Image: Ludmila Ulítskaia

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Letras

Ludmila Ulítskaia

"La fe ayuda a sobrevivir pero a nivel estatal resulta peligrosa"

Jacinta Cremades
Publicada

Ludmila Ulítskaia publica en Daniel Stein, interprete (Editorial Alba).

La escritora rusa publica 'Daniel Stein, interprete' (Editorial Alba). Basado en un personaje real, la novela retrata la vida de un judio polaco que salvó a cientos de personas del Holocausto en el gueto de Emsk

Liudmila Ulítskaia (Davlekanovo, 1943) acaba de llegar a Madrid para hablar de Daniel Stein, interprete (Editorial Alba), su última novela publicada en España. Es una de las autoras rusas más conocidas de hoy en día y sus libros han sido traducidos a veinte idiomas. Sin embargo, va vestida de negro, lleva el pelo corto y sin maquillaje en la cara. Ulítskaia pasó su infancia en Moscú, ciudad en la que vive en la actualidad. Reconocida en el extranjero, a lo largo de su carrera como escritora ha ganado premios internacionales como el Medicis (1996), el Premio Man Booker International (2009), el Simone de Beauvoir, en Italia el Penne en dos ocasiones y el Giuseppe Acerbi y, en Corea del Sur, el Pak Kyong-ni. Bióloga de formación, en los años 80 la despidieron de la Academia de Ciencias de Moscú por su actitud hacia el régimen comunista y empezó a escribir. Desde entonces, ha publicado unos veinte libros que van desde novelas a cuentos infantiles y obras de teatro.

- Daniel Stein, interprete ganó en 2007 el Premio Big Book. Cuenta la historia de Daniel Rufeisen (1922-1998), cuyo nombre de pila era en verdad Oswald, personaje real que usted conoció en 1996.
- Desde el momento en que lo conocí, hasta que decidí escribir sobre su vida, pasaron trece años. El hermano Daniel se me quedó en el corazón. Tenía miedo de escribir sobre él pero su persona, su personaje, jamás me abandonó a lo largo de todos esos años. La verdad es que el libro tardó en germinar. Primero hice una versión más narrativa y tradicional. Enseguida me di cuenta de que este tipo de narración no correspondía a un personaje tan extraordinario como Rufeisen. Poco a poco, el libro me conducía a una estructura determinada, abierta y bastante más complicada. La novela se iba dibujando sola, con recortes, crónicas, diarios, testimonios. Al principio, me parecía un libro imposible. Tarde muchos años en escribirlo. En cada momento tenía en mí ese sentimiento de frustración por no llegar a realizar, a plasmar, a recrear la importancia del Hermano Daniel.

- Hoy en día las novelas que reconstruyen un pasado real se acercan a una estructura con diversas voces narrativas.
- Es posible, aunque no me atrevo a decir que soy una innovadora. John Dos Passos en Paralelo 42 rompía ya con los moldes de la novela. Veo algunos rasgos que se encuentran en el proceso creativo literario actual y lo que me gusta es que el canon se rompe constantemente. Los acontecimientos más interesantes, en el mundo del cine y de la literatura, ocurren en este cruce de caminos, de campos muy distintos, hasta opuestos y es eso lo que más me interesa de la creación hoy en día. Pero en mi caso concreto no hubo intención de innovar. Si no que fue la historia, la fábula, la que creó su propia forma.

- ¿Podría contarnos cómo entró en contacto con el hermano Daniel?
- Fue a través del cristianismo. Durante los años 60, cuando estaba aún prohibido en Rusia, me sentí cerca del cristianismo. Nos reuníamos de forma clandestina. Los creyentes eran personas cultas, conscientes de lo que hacían y de su fe. Una de estas personas de las que hablo, un gran amigo mío, era otro sacerdote de la iglesia ortodoxa, el Hermano Alexandre Min. Una persona muy valiosa, escritor religioso, que nos legó textos muy interesantes. Hace 20 años le mataron con un hacha, cuando se celebraba el día de San Juan Bautista. Hay gente que piensa que Alexandre Min era un Santo. Pues bien, el hermano Min era amigo del Hermano Daniel con el que se carteó durante años. Él fue quien me lo presentó. Tenían algo en común los dos. Habían sido judíos que llegaron al cristianismo por su fe en Cristo. Algo molesto para la comunidad judía.

