Sergio Peris-Mencheta. Foto: Cristina Villarino

Sergio Peris-Mencheta. Foto: Cristina Villarino

Teatro

Sergio Peris-Mencheta: “El amor es el antídoto perfecto contra el miedo a la muerte”

El actor y director escénico estrena el 6 de febrero Constelaciones, un experimento sobre el multiverso y la física cuántica, en el que cada noche el público decidirá a sus dos protagonistas.

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“Más al centro –dice señalando las butacas donde nos vamos a sentar–, me gusta mirar todo desde ahí”. A oscuras, solo la luz de un escenario giratorio nos ilumina. Al principio Sergio Peris-Mencheta (Madrid, 1975) apenas aparta la mirada de ahí, como si aún estuviera tomando alguna última decisión en su cabeza. Abajo, los técnicos ultiman los preparativos. “Todas las obras que dirijo, de un modo u otro, me interpelan”.

Constelaciones lo hace particularmente. Escrita en 2012 por el dramaturgo británico Nick Payne, la obra explora las distintas variables de una relación entre una física cuántica –que será diagnosticada con un tumor cerebral– y un apicultor al que  conoce en una barbacoa.

A partir de este encuentro casual, de breves escenas o diálogos que se repiten con diferentes desenlaces, la propuesta juega con las múltiples variables de una historia de amor que prospera o fracasa, avanza o se detiene, según las decisiones que vayan tomando los dos.

“Esta pieza nos permite contemplar, desde el principio, los diferentes universos posibles que existen, todos al mismo tiempo, pero solamente uno colapsa gracias a que alguien mira y abre la caja de Schrödinger”, señala sobre este título que ya llamó su atención hace 14 años cuando lo vio programado en el Royal Court de Londres.

En aquel momento, sin embargo, los derechos se los llevó Inma Cuevas, que la protagonizó en 2014 junto a Fran Calvo en una propuesta dirigida por Fernando Soto. “Como decía Peter Brook, el teatro solo existe si hay un observador y alguien que pasea por el escenario. En física cuántica es algo parecido porque es el observador el que hace que sea esa realidad y no otra de todas las posibles”.


Pregunta. ¿Es quizás Constelaciones, un texto que habla también sobre la enfermedad, su obra más personal?

Respuesta. Todas lo son, pero evidentemente esta toca de lleno con un momento vital muy especial. Para mí el tiempo tiene otro significado ahora. En física cuántica no existe y yo me he sentido muy interpelado con eso. No solo con la historia concreta del personaje que está enfermo, sino con la idea de que otros universos están ocurriendo a la vez. Algo que para mí hace años era ciencia ficción y ahora se está convirtiendo en una realidad. No puedo evitar pensar que, en otro universo, yo no estaría aquí hablando contigo, sino que me quedé por el camino.

Sergio Peris-Mencheta. Foto: Cristina Villarino

Sergio Peris-Mencheta. Foto: Cristina Villarino

»También me interpela la enfermedad de ella y el hecho de enfrentarse a la decisión de la eutanasia. Convivo con una enfermedad autoinmune que es el ICR y, por lo tanto, sigo muy en contacto con mi avatar en el hospital. No tengo leucemia, no peligra mi vida, pero estoy en contacto con mis dolores, mis mareos o mi fatiga.

A pesar de ello, el niño vuelve a aflorar en el escenario. La propuesta escénica del director explora un planteamiento lúdico. Con un elenco compuesto por Jordi Coll, Diego Monzón, Paula Muñoz, María Pascual, David Pérez-Bayona y Clara Serrano –además de Ester Rodríguez o Litus Ruiz como maestros de ceremonias alternos–, solo dos de estos actores-músicos, que serán elegidos minutos antes de comenzar por el público en cada función, saltarán al ruedo, mientras el resto permanece tocando en directo.

“No me cambio por el Sergio de antes de la enfermedad. El de ahora no tiene tantas expectativas y vive más el momento”

“Hay cuatro bandas sonoras que acompañan a esta pareja –explica–. Me apetecía incluir esa idea de cómo una banda sonora abraza una historia de amor. Las cuatro variaciones musicales forman parte del evento en el que se conocen y que también decide una mano inocente de entre los espectadores: una boda, un baby shower, un fin de año o un cumpleaños sorpresa. “Hay 60 posibilidades. Es imposible que un espectador que venga todos los días vea la misma obra”.

