De izquierda a derecha, retrato de André Chaix, en el centro, su nombre en el muro y una autoametralladora alemana como la que acabó con su vida.

De izquierda a derecha, retrato de André Chaix, en el centro, su nombre en el muro y una autoametralladora alemana como la que acabó con su vida.

Historia

Hervé Le Tellier resucita a Chaix, el maquis 'anónimo' asesinado a los 20 años tras una emboscada nazi

El escritor francés descubrió, frente a su nuevo hogar, el nombre grabado en piedra del revolucionario. Así nació su nuevo libro, 'El nombre en el muro'.

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Periodista, editor, matemático, lingüista y narrador, nada en Hervé Le Tellier (París, 1957) es aburrido ni convencional. Acostumbrado a romper todas las reglas, especialmente las literarias, es miembro del grupo de experimentación vanguardista OuLiPo desde 1992 y lo preside desde 2019.

El nombre en el muro

Hervé Le Tellier

Traducción de Pablo Martín Sánchez
Seix Barral, 2026
192 páginas. 19,90 €

Editor de Raymond Queneau y de Georges Perec y autor de culto gracias a una veintena de obras (Justicia, Todas las familias felices...), en 2020 ganó el premio Goncourt por La anomalía (Seix Barral, 2021), un thriller especulativo donde evaluaba el comportamiento humano ante la posibilidad de encontrarnos cara a cara con nuestro doble.

La anomalía lo cambió todo. Deslumbró a los lectores y a la crítica y se convirtió en el segundo Goncourt más vendido de la historia, con más de un millón setecientos mil ejemplares. Casi al mismo tiempo, y mucho más divertido que asombrado por el éxito de su búsqueda, Le Tellier encontró la casa 'natal' de sus sueños en la aldea de La Paillette, en Monjoux, cerca de Dieulefit.

Refugiado allí de la pandemia, un motorista enmascarado le llevaba puntualmente las pruebas de imprenta de La anomalía cuando vio por azar un enigmático nombre grabado en piedra frente a su nuevo hogar y decidió descubrir quién era ese tal André Chaix.

En ese año de tiempo suspendido en la nada que fue 2020, Le Tellier vio también cerca de su casa un monumento "en memoria de los niños de Montoux muertos por la patria". Debió de pasar cien veces junto al monumento hasta que, de nuevo por azar, se detuvo y encontró, entre los siete héroes homenajeados, un nombre que parecía acosarle: Chaix, André (mayo de 1924 - agosto de 1944), y supo al fin que era el de un joven miembro de la resistencia muerto a los veinte años.

Lo cierto es que Chaix casi se convirtió en una obsesión, pues de inmediato supo que quería contar su historia, pero sin concesiones a la ficción ni inventar nada, así que en una cajita fue archivando todo lo que tenía que ver con la vida del héroe olvidado (fotos con su novia Simone, con su familia, escritos, cartas, postales, octavillas y carteles).

También la fotografía de una placa que le envió un amigo y que desvela el final de su historia: "Aquí, en Grignan, el 22 de agosto de 1944 un destacamento de FTP [Franco Tiradores y Partisanos (sic), fuerza que aglutinaba a las organizaciones armadas que dependían del Partido Comunista] del tercer destacamento Morvan se topó con una columna de tanques alemanes. Durante el enfrentamiento murieron siete jóvenes combatientes [...]. No lo olviden quienes pasen por aquí". Uno de ellos era Chaix.

El padre de André, Jean (1900-1983), era panadero en La Paillette y su madre se llamaba Marcelle (1903-1993). Tenían también un hijo menor, Marcel, nacido en 1924, cuyos descendientes dieron todo lo que conservaban de su tío abuelo para una exposición sobre héroes anónimos de la Resistencia, un material único que los organizadores dejaron a Le Tellier.

Allí encontró su certificado de trabajo como aprendiz de Céramiques de Dieulefit, un recorte de diario que anunciaba su funeral el 12 de octubre de 1949, cartas enviadas a sus padres y fotos, muchas fotos, montando a caballo, esquiando, junto a Simone, su primer y último amor, que aunque dos años más tarde se casó con Lucien Jouve, siempre conservará un sobre púrpura con una docena de retratos de André que custodiará su hija como si de un secreto de familia se tratara.

'El nombre en el muro' es una reflexión sobre el compromiso político, el amor, el rechazo del otro hasta su exterminio...

Le Tellier contempla sus retratos e imagina la voz del joven, admira su porte y le encuentra cierto parecido con Jean Gabin de joven o incluso con Marlon Brando. Un chico normal, rubio, sonriente y lleno de sueños. Cree Le Tellier que no estaba afiliado al Partido Comunista, y que se unió al maquis para combatir a los nazis.

Su muerte, tras caer en una emboscada y ser ametrallado su convoy por una autoametralladora de la 11 División Panzer, no fue inmediata. Con gravísimas heridas en los brazos y una pierna desgarrada, fue trasladado al hospital de Valréas, adonde acudieron sus padres a velarle. Murió la noche del 23 de agosto de 1944.

Sin embargo, El nombre en el muro es bastante más que la historia de un héroe anónimo sin Historia. La vida de Chaix permite a Le Tellier reflexionar sobre el compromiso político, el amor adolescente, el rechazo del otro hasta su exterminio, sobre la Ocupación y sobre la complicidad de tantos franceses que colaboraron impunemente con los nazis, en los que Le Tellier descubrió el germen de los partidos de ultraderecha que hoy triunfan en las urnas francesas.

¿Y Chaix? Como subraya el ganador del Goncourt, sin él jamás podría haber explorado una época "en la que la generosidad y el valor lindaron como nunca con el egoísmo y la abyección". ¿Como nunca? Lamentablemente, también como hoy.