- El conflicto entre judaísmo y cristianismo, lo que representa la identidad tanto judía como cristiana en el siglo XX, recorre las páginas de la novela.
- Sí, de hecho la gran polémica del libro es la relación entre este personaje y las diferentes religiones. Daniel Stein quería reencontrarse con el primer cristianismo, la primera iglesia de Jerusalén. El hermano Daniel estuvo una vez en mi casa de Moscú, mientras vivía en Haifa. Al estar delante de él, tuve la impresión de que me encontraba delante de uno de los apóstoles vivos de Cristo. Vinieron también un grupo de amigos con los que pasamos todo el día hablando de Cristo. Por suerte grabamos estas conversaciones. El cristianismo es un río que observa distintas ideas y conceptos. El hermano Daniel predicaba un cristianismo vivo, alejado de los dogmas. Cristo visto como la expresión máxima del humanismo.

- Daniel Stein, intérprete es la historia de un judío polaco. Inspirado en la vida de un personaje real que usted conoció, Stein se salva del Holocausto haciéndose pasar por un interprete alemán. Además, organiza la huida del gueto de Emsk salvando a cientos de judíos. Con 23 años se convierte al catolicismo y entra en la orden de los Carmelitas Descalzos. Una vez en Israel luchará porque su identidad judía le sea reconocida.
- El cambio se operó en ese momento. El día antes de la destrucción de ese gueto, hubo una confrontación. La mitad aceptaba la fuga que proponía Daniel Stein. La otra mitad prefería quedarse. Los judíos habían reunido las joyas que entregaron como soborno a un funcionario a cambio de que no los matasen. Por eso Daniel solo consiguió huir con la mitad de los judíos del gueto: eran los más decididos y los más dispuestos a luchar por su vida. Los débiles, los ancianos, los niños, se quedaron. Esa noche en la que se marcharon, Daniel Stein se escondió cerca del gueto, y oyó los disparos que mataban a los que habían decidido quedarse. Para él, este fue el momento de crisis religiosa. Se dio cuenta de que era incapaz de creer en un Dios que consentía la muerte de toda esa gente indefensa. ¿Dónde estaba Dios en este momento? Fue la pregunta que se hizo Daniel. Su respuesta que escuchó dentro de sí fue que el que se quedó fue el dios del sufrimiento. En ese momento, se sintió más cerca de Cristo que nunca y de ahí su conversión.

- ¿La investigación del libro luego le llevó a entrar en contacto con las personas que habían vivido con el hermano Daniel? - Sí. Tuve que viajar varias veces a Israel y me entrevisté con muchas personas que habían sobrevivido al Holocausto. Fue increíble descubrir que muchas de ellas, aunque habían sido judíos creyentes, después del Holocausto no fueron capaces de volver a pisar una sinagoga.

- ¿Piensa usted que uno de los males de nuestra sociedad occidental es la falta de fe?
- Más bien creo que es el exceso de egoísmo en todas sus versiones. El egoísmo social. Nacional. Para nosotros es mas fácil aceptar al budismo o la religión musulmana que a nuestro vecino rico. La fe ayuda a sobrevivir pero a nivel estatal resulta una fe peligrosa.

- ¿Y qué piensa del actual Papa Francisco?
- Me gustaba tanto Juan Pablo II que temo que cualquier Papa tiene difícil ocupar su lugar. Hace tres años estuve en una recepción en el vaticano con Benedicto XVI justamente por la publicación en Italia de esta novela. Me recibió en el Vaticano y debo confesar que salí impactada del encuentro. Asistí a un verdadero desfile de trajes, vestuarios, como jamás había visto. Arzobispos, cocineros, servicio... cada una de las funciones vestía un uniforme perfeccionado durante siglos. Fue un espectáculo histórico a gran escala. El Papa habló en la Capilla Sixtina, y sus zapatos rojos de charol fueron la guinda de este val de disfraces. Yo pensaba para mis adentros ¿y si ahora por milagro apareciera Jesús que durante toda su vida vistió la misma ropa? Es ese cristianismo pobre el que predicaban tanto el Hermano Daniel como mi amigo el Hermano Alexandre al que me siento cercana. Además de ellos, también podría nombrar a otra decena de personas que para mí fueron santos. Esta magnificencia del almuerzo ofrecido en el Vaticano, de las obras de arte colgadas en las paredes -en la iglesia ortodoxa tenemos lo mismo- nada de esto es Cristo. Gracias a Daniel lo sé con seguridad.