P. ¿Cómo surge este planteamiento?

R. Es una experiencia que tiene que ver con agarrar la física cuántica y hacerle un homenaje al espectador. Esto es el paradigma del teatro. Es decir, se dice que el teatro no se repite dos veces, a diferencia del cine, no permanece, sucede, no se reproduce, pues aquí esto es una especie de all-in. En cada función va a haber un vestuario distinto y una música distinta, lo que implica que también los músicos tienen que encajar en la estructura nueva. ¿Quién sustituye al flautista si le toca actuar? Es un encaje bestia de bolillos.

P. Sin olvidarnos de que esta obra es, además, una historia de amor...

R. Una historia de amor relacionada con la enfermedad de uno de los personajes en la que aparece la figura del cuidador, que es superimportante en todos los sentidos. El amor es el antídoto del miedo, allí donde germina, no crece el temor, y viceversa. Lo vemos ahora en las noticias, el amor une y el miedo separa.

»Y la mejor manera de separar es amenazando con aranceles o con invasiones. Esta obra habla precisamente del miedo a la muerte y de cómo el amor es el antídoto perfecto. En mi caso, no solo fue el amor por mi pareja [la también actriz Marta Solaz], que es mi lugar favorito sobre la Tierra, sino el amor por el teatro, lo que me hizo no estar invadido absolutamente por el miedo a morir, a no curarme, a abandonar a mis hijos. Eso es algo que me toca directamente y que respira la función.

“Mi primer encuentro siempre fue con el teatro. Me estrené como actor en las tablas y me enamoré del escenario”

P. Su protagonista empieza a perder la capacidad del habla como secuela. ¿Qué sería de nosotros sin las palabras?

R. Después del trasplante, tuve que dirigir 14.4 desde el hospital en Los Ángeles mirando por una pantallita y sin voz. La impotencia fue increíble. En mi caso, no fue por una afasia, sino porque las cuerdas vocales estaban machacadas por todo el tratamiento. En Constelaciones hemos trabajado en lengua de signos, porque hay momentos donde ella se expresa así, y es teatro puro. Vemos cómo se activan los sentidos cuando no tienes la facilidad de comunicarte y cómo se enriquece más el mensaje, precisamente porque las palabras son limitantes, nunca sabemos expresar las cosas tal cual las sentimos. Para eso existen la poesía y la música, para eso hacemos teatro.

P. Habla de que todas las decisiones tomadas, y las que no, existen en una especie de multiverso. ¿Hay alguna decisión de la que se arrepienta?

R. Uy, supongo que sí, pero pienso que la vida es la que nos toca y que en nuestra mano está poder sacar el mayor jugo a todo, bueno o malo. No me cambio por el Sergio de antes de la enfermedad, que es algo que no le deseo a nadie, pero tiene una parte que ha venido con regalo, el de ahora es más amoroso, vive más el momento, no tiene tantas expectativas ni está tan pendiente del juicio ajeno. Y eso me mantiene más anclado a lo que me parece que es la felicidad, a vivir.


P. Desde que empezó a dirigir teatro ha versionado y adaptado obras de otros. ¿En algún momento se ha planteado escribir algo propio?

R. Fue lo primero que hice cuando salí del armario de la dirección. Entonces sentía que me iban a decir “qué coño hace el niñato de Al salir de clase dirigiendo teatro”, pero mi primer encuentro siempre fue con el escenario, me estrené como actor en las tablas y me enamoré del teatro, no de la televisión ni del cine. De hecho, nunca me he planteado dirigir ninguna otra cosa, aunque me lo han propuesto. Mi lenguaje es este y este es mi mundo. Antes de hacer Incrementum, escribí una obra sobre Louis Prima, conocido por canciones como Just a Gigolo o Sing, Sing, Sing, pero no me convence.

P. ¿Entonces no la veremos?

R. Estoy tratando de encontrar a alguien con la suficiente confianza, como puede ser un Juan Diego Botto, para que le dé dos hostias, como digo yo, al texto. De todas formas, en mi faceta de adaptador escribo mucho. A Stefano Massini o al propio Botto los he reinventado muchas veces. Es decir, dirigir también es reescribir. Pero es verdad que todavía no me he atrevido. En 14.4 hay partes del texto que son mías, las más poéticas. Escribí un libro hace poco [730 días], porque encontré una manera de pasármelo bien, pero no es una necesidad vital.

