Image: Francisco Umbral: “Estoy más allá del miedo a la muerte”

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Letras

Francisco Umbral: “Estoy más allá del miedo a la muerte”

2 octubre, 2003 02:00

Francisco Umbral. Foto: Mercedes Rodríguez

Francisco Umbral vuelve al tajo. Al tajo inmenso e intenso que mece su vida. Umbral vuelve a la escritura, a las palabras arborescentes, al pensamiento irónico, a la novela. El 3 de octubre aparece Los metales nocturnos (Planeta), novela de una sola noche que son todas las noches, madrileña y canalla, esplendor en la hierba umbraliana. Pero esta vez son estas primeras palabras, escuetas y algo ácidas, las que merecen una celebración. Porque el escritor vuelve al tajo después de una temporada en el infierno que prefiere olvidar: una enfermedad en principio sin importancia, las cosas que se complican, una neumonía y, al final, dos meses largos de ausencia con pensamientos de muerte y otras lejanías. Pero hoy no quiere hablar de ello. Umbral sólo quiere ahora retomar la literatura y ofrecérsela a los lectores. Como siempre. El Cultural adelanta hoy unas páginas de Los metales nocturnos que nos demuestran que efectivamente el mejor Umbral ha regresado, y sus respuestas, desnudas y afiladas, a un cuestionario.

-Sin melodramas ni sensacionalismos, de acuerdo. Pero me dejará que le pregunte, primero, por su salud, por su vuelta a la actividad, por su estado de ánimo.
-Me han operado, como a tanta gente, y lo han hecho muy bien. Nada más.

-¿Llegó en algún momento a pensar en la muerte?
-Sí. Desde ciertas situaciones, la muerte parece sólo un trámite. Estamos más allá del miedo a la muerte.

-Después de todo lo pasado, ¿en qué es fundamentalmente un hombre distinto?
-En que ahora soy más conocido, aunque se me vea menos. He dejado atrás un aura de triunfador muy incómoda.

-Creo que la memoria de un mes se le ha borrado. Cuéntenos algo de esa no-memoria, clave para un escritor como usted, que ha escrito de su infancia, de su lucha por la vida...
-Literariamente, ese mes está perdido, y me alegro de que así sea. Retomo la literatura y se la ofrezco a los demás.

-Háblemos pues de Los Metales nocturnos, que publica Planeta. Es su primera novela-novela tras muchos años de novelas-crónicas, novelas-artículos, novelas-memorias. ¿Intenta demostrarles algo a los críticos que niegan que escriba usted novela, usted que es en sí mismo un género literario?
-De quien están más cerca algunas novelas mías es de Samuel Beckett. El despojamiento argumental de Un ser de lejanías quizá no sea novela para algunos críticos, pero sí lo ha sido para los mejores.

-Narra en la novela el descenso de un escritor a los infiernos de la noche madrileña, con sus putas y sus drogas, sus amigos falsos y sus muertos: ¿por qué ésta y no otra era la novela que necesitaba escribir ahora?
-Necesitaba escribirla no por razones literarias, sino autobiográficas. Echo mucho de menos esa temporada en la cárcel que pasa el personaje y que a mí no me llega nunca.

-En Los metales nocturnos el protagonista, Jonás, va a visitar a Umbral a su casa y le describe como un hombre "altivo o ausente", que "ahora se ha convertido en un solitario"... ¿Por qué ese desdoblamiento? ¿Qué le ha prestado de sí mismo al protagonista, "Jonás", y quién es su ballena?
-Mi ballena, como digo, quizá sea la de la cárcel. O tal vez haya sido la enfermedad, a veces en figura de muerte, pero no me he enterado. Para la cárcel tienes que matar a alguien y eso sólo está bien visto en los asesinos.

-Escribe: "Yo era un intelectual de izquierdas que había perdido el instinto moral, como todos los de mi raza, con la caída de los valores, el derrumbe de la utopía socialista y la victoria definitiva del capitalismo popperizado". ¿En realidad lo ve todo tan negativo?
-Hoy más que antes. Aunque quizá sea cosa mía.

-Pero ¿qué es ser hoy un intelectual de izquierdas?
-Perder la partida en ambos campos.

Rajoy, genio del caos armonizado

-Déjeme preguntarle al último ácrata que es Umbral qué fue de la anarquía, de tantos muertos por los ideales de la izquierda, de tantos vencidos.
-Somos los huérfanos de aquellos muertos y la anarquía se ha quedado en una postura. Hay que llegar, como Sartre, a ser el anarquista de sí mismo. Ni libros, ni fama, ni amigos, ni una mujer, ni una idea. últimamente, Sartre sólo escribía contra sí mismo. Pues eso.

-Usted escribió que llegar a la madurez "no es llegar al orden, sino instalarse definitivamente en el caos. Aceptar el caos". ¿Cómo se vive en el caos?
-Acabo de decírselo. Procurando no tener un programa ni poner un libro en su sitio cuando se cae. Esto no es una antiutopía. Es el pensamiento irónico que se viene haciendo desde Roland Barthes para acá.

-¿Y cómo se ve España desde el caos?
-Tenemos un genio del caos armonizado, que es el señor Rajoy. Ahí sí que se esconde un nihilista.

-A estas alturas del camino, ¿le queda alguna provocación pendiente, en estos tiempos tan templados y complacientes?
-Todo son provocaciones. Por eso debemos acogernos a la gran contraprovocación que se ve venir.

-¿Y cómo se sobrevive a la vulgaridad ambiente de una España convertida en un inmenso patio de vecinos y ladrones, de sueños vencidos, de utopías caídas, de estafas y mercaderes?
-Denunciando cada día la mezquita y el mercado, la capilla y la cultura.

-Hablando de mercaderes, dicen que las editoriales (algunas, al menos) creen que es posible inventarse modas y escritores con la misma facilidad con que las discográficas crean cantantes: ¿tienen razón? ¿Hay muchos impostores en nuestras letras?
-Creo que tienen razón, efectivamente, y que se ha sustituido la literatura -ese petrefacto- por la producción en cadena.

-Otro asunto espinoso: ¿qué fue de su libro sobre el problema vasco? ¿Piensa recuperarlo o lo da por perdido definitivamente?
-No lo doy por perdido porque lo tengo yo. Pero ya no vale la pena publicarlo porque el terrorismo se ha hecho soluble en las guerras del señor Bush.

-¿Cree que los intelectuales, y pienso ahora en el polémico documental de Medem, están planteado el problema correctamente?
-No he visto La pelota vasca, pero ahora el terrorismo tiene intelectuales. Siempre los ha tenido. Lo que pasa es que no son lo decisivo, ni mucho menos.

-¿Con qué estado de ánimo le salen mejor los artículos, tiene que estar enfadado, furioso, alegre? ¿Cómo se siente hoy, por ejemplo?
-Con muchas ganas de escribir. Pero verá usted por la muestra que más vale que no lo haga.

-¿Y qué novela le falta por hacer?
-Alguna de Cervantes.

-¿Cuál será el tema de su primer artículo de la ‘rentrée' en su columna de El Mundo?
-Ana Palacio. Dijo Heidegger que estamos atravesados por el lenguaje. Ana no es más que lenguaje.