue cultivando una voz autobiográfica fascinante y casi como de otro planeta, capaz de revelarle al lector la belleza diminuta del mundo, su incontestable extrañeza. Y aunque estas crónicas son la continuación de la labor literario-periodística que había iniciado en el Sáhara, el lugar que ocupa el yo de la autora es aquí otro: si en el desierto concebía la literatura como espejo y como búsqueda de sí, en su etapa canaria definió su escritura como un juego que no persigue otro objetivo que el de sentir alegría. La felicidad, afirma, es "poner por escrito y contar que cada día veía pasar un caballo y sentía una emoción y una alegría indescriptibles". ¿Les parece ñoño o naíf? En absoluto: lo que hace es confesar que sólo puede habitar su propia felicidad si la consigna por escrito, que sus emociones no son del todo reales hasta que no las escribe.

Tal vez esto explica por qué en Diarios de las Canarias el personaje de Sanmao es menos huidizo y su escritura, más arrebatadora e íntima. Cálidos y arenosos, estos diarios son un peeling para las almas cansadas. Pero el lector sigue sin acceder del todo a la mujer, siempre atravesada por paradojas irresolubles: ¿es ella una gran solitaria o un enorme animal gregario?, ¿una criatura consentida o una vagabunda que adora los vertederos?; ¿es la anfitriona perfecta o una loca empeñada en pintar piedras? Exótica y serena o salvaje y burlona, lo cierto es que aban- donó las Canarias y volvió a Taiwán porque de pronto su vida ya no era una aventura feliz, sino una tragedia. Y entonces se convirtió en una esposa sin palabras porque para llorar al marido muerto sólo se necesita silencio.