Aitana Sánchez-Gijón es Raimunda en 'Malquerida'. Foto: marcosGpunto

Aitana Sánchez-Gijón es Raimunda en 'Malquerida'. Foto: marcosGpunto

Teatro

Aitana Sánchez-Gijón vuelve a invocar la cruda pasión de 'La malquerida' 38 años después

Natalia Menéndez (dirección) y Juan Carlos Rubio (versión) estrenan este viernes en el Teatro Español la emblemática pieza del Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente.

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Dicen que en las mayores alegrías se producen también las más grandes tragedias. Jacinto Benavente lo resolvió así cuando en 1913 quiso que la feliz pedida de matrimonio entre dos jóvenes –Acacia y Faustino– terminara esa misma noche con el asesinato del novio. Aquel fue el intrigante arranque de lo que habría de convertirse, junto a Los intereses creados, en una de sus obras más emblemáticas: La malquerida.

El que la quiera a la del Soto... tiene pena de la vida. / Por quererla quien la quiere le dicen... la Malquerida”. Suena la letra de una copla en el Teatro Español. A sus tablas regresa esta obra que en 1988 dirigió también aquí Miguel Narros con una jovencísima Aitana Sánchez-Gijón en el papel de Acacia (hoy interpretada por Lucía Juárez). Casi cuatro décadas después la veterana actriz se da réplica a sí misma como Raimunda, mujer de Esteban (Juan Carlos Vellido) tras enviudar de su primer marido y madre, precisamente, de Acacia.

Dirigida por Natalia Menéndez, con versión de Juan Carlos Rubio, La malquerida dice este último, “es una absoluta tragedia que retrata magistralmente las contradicciones a las que nos vemos arrastrados los seres humanos continuamente. Benavente lo que consigue, dentro de una corriente, un contexto y un teatro burgués, es introducir una mayor profundidad y psicología en los personajes, mucho más complejos que el resto del teatro que le rodea en esta época. Encontramos a una madre enfrentada a un destino que no es capaz de ver. Es la ceguera de ese personaje lo que la lleva a un desenlace tan tremendo”.

Pero ¿quién asesinó a Faustino (Antonio Hernández Fimia)? La búsqueda de esa respuesta, tras la que algunos sospechan que se encuentra el ex de Acacia, Norberto (Alex Mola), desembocará en un enredo de pasión, venganza, amores imposibles y violencia difícil de frenar. Su historia, comenta Menéndez, “golpea muy fuerte porque no te deja impasible.

Te sacude tanto, es tan violenta, cruda y bella que nos provoca una reflexión acerca de lo que pasaría si dejáramos volar nuestros instintos primarios”.

En ese sentido, la obra “trata sobre una cantidad de temas que en el fondo siguen siendo tabú hoy y de los que todavía no se habla suficientemente. Llevarla a escena, tal vez sea una manera de poder poner luz a algo que está silenciado”.

“Es una historia violenta y bella sobre qué pasaría si dejáramos volar los instintos primarios”. Natalia Menéndez

El amor, la violencia y el deseo... La malquerida, comenta Rubio, “refleja otras muchas cosas, como la lucha de clases, que es uno de los asuntos pendientes que había en este país y que sigue coleando; las diferencias entre pobres y ricos”. Ahí tenemos a los criados, Juliana (Goizalde Núñez) y El Rubio (Dani Pérez Prada), imprescindibles en esta hitoria. “Pero también la pasión, hasta dónde somos capaces de llegar cuando los límites se desdibujan por causa de un sentimiento que ninguno de los personajes puede reprimir”.

En esta versión, que han titulado Malquerida a secas, ambos han introducido cambios. Con un toque menos costumbrista y de época, han reducido el texto de tres a dos actos, han eliminado personajes, ampliado algunas escenas y recortado otras. “Hemos quitado ese toque más de campo que tienen los personajes al hablar y hemos rescatado la vena poética que fluye por el texto”, explica el dramaturgo.

Juan Carlos Vellido y José Luis Alcobendas en un momento de 'Malquerida'. Foto: MarcosGPunto

Juan Carlos Vellido y José Luis Alcobendas en un momento de 'Malquerida'. Foto: MarcosGPunto

Ambientada en un casoplón de un pueblo castellano, pero sin demasiada utilería –le bastan dos paredes de madera móviles, con varias ventanas y una mesa y cuatro sillas–, con un vestuario de época, los rumores de los vecinos cobran vida fuera de escena como un eco que murmura en medio de un ambiente rural.

En la naturaleza hay una parte que es amable, pero hay otra que es muy cruel. Es el paso de una cosa a otra sin contemplaciones, sin puentes, sin dudas. Nosotros lo hemos reflejado no solo en la escenografía, sino también en la música, en la copla. Como si fueran las voces del pueblo, como meter un chelo que se entrecorta permanentemente, esos son los viajes iniciáticos y los viajes de conciencia. Hemos hecho temblar la tierra también en el sonido. Lo rural a mí me sacude bastante en esta obra, es el escenario ideal para contar la”, comenta Menéndez

Escrita hace más de un siglo, La malquerida nos confronta con una realidad que parece ya pasada, pero, tal vez, como apunta Rubio, “precisamente en el presente tan tremendo que tenemos no chirría para nada. Por desgracia, sigue siendo de rabiosa actualidad esa violencia extrema en los núcleos familiares”.

El Nobel de Literatura, continúa, “recoge muchas inquietudes de lo que nos sigue pasando hoy: la dificultad que muchas veces tenemos de relacionarnos con los demás, de afrontar nuestros propios límites y ser capaz de mantenerlos y no destrozarlos dejándonos llevar por la locura, por un deseo mal entendido o por relaciones tóxicas que nos pueden hacer mucho daño”.

Aitana Sánchez-Gijón, Lucía Juárez y Goizalde Núñez en 'Malquerida'. Foto: MarcosGPunto

Aitana Sánchez-Gijón, Lucía Juárez y Goizalde Núñez en 'Malquerida'. Foto: MarcosGPunto

Detrás de ese runrún de quién mató a Faustino, se encuentra sobre todo el por qué. “Que el delito por la causa se saca, no por el muerto”, escribió en esta obra Benavente. Y es que “aunque las consecuencias no sean las que uno quisiera, hay que dar luz a lo oscuro –comenta Menéndez–. Aquí la verdad no es celebrada, pero es deseada. Y es contradictoria porque Raimunda quiere y no quiere saber. ¿Cómo no se ha dado cuenta? ¿Cómo no lo vio? Esto es lo puro de la tragedia. Ella tiene mucho de Edipo Rey en ese aspecto porque cuando se va acercando a la luz de la verdad, descubrimos que esa luz quema más”.

Una llama que hasta el 26 de abril brillará en el Teatro Español, antes de partir en una amplia gira que recorrerá muchos de los escenarios españoles, entre los que se encuentran ciudades como Valladolid, Bilbao, Vitoria, Santander, Málaga, León, Ourense, Ávila, Gijón, Soria, Pamplona, Córdoba, Burgos o Logroño.