Isabel Coixet. Foto: Cristina Villarino

Isabel Coixet. Foto: Cristina Villarino

Cine

Isabel Coixet: "En Estados Unidos me he encontrado un país en pleno fascismo"

La directora, que estuvo en 2025 dando clases de cine en la Universidad de Nueva York, estrena el 6 de febrero 'Tres adioses', una película en la que reivindica los pequeños placeres contra los reveses de la vida.

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Isabel Coixet (Barcelona, 1960) hojea El Cultural y, de repente, arranca una de sus páginas. “Es que no quiero que se me pase lo de Marina Abramovic”, informa, guardándose la hoja en la que aparece la publicidad de su espectáculo Balkan Erotic Epic en el Liceu de Barcelona.

La cineasta catalana todavía no se ha lanzado a la performance, donde la creadora serbia es una referencia mundial, pero sí ha hecho sus pinitos en el mundo del arte. Sin ir más lejos, este mes presenta en la galería madrileña Oblicuo una exposición individual. “Más que una exposición es una pieza”, afirma, restándole importancia.

Sin embargo, uno de los museos más importantes de España, el Thyssen-Bornemisza, ya acogió el año pasado medio centenar de sus collages, algo que refrenda su labor en esta disciplina. “El arte significa para mí la posibilidad de crear en soledad, sin necesidad de equipo, que para mí es algo chocante”, confiesa. “Es otro tipo de trabajo y otro tipo de lenguaje a explorar. Y nunca lo había hecho tan a fondo como ahora. Es verdad que uno escribe también solo, como mucho lo he hecho con otra persona, pero hacer algo desde el principio hasta el final por mí misma me gusta”.

Aunque aflora el arte o la política, la conversación que El Cultural mantiene con la cineasta en el Hotel Palace de Madrid se centra en el estreno de su nuevo filme, Tres adioses, en el que vuelve a retratar a un personaje femenino complejo y contradictorio en una situación límite, una constante en su filmografía.

Aunque tras La librería (2017), que parte de una novela de Penelope Fitzgerald, se dijo a sí misma que no volvería a adaptar un texto ajeno, al final sus dos siguientes proyectos han tenido una base literaria: primero Un amor, de Sara Mesa, y, ahora, Tres cuencos (Altamarea, 2025), la colección de relatos póstuma y semiautobiográfica de la escritora italiana Michela Murgia.

P. ¿Cómo llegó el libro a sus manos?

R. Fue el productor italiano Riccardo Tozzi quien me habló por primera vez de él. Yo ya había leído de Michela Murgia su novela La acabadora. Me la regaló Roberto Saviano, que fue su gran amigo. Tozzi, que ha trabajado con directores como Luigi Comencini, los hermanos Taviani y Ermanno Olmi, quería que yo hiciera la adaptación del libro, pero no me pareció que fuera un proyecto para mí.

»En primer lugar, por ser la historia autobiográfica de alguien que acaba de morir… Pensaba: “Madre mía…”. Después, porque Michela Murgia es un icono en su país y yo no soy italiana. Tú vas por algunos barrios de Roma y te encuentras con murales gigantes de su cara. Hay, por un lado, una especie de culto hacia ella y, por otro lado, tiene también muchos detractores.

P. ¿Por qué era tan polémica?

R. Yo no la conocí, pero si la veías en un debate de televisión, te dabas cuenta de que tenía una dialéctica atómica. Era muy persuasiva, muy inteligente, y había muchas personas que no la podían soportar.

»Para que te hagas una idea de por qué levantaba ampollas, en su última aparición en televisión confesó que se iba a morir y que había tenido una buena vida, pero que le daba pena dejar una Italia bajo un gobierno fascista. Meloni, claro, le respondió en X y se generó una gran polémica. Para algunos era una heroína y para otros una izquierdosa antisistema. Tenía mucho talento, en cualquier caso.

