Image: John Connolly: El nazismo fue un pillaje masivo, y su mal aún no está purgado

Image: John Connolly: "El nazismo fue un pillaje masivo, y su mal aún no está purgado"

Letras

John Connolly: "El nazismo fue un pillaje masivo, y su mal aún no está purgado"

27 enero, 2017 01:00

John Connolly. Foto: Mark Condren

Dice John Connolly, ilustre fan de Stephen King, que si su serie sobre Charlie Parker tiene aspectos sobrenaturales es porque, en cierto sentido, lleva al extremo la máxima con la que se abre la famosa novela de William Gaddis Su pasatiempo favorito, aquella que dice: "¿Justicia? La justicia se encuentra en el otro mundo. En este lo que hay son leyes". Y a estas alturas, en su entrega número 14, decide que va a enfrentar a un Parker convaleciente a los fantasmas del nazismo.

John Connolly, el escritor que amaba a Stephen King y a William Gaddis por igual, y que, aunque nació y creció en Dublín, la 'bloom-ciudad' de James Joyce, pasa aún largas temporadas en Maine, el estado norteamericano en el que ambienta los casos de su detective, el malogrado Charlie Parker, asegura que la novela negra lidia, inevitablemente, con los restos del pasado que "continúan agarrándose al presente", con el Mal no resuelto, "no purgado", que, como una burbujeante lava tóxica, anida bajo el asfalto que pisamos. Y eso, su convicción, está más que presente, se diría incluso que es el motor, de su novela número 14 -de la serie de Charlie Parker-, la titulada La canción de las sombras (Tusquets) que, como siendo habitual en el caso del siempre sonriente Connolly, cuenta con su propia banda sonora -canciones de Low, Damon & Naomi with Ghost, y, cómo no, Mark Kozelek, el líder de Sun Kil Moon, que incluso le escribe ya canciones inspiradas en el universo Parker -. ¿Y por qué se diría que esta novela en especial reflexiona más que el resto sobre cómo el Mal del pasado sigue infectando el presente? Porque en ella, Parker, que, herido tras la batalla de Prosperous (ocurrida en su anterior entrega, El invierno del lobo), se instala en un pequeño pueblo, supuestamente para no hacer otra cosa que recuperarse, y acaba topándose con criminales nazis que viven, ocultos, entre los habitantes del pequeño Boares. Todo está bien a la llegada de Parker, pero luego deja de estarlo. Y al parecer, su vecina, Ruth Winter, tiene algo que ver con lo que está pasando, y a Parker no le importa tanto ella como su hija, la pequeña Amanda Jane, que quizá, sólo quizá, le recuerde a su propia hija, a la que perdió, recordémoslo, hace mucho tiempo.

Connolly, que cada vez pasa menos tiempo en Estados Unidos porque, dice, "verdaderamente las cosas allí están cada vez peor, la gente es cada vez más egoísta", apunta que la llegada de Parker al pequeño pueblo provoca una especie de "desequilibrio", un desequilibrio dolorosamente moral, metafísico, que acaba desembocando en una serie de crímenes que no podían no suceder. Porque "existe un efecto dominó en la idea del crimen: uno no puede cometer un crimen sin cometer otra a continuación", dice. Recuerda la famosa novela de Scott Smith A simple plan, la historia de un puñado de tipos que encuentran una maleta con cuatro millones de dólares en el bosque, y que deciden quedarse el dinero, y que, al hacerlo, están cometiendo un crimen que no va a hacer otra cosa que llamar a otros crímenes. Invitado de honor al festival 'noir' BCNegra, el de Dublín reivindica el género y la idea del misterio por encima de todo, y se muestra convencido de que Charlie tiene cuerda para rato, y al menos nos esperan una docena más de casos, porque lo que se ha propuesto es trascender, de una vez por todas, el género.