Un momento de los ensayos de 'Constelaciones' con David Pérez Bayona y Paula Muñoz. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

Un momento de los ensayos de 'Constelaciones' con David Pérez Bayona y Paula Muñoz. Foto: Bárbara Sánchez Palomero

R. Sí, sí. No solo de obras dirigidas por mí, también tenemos proyectos de otros. Ahora estamos con La ópera de los tres centavos [con Coque Malla] y con La verdad [llevada a escena por Juan Carlos Fisher] en el Infanta Isabel. Estamos de gira con algo mío, Blaubeeren. Y en otoño empiezo a dirigir otra obra, pero se estrena ya el año que viene en el Teatro Español. Con un elenco de once actrices, como Ladies Football Club, encabezadas por Blanca Portillo. Es una pieza de Stefano, 7 minutos. Tengo mis propios autores de cabecera, uno es Botto y el otro es él.

P. Comentaba antes que Constelaciones es un homenaje al observador. Como espectador, ¿ha visto teatro últimamente?

R. Sí. He visto Gula. En mi vida he visto un ejercicio así hecho por un actor en escena. Es lo que es ir a muerte. A Oriol Pla no lo conozco personalmente, pero salí impactadísimo del teatro. Es el trabajo actoral más brutal que he visto en mi vida.

“Las mayores críticas las he recibido de sectores de la izquierda. Me ven como un burgués que vende entradas”

P. Y ya que lo comenta, ¿cómo ve el panorama teatral español?

R. Mejor que en California, sin lugar a dudas. Tenemos un potencial muy grande. Pero pienso, aunque siempre se me echa encima toda la izquierda con esto, que habría que hacer algo con las entradas subvencionadas. En Londres una obra como esta, no lo digo por la calidad, cuesta dos o tres veces más, mínimo. Y un musical ya ni te cuento. Aquí los musicales sí se pagan a precio de musical, en cambio el teatro, no.

»Una función no es solo lo que está en escena, sino todo lo que hay alrededor. Hace falta una reeducación. Es maravilloso que el teatro esté al alcance de todo el mundo, pero también sería fantástico que tengamos la información de lo que estamos dejando de pagar gracias a los impuestos. Igual que en la sanidad pública, debería llegarme una factura a casa solo para valorar lo que me ha costado un tratamiento de leucemia.

Sergio Peris-Mencheta. Foto: Cristina Villarino

Sergio Peris-Mencheta. Foto: Cristina Villarino

Más allá del teatro, Peris-Mencheta suele compaginar su oficio como director con la interpretación en películas y series. Cuando hablamos, acaba de rodar un capítulo de Atasco (Prime Video) y se prepara para viajar a Islandia, donde participará en una coproducción vascoislandesa dirigida por Mikel Aguirresarobe que trata sobre una curiosa ley, abolida en 2015, que permitía desde 1615 matar a los balleneros vascos que llegaran a las costas del país nórdico.

Es una comedia negra que sucede en un pueblecito perdido, tipo Fargo. Interpreto el personaje principal, un vasco que viaja por negocios una semana antes de que se derogue la ley y se encuentra con que es legal matarle”, avanza. “Lo que hice hace poco en Estados Unidos, El tigre, también era una comedia. Antes no había hecho una en mi vida y ha sido volver de la enfermedad, ‘renacer’, y hacer dos seguidas. Quizás tocaba cambiar de registro”.

P. ¿Y cómo fue volver a actuar?

R. Ahora trabajo dentro de las posibilidades de movimiento que tengo, porque aparento más de lo que realmente puedo hacer. Cuando me llaman para proponerme un proyecto, les cuento mi situación. No quiero estar disimulando si no me puedo agachar a coger algo. Tampoco me puedo subir a un caballo y correr los 100 metros lisos, como hacía antes.

»O el personaje está adaptado, o directamente está escrito para que lo pueda hacer alguien en mi situación, porque ahora no puedo hacer nada de acción. A favor, estoy mucho más relajado y me lo paso mejor. Estos dos proyectos me gustaron mucho desde el principio. Aunque estoy tratando de ser más selectivo cuando me llaman de Estados Unidos porque no quiero volver, la idea es vivir en España, que es mi país y donde quiero que mis hijos se eduquen.

