Image: Mi vida con los monstruos

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Letras

Mi vida con los monstruos

7 diciembre, 2017 01:00

David J. Skal

La reciente publicación de Algo en la sangre, exhaustiva biografía del creador de Drácula, Bram Stoker, confirma a su autor, el veterano historiador del fantástico David J. Skal, como el mejor especialista actual en el género, capaz de aportar una visión tan penetrante como amplia de su naturaleza más íntima y, sobre todo, del por qué los monstruos nos acompañan desde siempre, despertando al tiempo nuestro horror y nuestra cómplice fascinación.

David J. Skal (Ohio, 1952) caminó entre nosotros este año, durante la 50 edición del Festival de Sitges, tanto como miembro del Jurado Internacional como en su calidad de historiador experto en género fantástico y de horror, biógrafo de personajes fundamentales como Tod Browning o Bram Stoker, cuya biografía, Algo en la sangre (Es Pop Ediciones), presentó durante el certamen. Autor también de varias novelas de ciencia ficción en los años 80, crítico cultural abiertamente gay, comentarista en documentales y programas de televisión, Skal ha cimentado su posición como el más relevante connoiseur de las raíces y puntas del cine y la literatura de terror gracias a un siempre atento examen sociológico y cultural de su historia y naturaleza, que abarca prácticamente todos los campos del conocimiento, puesto de manifiesto en libros tan accesibles como eruditos y profundos, varios de los cuales han sido afortunadamente publicados en nuestro país, como es el caso de Tod Browning: el carnaval de las tinieblas (Filmoteca Española), Monster Show (Valdemar) y Hollywood gótico (Es Pop). Elegante, amable y accesible, Skal contesta nuestras preguntas mostrando la misma lucidez, falta de prejuicios y carga de profundidad que caracteriza sus ensayos repletos de rincones oscuros e ironía.

Pregunta.- ¿Por qué eligió consagrarse al mundo de los monstruos y el horror?
Respuesta.- Mientras crecía, a comienzos de los años 60, descubrí que me sentía profundamente atraído por los monstruos. Películas de monstruos, revistas de monstruos, clubs de fans de monstruos, figuras y miniaturas coleccionables de monstruos... Estaban por todas partes, y nadie se sentía tan fascinado por ellos como yo. En realidad, no estaba solo, porque había montones de chicos raros e inadaptados por todo el país igualmente atraídos por los monstruos y el horror, pero entonces no existía internet y no era fácil comunicarse con otros devotos, excepto a través de revistas como Famous Monsters of Filmland de Forrest J. Ackerman. No había vídeos, ni películas por cable bajo demanda. Simplemente no podías ver tus películas favoritas cuando querías. Realmente la única cosa que podías hacer era leer sobre ellas, hablar sobre ellas, coleccionar e intercambiar fotografías y posters, o podías filmar tus propias películas de monstruos en 8 mm en el patio trasero o el sótano de tu casa. Yo hice todas esas cosas, empezando en la escuela elemental y siguiendo hasta el instituto, cuando comencé a interesarme por otras cosas.

» Pero nunca había buscado ningún motivo para mi obsesión por Drácula, Frankenstein y el Hombre Lobo hasta casi los cuarenta años. Había comenzado a investigar para mis libros Hollywood gótico y Monster Show. Fue entonces cuando descubrí que mi propio interés inicial por los monstruos coincidió con el apogeo del pánico y la ansiedad nuclear de la Guerra Fría. En efecto, los monstruos constituían un refugio seguro para mi generación: criaturas tranquilizadoras que no podían morir. Otras décadas tienen sus propios traumas y rupturas conectadas también con el horror como entretenimiento: la Primera y Segunda Guerras Mundiales, la Gran Depresión, Vietnam, la revolución sexual y la epidemia del SIDA, por citar algunos. Desde entonces he estado escribiendo sobre todo ello.

P.- Después de su exhaustiva biografía de Stoker, ¿queda algo que decir sobre el autor de Drácula?
R.- Cuando terminé de escribir Algo en la sangre pensé realmente que había agotado todas las vías de investigación existentes, y que no escribiría otro libro sobre Stoker o su vampiro. Creo que he hecho todo lo posible por explorar su sexualidad, principalmente por comparación y contraste con su conocido de toda la vida Oscar Wilde, y que cualquier otra cosa sería ir más allá de la especulación razonable y entrar en el terreno de la ficción. Pero recientemente ha aparecido nueva y sorprendente información acerca de la escritura de Drácula, que revelaré no en uno, sino en dos libros nuevos. Esta vez tengo un colaborador, el estudioso americano de Stoker, John Edgar Browning.