Isabel Coixet le da instrucciones a Alba Rohrwacher durante el rodaje de la película

Isabel Coixet le da instrucciones a Alba Rohrwacher durante el rodaje de la película

P. ¿Por qué asumió finalmente el proyecto?

R. Leí el libro y me gustó. Me tocó. Me parecía que era una manera diferente de hablar de la enfermedad, de la muerte y del amor, de cómo una ruptura sentimental se cura de la manera más rara posible, cuando tu cabeza la ocupa tu propia vida, tu propia salud y tu destino. Así que, aunque hace tiempo me dije que no volvería a hacer una adaptación, no me quedó otra.

Una exigencia

Tres adioses se presentó en la sección oficial de la Seminci. A nuestras salas llega el 6 de febrero, tras un exitoso estreno en Italia, donde ha recibido excelentes críticas y donde lideró la taquilla en su primera semana de estreno.

La protagonista absoluta, además de la ciudad de Roma, es Alba Rohrwacher, actriz a la que hemos visto recientemente junto a George Clooney en Jay Kelly (Noah Baumbach, 2025), en películas de su talentosa hermana Alice, como La quimera (2023) o Lazzaro Felice (2018), en la serie La amiga estupenda, adaptación del célebre libro de Elena Ferrante, y a las órdenes de directores como Marco Bellocchio, Nanni Moretti y Stéphane Brizé.

“Alba me enamoró en Vergine giurata (Laura Bispuri, 2015), en donde hace de una mujer que siguiendo una tradición arcaica de las montañas de Albania renuncia a toda su feminidad y pretende ser un hombre, con el beneplácito de su comunidad”, confiesa Coixet. “Pero lo que me gusta de ella es que puede hacer cosas muy diferentes. Siempre que la he visto me ha parecido maravillosa, es una actriz increíble. Cuando acepté hacer la película, lo primero que dije es que quería a Alba, incluso antes de escribir el guion”.

Alba Rohrwacher en 'Tres adioses'

Alba Rohrwacher en 'Tres adioses'

P. ¿Trabajar con ella ha cumplido sus expectativas?

R. Ha sido muy fácil. Es una actriz muy exigente, muy lista y muy generosa. Yo acababa de hacer una serie en Francia, Quelqu’un devrait interdire les dimanches après-midi, y cambiar el chip del idioma fue complicado. Había momentos en que mezclaba inglés, italiano, francés, español… Mi italiano al principio del rodaje era nivel Duolingo, pero ya al final lo hablaba con soltura.

Rohrwacher interpreta con misterio y sensibilidad a Marta, una profesora de gimnasia de instituto a la que la vida le da un vuelco cuando su pareja, el chef Antonio (Elio Germano), la abandona.

Mientras trata de pasar el duelo por la ruptura publicando en la red reseñas negativas del restaurante de su ex y hablando con una figura de cartón a tamaño real de una estrella coreana de k-pop, pronto descubre que su pérdida de apetito no responde a la pena sino a una enfermedad grave. Sin embargo, esto se convertirá en un impulso para salir del bache y volver a disfrutar de la vida.

Isabel Coixet. Foto: Cristina Villarino

Isabel Coixet. Foto: Cristina Villarino

P. ¿Cómo de fiel es la película al libro? ¿Qué se ha quedado por el camino y qué hay de su propia cosecha?

R. He trabajado en el guion con Enrico Audenino, que es un escritor joven muy interesante. Todas las historias que contiene el libro no las podíamos llevar a la pantalla, así que nos centramos en tres que me encajaban. Y traté de olvidarme de que la protagonista es la propia Michela Murgia, porque en realidad el personaje es ella, pero no es ella. Y una vez que decidimos esas dos cosas todo fue más fácil.

»Yo también le he aportado algunas ideas y pensamientos personales sobre, por ejemplo, por qué nos pasamos la vida pensando en el porqué de las cosas, cuando muchas no tienen sentido.

P. ¿Qué más ha puesto de usted en la película?

R. Mucho. Empezando por mi obsesión por los pájaros de Roma. La coreografía que hacen en el cielo es absolutamente perfecta.