“Nos vamos acercando a 'El cuento de la criada' en manos de un psicópata [Trump] que no disimula”

P. ¿Qué les hizo volver tras pasar allí ocho años de su vida?

R. No era la idea. Vine en diciembre de 2024, cuando ya me permitía viajar mi recuperación, para hacer las pruebas de Constelaciones y ver a la familia y amigos que hacía tiempo que no veía. Vinimos con la idea de estar aquí un mes y medio, pero cuando nos íbamos a volver tuvimos un problema con los papeles de la perrita y tuvimos que posponerlo.

»Entretanto, Trump llegó al Gobierno y empezó a amenazar con lo que está haciendo –cosa que en la legislatura anterior no sucedió, amenazó, pero no ejecutó–, y cuando ya estábamos prácticamente a una semana para volar, Los Ángeles se incendió. El fuego quedó a dos manzanas de nuestra casa y el médico me aconsejó que esperara al menos otro mes, porque el humo era nocivo. Todo eran señales. Además, Marta tenía muchas ganas de regresar a España.

P. ¿Y cómo encontró el ambiente en Estados Unidos cuando volvió para rodar?

R. Pues la verdad es que estuve en Albuquerque, Nuevo México. El ICE no había empezado a actuar aún ni se había formado este sistema represivo. Ahora sufro por mis amigos porque la mayoría son españoles, argentinos o mexicanos. Todos están legalmente, tienen Green Card o visado, pero da igual, una paliza, una noche en el calabozo o el susto, por más que tengas papeles, no te lo quita nadie.

» Nos vamos acercando a El cuento de la criada de manera inexorable, en manos de un psicópata que no disimula y hace gala de su psicopatía. No sé si hay mucha diferencia entre vivir en California y en España en este momento, porque tarde o temprano la ola va a llegar aquí, con la subida de aranceles o con lo que sea. Pero, claramente, si tengo que sufrir lo que nos depare el futuro, prefiero hacerlo cerca de los míos que a 9.000 kilómetros.

Sergio Peris-Mencheta. Foto: Cristina Villarino

Sergio Peris-Mencheta. Foto: Cristina Villarino


P. Suele hablar sin cortarse. ¿Alguna vez le ha pasado factura el hecho de ser tan sincero en sus intervenciones públicas?

R. Sí, a veces han convertido algo que he dicho en un titular engañoso para el clickbait. Y hay medios con los que no quiero volver a tener ningún tipo de trato porque han hecho cosas más feas. Pero para mí hacer entrevistas es una manera de hacer terapia. En España se ha perdido la costumbre de la tertulia. Ya no se queda para hablar. Se habla durante las comidas, pero no después. Por eso uno de los lugares donde me desahogo y me encuentro conmigo mismo, incluso me contradigo, es en las entrevistas. No me las tomo como una obligación, sino como una manera de resetearme.

P. ¿Deben los artistas dar su opinión sobre según qué cosas?

R. Es importante que todo el mundo defienda lo que opina. Soy un ciudadano más, tengo mi manera de entender el mundo y de luchar contra lo que me parece injusto. Aunque sé que en este país afecta, lo hemos visto con el caso de Willy Toledo que ha dejado de trabajar por pronunciarse. Y desde el momento en que soy padre me lo pienso más, porque no quiero tener que pedirles perdón dentro de unos años a mis hijos por haber abierto más la boca de la cuenta. Así que trato de ser lo más generoso posible dentro de unas limitaciones.

» Las mayores críticas que he recibido han sido precisamente de sectores de la izquierda que me consideran un burgués que hace teatro para vender entradas. No tienen ni puta idea de que yo de esto no veo prácticamente nada. Así que cada vez me importa más un bledo todo. Cuando escucho entrevistas de Antonio Gala o de Jesús Quintero, me identifico con ese pasotismo de la gente mayor. Que piensen lo que quieran. Parece que está prohibido equivocarse o cambiar de opinión. Es algo que nos pasa todos los días. ¿A ti la vida no te hace madurar, evolucionar? Somos seres vivos... Pero mira [señala hacia el escenario], mira la nieve, mira cómo cae.

Y es verdad. Fuera en la calle hace un reluciente sol de invierno, pero en la Sala Grande del Teatro Valle-Inclán, ahora mismo, está nevando.