Detalle de la portada del libro 'Diario secreto de José Antonio', de J. A. Martín Otín (ed. Espasa). A la derecha, José Antonio Primo de Rivera durante un mitin de Falange en 1935. Foto: Ortiz

Detalle de la portada del libro 'Diario secreto de José Antonio', de J. A. Martín Otín (ed. Espasa). A la derecha, José Antonio Primo de Rivera durante un mitin de Falange en 1935. Foto: Ortiz

Historia

Más próximo a Durruti que a Franco: el diario secreto que cambia la imagen de José Antonio Primo de Rivera

Un libro revela las notas manuscritas del líder de Falange tras su arresto en 1936, que refutan su implicación en el golpe y el mito que construyó el franquismo en torno a él.

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Miguel Aranda Arenas
Publicada

El 20 de abril de 1937, en una España en llamas por la contienda civil, habían transcurrido cinco meses justos desde la muerte de José Antonio Primo de Rivera frente al piquete de ejecución en la prisión de Alicante. En una nación partida en dos desde el 18 de julio anterior, el general Franco detenta el poder absoluto en la zona sublevada contra el Gobierno de la II República, y hace y deshace a su antojo.

Ejerciendo ese mando ilimitado, el Caudillo firma en la fecha que inicia esta narración el decreto que unifica Falange Española —el partido de corte fascista que José Antonio lideró desde su creación en 1933 hasta su fusilamiento el 20 de noviembre de 1936 a manos de los leales al Frente Popular— con la conservadora hasta la saciedad Comunión Tradicionalista. Desaparecido Primo de Rivera, la Falange quedaba diluida en mera parafernalia de un régimen arcaico a cuya violenta instauración no había contribuido su dirigente.

Así lo ha probado el periodista José Antonio Martín Otín con su libro Diario secreto de José Antonio (Espasa), en el que revela las notas manuscritas que el protagonista fue tomando a lo largo de marzo de 1936, mes en el que fue arrestado por el gobierno republicano acusado de “asociación ilegal”, como el propio detenido plasma en el cuaderno al que Martín Otín —conocido como Petón— ha tenido acceso.

No contribuyó José Antonio al alzamiento armado de un sector del Ejército y otros grupos reaccionarios contra el Frente Popular, en el poder desde las elecciones de febrero de 1936. O no lo hizo en vida. Ya se ocupó el régimen franquista vencedor de la Guerra Civil de manipular su figura en beneficio propio. Su fusilamiento a manos del enemigo rojo no hizo más que facilitarle la tarea al dictador.

Un Franco, por cierto, al que Primo de Rivera conoció en la boda del futuro falangista Serrano Suñer, cuñadísimo del general. En otro encuentro, el propio pariente de Franco señaló que el trato “evasivo” y “divagatorio” de este dejó a José Antonio “muy decepcionado”.

¿José Antonio, golpista? Sí. Pero no en la versión difundida por el franquismo. Vayamos a los hechos narrados por el propio protagonista en su diario secreto.

El último día en libertad

El viernes 13 de marzo de 1936 fue el último día en libertad del joven político falangista y abogado en ejercicio. Martín Otín, tras escudriñar la diminuta letra del dueño del cuaderno, averigua que José Antonio ha tenido una “aventura romántica” antes del atardecer, aunque se desconoce la identidad de la amada por haber tachado su nombre el propio amante.

José Antonio Primo de Rivera

José Antonio Primo de Rivera

Esa jornada, en Madrid, dos iglesias fueron incendiadas, una de ellas en la calle Montera. Tras enterarse, José Antonio, católico devoto, “despliega a la Falange por los barrios” de la capital. Al caer la noche "llama al Viejo y le ofrece sus fuerzas 'por si algo pasa'", cita Martín Otín.

El Viejo es Manuel Portela Valladares, político republicano liberal que hasta el anterior 19 de febrero había presidido el Consejo de Ministros. Con la victoria electoral del Frente Popular, otro Manuel, Azaña, lo sustituyó al frente del Gobierno.