Miedo a la repetición

P. Como en Mi vida sin mí (2003), la protagonista se enfrenta al diagnóstico de una enfermedad grave. ¿Le daba miedo repetirse?

R. Sí, me daba miedo. Al principio pensaba: “Esto ya lo he hecho”. Pero la verdad es que es otro mundo y es otro personaje. Es alguien que no tiene hijos, una persona sola frente a su destino. Al final la película trata de responder a qué es el legado, qué es lo que yo voy a dejar aquí, qué es lo que quiero en este poco tiempo que me queda de vida. Es verdad que evidentemente tiene una analogía con Mi vida sin mí, pero es otro tono.

P. La película retrata una ciudad de Roma alejada de la postal turística…

R. Quería huir del rollo del centro histórico. La Roma de Paolo Sorrentino es estupenda, pero es la mirada de un napolitano. La mía es diferente, aunque también es la de un foráneo. De hecho, cuando Marta empieza a enumerar las cosas que le gustan de la ciudad es un poco mi propia visión. Yo he estado 30 veces en Roma y nunca he entrado en el Coliseo, no me interesa y mucho menos el espectáculo que hacen con gladiadores.

»Se trataba de huir del parque temático. A mí me gusta el señor de 80 años que está todavía haciéndote el capuchino en el bar, el viejecito que pasea un perro que se le parece… Las cosas que ves paseando sin prisa. Me hacen gracia las Madonnas de Roma porque están como polvorientas y oscuras, en altura, que casi no se ven. No es como en Nápoles, que están cubiertas de flores. Todo eso se lo he prestado a Marta.

P. ¿En qué barrios ha rodado?

R. En el Trastevere, que es donde vivía Michela Murgia, y aparece el restaurante en el que todos los miércoles cenaba con Saviano. Y en Pigneto, donde Pasolini rodó muchas de sus películas. También filmé en el restaurante donde él pasó su última cena antes de ir a la playa de Ostia, Al Biondo Tevere, que para mí es mítico.

»Yo siempre he sido muy pasoliniana. He hecho toda la ruta, fui incluso al lugar donde encontraron el cadáver.

Isabel Coixet y Alba Rohrwacher durante el rodaje en Roma

Isabel Coixet y Alba Rohrwacher durante el rodaje en Roma

P. ¿Qué buscaba a nivel visual de la ciudad?

R. Es muy difícil fotografiar mal Roma. Es verdad que hay algún atardecer un tanto pictoricista en la película, pero como metáfora del final. No he querido embellecer la ciudad, eso de escoger siempre la hora con la luz más bonita. Pero es cierto que en Roma, aunque llueva, siempre hay luz.

P. Usted ya hizo una serie como Foodie Love (2019) en la que la comida era fundamental y aquí vuelve a serlo. ¿Qué es lo que le interesa tanto de la gastronomía?

R. En un momento malo, un buen plato es algo que nos acompaña mucho. Si en cambio estás jodido y te tomas un perrito o unas galletas crackers con kétchup, como hace Marta, pues te estás autoflagelando. Yo soy de estar acompañada de libros. A veces los lees, a veces no, pero siempre hacen compañía.

»Con unas anchoas o una pasta a la Marta [la receta con la que la protagonista de Tres adioses se reconcilia con la comida] ocurre lo mismo. Esa nonna o mamma romana que te pone el plato de pasta delicioso en la mesa está satisfaciendo algo muy primario. Es un acto que tiene algo de generosidad y, a la vez, algo de control para con sus hijos.

P. Le ha otorgado a Francesco Carril, que interpreta a un compañero de trabajo de Marta, la posibilidad de rodar por primera vez en italiano. ¿Por qué pensó en él para la película?

R. Yo lo descubrí en el teatro y en las películas de Jonás Trueba y me gustaba mucho. Después trabajé con él en Un amor. Allí le pregunté por qué se llamaba Francesco y fue cuando me enteré de que su madre era toscana y que hablaba perfectamente italiano.