Tendemos a pensar que los lectores son menos aventureros de lo que son"

Pregunta.- ¿A qué se refiere con que su idea es la trascender el género negro?
Respuesta.- A que pasa algo curioso cuando hablamos de novelas de género negro y de novelas de ciencia ficción y es que parece algo único de la fantasía y la ciencia ficción el que se pueda crear un mundo aparte, y que el lector pueda pasarse años instalado en ese mundo, que haya miles de páginas escritas sobre él, y que éste constituya algo distinto, un verdadero refugio. La novela negra tiende a jugar con compartimentos estancos, casos que se resuelven y que van configurando la vida del detective, al que el lector sólo sorprende en mitad de uno de esos casos. Yo me propongo hacer las dos cosas a la vez. Que cada novela de Charlie Parker sea un caso estanco, pero que, una vez leídas todas, formen un todo que no se parezca a nada, formen su propio universo. Cuando acaben de leerlas todas descubrirán que forman parte de un género completamente distinto. Tendemos a creer que los lectores son menos aventureros de lo que son. Yo los estoy introduciendo en un mundo sobrenatural sin que se den cuenta. Porque lo estoy haciendo paso a paso. Y ellos se están dejando llevar. Y ahora ya están en mitad del bosque y quieren continuar hasta el final. No van a volverse atrás. Lo que hago es cada vez más extraño, pero ellos lo aceptan.

P.- Ya que habla del elemento sobrenatural, que está ahí todo el tiempo, permeando cada una de sus historias, en este caso tiene que ver con Amanda, la niña.
R.- Sí. Con Amanda y con la hija muerta de Charlie. Charlie ha llegado al pueblo y en cierto modo lo ha infectado con su propio pasado. Pero a la vez esta niña tiene que ver con esa otra historia, la intrahistora que recorre todos los libros, el hilo oculto que, poco a poco, irá desvelándose, y que está construyendo otro mundo, un mundo paralelo al que estamos viendo, al que experimentamos cuando leemos. Digamos que cuando leemos nos quedamos con lo que ese personaje aporta a la historia en concreto que nos está contando, pero no con lo que podría suponer si miramos ese mundo desde lejos.

P.- Situémonos: Parker está convaleciente pero no duda en empezar a echar una mano a la jefa de policía, Cory Bloom, cuando aparece el cuerpo de un judío que parece haber recorrido una larga distancia para suicidarse, y, a la vez, una familia entera aparece asesinada, y el hijo desaparecido se convierte en el principal sospechoso.
R.- Sí, pero eso es sólo el principio. Lo importante de esta historia es la idea de cómo el pasado sigue presente. De cómo el crimen pasado, si no se limpia, si no se purga, va a seguir atormentándonos siempre.

P.- ¿Se propuso, desde el principio, volver al Holocausto?
R.- Sí. Ocurrió el día en el que me topé con el caso de Hans Breyer, un criminal nazi que residía en Estados Unidos y al que se juzgó por sus crímenes. Vi una imagen de él, en el juzgado, un hombre débil, anciano, que casi no podía sostenerse en pie, y me pregunté cuánta gente se apiadaría de él por el mero hecho de que es alguien mayor, sin pensar en que lo que había hecho en el pasado era algo horrible. Y entonces pensé en todos esos criminales nazis que fueron recolocados, aquí y allá, tras el fin de la guerra, y en todo ese Mal que, como decía, no fue purgado, y acaba estallando, cada cierto tiempo. Como estalló en Yugoslavia, sin ir más lejos.

Creo que toda la novela negra lidia con los fantasmas del pasado"

P.- Es usted un gran admirador de Ross MacDonald, muy obsesionado también con el hecho de que los hijos acaban pagando los pecados de sus padres.
R.- Sí. De hecho, creo que toda la novela negra lidia con esos fantasmas del pasado. El detective es la figura, el agente, que pone en contacto ese pasado con el presente, es quien se encarga, una y otra vez, de resolver lo irresuelto, para que pueda descansarse en paz. Una vez empieza a tirar del hilo, del cabo suelto que ha quedado, el tapiz se deshace por completo. Y he aquí el placer del escritor de novela negra y también del lector.