“Esa noche del 13 de marzo, con los templos calcinados [Portela Valladares] dice no”. Martín Otín cita las memorias del propio Portela, que esa noche recibió a un enviado de José Antonio, el falangista Fernández-Cuesta. “No piensen en eso, porque es una locura”, señala la cita de Portela, que concluye: “Tuvo la gentileza José Antonio de enviarme de nuevo a Fernández-Cuesta a decirme que no harían nada, siguiendo mi consejo”.

La posterior historiografía franquista situó este relato en febrero, justo después de las elecciones, pues fue entonces cuando Franco y otros militares plantearon a Portela que no aceptara el veredicto de las urnas. Así se podía conectar a José Antonio con Franco y los golpistas de julio de 1936.

Y fue esa conexión forzada lo que, tras la guerra, colgó el retrato de José Antonio, a la par que el del Caudillo, “de las paredes de las escuelas”, incluso de la “covacha donde apuntaba sus cosas, en la mitad del andén, el gestor del metro”. Un Primo de Rivera al gusto del régimen nacional-católico, “un serafín asexuado” —el propio cuaderno de José Antonio desmiente esto, recordando más relaciones, como la que mantuvo con la aristócrata británica Elizabeth Asquith— y muerto a los treinta y tres años, la edad de Jesucristo.

José Antonio narra su detención

“Un poco antes de las once llegan a casa unos policías y me detienen. Voy a los calabozos de la Dirección de Seguridad donde encuentro a bastantes camaradas...”. Este es su relato de la noche del 13 de marzo, cuando ingresó en prisión para no volver a ser libre jamás. Dos días después, el 15 de marzo, añadirá al cuaderno: “De madrugada nos han conducido al Juzgado de Guardia. Los calabozos aquí son limpios, con azulejos blancos, no como los infectos de la Dirección”.

Después, con varios de sus compañeros, incluido Julio Ruiz de Alda, será internado en la Cárcel Modelo de Madrid. Y ya en junio, el líder falangista será trasladado a la prisión de Alicante, donde un mes después le sorprenderá la sublevación militar que, a la postre, servirá de prueba condenatoria en el proceso al que la justicia del bando republicano lo someterá en noviembre.

Diario secreto de José Antonio reproduce en sus notas al final una carta de José Antonio a la militancia, enviada desde la Cárcel Modelo en junio, antes de su traslado final a Alicante. Su contenido refleja su “evidente antipatía personal” a Calvo Sotelo. Titulada “Vista a la derecha”, acusa a las fuerzas ultraconservadoras de acudir a Falange para que les presten hombres de cara a un golpe que derribe la República.

Militantes de Falange Española de las JONS formados delante de la basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza el 12 de octubre de 1936.

Militantes de Falange Española de las JONS formados delante de la basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza el 12 de octubre de 1936.

“¿Pero qué supone esta gentuza? ¿Que la Falange es una carnicería donde se adquieren al peso tantos o cuántos hombres?”. Y añade: “Ni una gota de sangre debe dar ningún camarada en auxilio de complots oscuros y maquinaciones más o menos derechistas cuyo conocimiento no les llegue por el conducto normal de nuestros mandos”.

La última reunión que mantuvo José Antonio en su despacho, que anota en su diario, fue el 12 de marzo, un día antes de su arresto. Su interlocutor, un falangista llamado Marciano Durruti, hermano de Buenaventura, el célebre líder anarquista. Martín Otín destaca que el Durruti de camisa azul, a comienzos de febrero del 36, “viaja a Barcelona y prepara las reuniones que busca José Antonio con Ángel Pestaña y el cenetista Diego Abad de Santillán”.

Más interés revisten aún las palabras de Buenaventura Durruti sobre el jefe de su hermano, recogidas pocas jornadas antes de su fusilamiento. Las señala Martín Otín: “Considero una insensatez y un error capital condenar y fusilar a José Antonio en estos momentos”, que tilda de “gravísima falta de tacto político”. “Al sentenciar a José Antonio”, continúa el líder anarquista, “el Tribunal Popular ha sentenciado, irremisiblemente, a muchos españoles antifascistas de la zona franquista”.

Durruti y José Antonio fallecieron por herida de bala. Uno, por las recibidas en los combates de la Ciudad Universitaria de Madrid; el otro, por los disparos del pelotón de ejecución en Alicante. Ambos, el 20 de noviembre de 1936, con escasas horas de diferencia.