Potadas de los libros Hollywood gótico, Monster Show y Algo en la sangre

P.- Al menos tres de sus libros, Tod Browning, Hollywood gótico y Algo en la sangre, tienen en común el mito de Drácula. ¿Qué significa Drácula para usted?
R.- A principios de los 60, cuando descubrí el terror, el mundo entero parecía completamente fuera de control. Creo que Drácula se convirtió en mi monstruo favorito porque era el único que estaba siempre completamente al mando de cualquier situación, lo que yo encontraba extrañamente reconfortante. Y aunque entonces era demasiado joven para entender qué significaba ser gay, había algo sexualmente transgresor acerca de los vampiros que al menos intuía y sentía próximo. Los otros monstruos parecían interesados sólo en llevarse a la chica, pero Drácula parecía interesado en jugar también con los hombres. Estaba fascinado completamente por el film de 1931 con Bela Lugosi, en el que Drácula invita seductoramente a Renfield a su castillo para lo que es esencialmente una cita con violación, toda completa, con droga administrada sin consentimiento incluida.

P.- En Monster Show analiza el cine de terror en relación a las grandes crisis del siglo XX, dejando claro que el horror está en apogeo cuando la sociedad se encuentra en medio de una crisis, pero... ¿cuándo no está la sociedad en crisis? ¿Cuándo no ha estado de moda el terror?
R.- Me alegra que haya tocado este punto, porque normalmente los entrevistadores suelen preguntarme: "¿por qué son tan populares otra vez los monstruos?", cuando en realidad no ha habido ningún momento en el que no hayan sido populares. Simplemente cambian y mutan en nuevas formas. El horror ha atraído siempre a escritores y cineastas porque es un género perennemente popular y siempre hace dinero. Mucho más para los estudios y las editoriales que para los creadores, pero eso también significa que es más fácil que te den luz verde para escribir una novela de terror o hacer una película de monstruos que para proyectos de otros géneros. Y sí, creo que es porque siempre hay alguna ansiedad social o trauma cultural próximos que provocan que la gente prefiera procesar sus miedos a través del entretenimiento asustante. El horror pone una máscara de monstruo de miedo a las cosas que verdaderamente nos aterrorizan en el mundo real, pero que encontramos muy difícil reconocer directamente. Siempre he pensado que una de las razones por las que los vampiros no se reflejan en los espejos es porque si lo hicieran, nos veríamos forzados a mirarnos a nosotros mismos. Nos guste o no, en un análisis final, los monstruos somos nosotros.

P.- Tod Browning, Bela Lugosi, James Whale e incluso el propio Stoker... ¿Es fruto siempre la mejor ficción de horror de personalidades perturbadas y marginales?
R.- Hay un elemento de marginalidad en la mayoría de la gente creativa. Ese es el motivo que les lleva a recrear la realidad a través de la ficción. En el género de horror el proceso se ve magnificado porque el marginal se representa habitualmente por medio de algún tipo de monstruo más grande que la vida misma. Mucha más gente que nunca se siente hoy marginada, y probablemente haya algo anormal en cualquiera que no se sienta perturbado por las condiciones del mundo moderno. Todo esto crea una amplia receptividad hacia las narrativas del miedo y quizá explique por qué el terror es una categoría tan amplia, abrazada con entusiasmo por gente de todo el mundo.

P.- ¿Ha sido el arquetipo del monstruo una bienvenida metáfora para la diferencia y la rebelión sexual en la cultura gay contemporánea?
R.- Tan tempranamente como en los años 30, los cineastas utilizaban a los monstruos marginados para representar a las personas gay porque se trataba del único tipo de representación que estaba a su alcance. James Whale describió al monstruo de Frankenstein como un chivo expiatorio perseguido con el que los espectadores gay podían identificarse inmediatamente y por quien los espectadores generales podían al menos sentir piedad. La Condesa Zaleska en La hija de Drácula era una figura trágica similar, que además proporcionó inspiración para Anne Rice, cuyos vampiros pudieron emerger como seres conflictivos de sexualidad indeterminada que atrajeron una amplia audiencia gay. Las vampiras explícitamente lesbianas fueron los primeros monstruos inexcusablemente gay que aparecieron en pantalla, en las películas de la Hammer, y para la época de True Blood ya no hay metáfora alguna.

P.- ¿Cree que la actual corrección política y la ola de nuevo puritanismo pueden estar afectando al género de terror?
R.- En su mejor expresión, el horror no deja que nadie se sienta cómodo. Es interesante que el horror sea a menudo tan conservador como transgresor. American Horror Story es una serie televisiva desigual, pero es muy buena demoliendo las vacas sagradas tanto de la izquierda como de la derecha. Por lo que a mí respecta, no hay un "nuevo" puritanismo. Como los monstruos, el puritanismo es una fuerza que nunca parece desaparecer. No sé en España, pero nada asusta más a los estadounidenses que el sexo. Y como es difícil que esto cambie, el horror que conlleva transgresión sexual siempre estará en demanda.

P.- ¿Qué piensa del futuro del género?
R.- Creo que está asegurado que seguiremos viendo extraños invasores terroríficos, representando temibles fantasías culturales acerca de los refugiados, las minorías y el terrorismo.

P.- Finalmente, ¿puede decirnos algo de sus próximos trabajos?
R.-Aparte de mis nuevos libros sobre Drácula, estoy trabajando en una suerte de secuela de Monster Show titulada I Hear America Screaming: The Politics of Horror.