P.- Lleva 18 años escribiendo novelas de Charlie Parker, ¿qué tal se lleva con él?
R.- Estupendamente. Cada vez me llevo mejor con él, de hecho. Bueno, en realidad, ha ido creciendo conmigo. Ha ido cambiando conmigo, también. Es cierto que me ayuda hacer cosas distintas, entre un libro y el siguiente. Como la serie de ciencia ficción en la que estoy trabajando. O los ensayos que escribo. Ahora, de hecho, estoy acabando una novela muy literaria de la que probablemente venda 10 ejemplares pero que me ha ayudado en muchos sentidos a que el siguiente caso de Parker sea mucho mejor. Lo importante es no dejar de aprender nunca. Ir ganando en profundidad. No hubiera sido capaz, por ejemplo, de escribir esta novela -La canción de las sombras-, con un Parker herido y que piensa en la muerte en la manera en que lo hace, con 25 años. Ni pensarlo.

P.- Una cosa que llama la atención de la novela es que, en este pequeño pueblo, las mujeres mandan. Por lo menos, en la policía. La jefa de policía es una mujer, mujeres son las detectives, y los hombres, se cuenta, van jubilándose sin que nadie los replace. ¿Es algo que está ocurriendo, o intentaba reivindicar el papel de la mujer?
R.- Supongo que debe estar ocurriendo, claro, pero quise hacerlo así porque, para preparar mi serie de ciencia ficción y fantasía me di cuenta de lo machista que era todo ese mundo, de la poca presencia femenina que había en la literatura de género, y de vuelta a mi serie con Charlie Parker me dije: '¿Por qué nos parece normal, siempre, que haya dos hombres detectives investigando, o un hombre y una mujer, pero nunca dos mujeres?' Y decidí que eso es lo que haría. Que iba a darles más papel a las mujeres, porque no estaba siendo justo con mis personajes femeninos. Esa es una de las maneras en que lo que escribes puede hacer que cambies, respecto a lo que mencionaba antes.

He querido darles más papel a las mujeres, porque no estaba siendo justo con mis personajes femeninos"

P.- Y ya que estamos, situar la historia en un pequeño pueblo debe haber sido un reto, como escritor, y le da, sin duda, un carácter muy especial a la novela.
R.- Sí, me lo he pasado francamente bien. Me gusta que el espacio sea contenido. Es un pequeño pueblo en el que además parece que todo debe ir bien siempre. Y en el que los pequeños problemas cotidianos tienen que vérselas con una maldad universal, y enorme, como la del nazismo. Lo pequeño enfrentado a una pérdida de vidas masiva, a crímenes planetarios. En cierto sentido, es como si hubiera puesto un vaso al revés sobre ese pueblo, y no dejase salir ni entrar nada. Pero como si lo hubiera hecho una vez todo ese Mal del pasado ya hubiese formado auténticas raíces ahí.

P.- En un momento dado, un personaje terriblemente maléfico, en un monólogo terrorífico, asegura que no es cierto que los crímenes se cometan siempre por amor y dinero, sino que lo que nos lleva a cometerlos es la avaricia y el miedo, ¿está de acuerdo?
R.- No sé si estoy de acuerdo. Lo que intenta hacer ese personaje es autojustificarse por los crímenes que él mismo ha cometido. Y no dice nada de la maldad. Porque muchos crímenes se cometen por la maldad de cometerlos. Los nazis, mismos, fueron una especie de conspiración malvada masiva. No había idealismo, ni siquiera el idealismo ridículo que trataba de venderse. Eran ladrones. ¿O un idealista se detendría a sacarle las muelas de oro a un enemigo? ¿Robaría obras de arte? El nazismo fue un pillaje masivo. Robaron a una escala sin precedentes, a toda Europa.

P.- ¿Y qué eco tiene todo aquello aún en la sociedad de hoy?
R.- Sigue estando por todas partes. Ese Mal no se ha purgado, y reaparece cuando menos te lo esperas. La llegada a los gobiernos de toda Europa de partidos de ultraderecha es un eco del pasado, pero también lo es toda la intolerancia que se respira en la sociedad de hoy, en la que lo que importan son las opiniones y no los hechos.

@laura_fernandez