»Tengo que decir que su personaje estaba de una manera muy vaga en el libro y lo escribimos para él. Me encanta esa cosa tan humana y tan tierna que tiene.

Francesco Carrill, en 'Tres adioses'

Francesco Carrill, en 'Tres adioses'

P. Tres adioses reivindica lo sencillo y lo cotidiano. ¿Después de hacer la película hay algún gesto de la vida diaria al que ahora le dé más importancia?

R. A los helados les doy mucha importancia, te pueden ayudar bastante en un mal momento. Básicamente, yo me digo cada día lo que Marta se dice a sí misma: “Todavía tienes tiempo”. Intento convencerme de ello.

P. La película tiene de hecho una escena catártica en la que Marta se come un helado, en un momento que es casi regresar a la infancia. ¿Cómo surgió?

R. Toda la película, en realidad, está en esa escena. Ahí está todo: el placer inmediato, el dejarse ir, ese rollo infantil… Y Alba ahí demuestra que es la actriz ideal para sentir y transmitir siete cosas diferentes en un mismo momento.

Manipulación de la verdad

P. En 2025 ha estado viviendo en EE. UU., dando clases de cine en la Universidad de Nueva York. ¿Cómo lo ha encontrado?

R. Nueva York es una burbuja y, aun así, me he encontrado un país en pleno fascismo. He visto detenciones en la calle a chicos que simplemente estaban repartiendo pizzas. He percibido todos los síntomas del fascismo, aumentados por la manipulación absoluta de la verdad, sin ninguna vergüenza.

»Hay una gran adhesión a un líder, Donald Trump, que no está bien de la cabeza. Eso sí, sus bisnietos o tataranietos no van a tener que trabajar nunca más, con el dinero que está acumulando.

Francesco Carrill y Alba Rohrwacher, en 'Tres adioses'

Francesco Carrill y Alba Rohrwacher, en 'Tres adioses'

P. ¿Qué le parece lo que ha hecho en Venezuela?

R. A mí Maduro me parecía lo peor, igual que me lo parecía Chávez, pero el precedente que plantea lo que está ocurriendo en Venezuela es muy preocupante. ¿Vamos a decir o hacer algo en Europa? Yo llegué a EE. UU. hace 35 años y veía a los latinos sirviendo el agua y fregando los platos en los bares y siguen estando ahí.

»Si la distancia entre clases es grande en todos los países del mundo, allí ahora es abismal. Ir desde Manhattan hasta ciertas partes del Bronx o de Harlem es como ir de Madrid a un suburbio de Adís Abeba, pero en coche y en menos de una hora.

P. ¿Qué impresión tiene de Mamdani, el nuevo alcalde de Nueva York?

R. Yo creo que se va a esforzar. Toda la gente que le conoce me ha dicho que es un tipo honesto y que realmente quiere hacer lo que dice que quiere hacer. Ahora, ¿cómo va a hacerlo? ¿Cómo va a bajar los alquileres? No lo sé. He visto que los jóvenes le apoyan, y la campaña que ha hecho es de TikTok, de influencers…

»He estado en un mitin, lo he visto, y creo que es sincero, y su programa es cojonudo. Pero, claro, la dimensión de Nueva York y de sus problemas es tremenda.

P. ¿Hay algo que le haya sorprendido a su paso por la universidad estadounidense?

R. El trato con los alumnos me ha dado mucha esperanza. Había gente con mucho talento, de países como el Líbano, Irán, China, Cuba… Es cierto que hay algunas normas ridículas, como que un profesor no pueda cerrar la puerta de su despacho si está a solas con un alumno. Mi programa se llamaba Paisajes de intimidad, y yo he pasado las películas que he querido, algunas con gran carga sexual, y nadie se escandalizó por nada.

»Me da la sensación de que en otros departamentos, como el de Historia o Derecho, el profesorado sí está con más cuidado. Creo que se impone una autocensura en ciertas cosas. A mí, en cambio, me daba un poco igual porque yo soy española y, bueno, que me deporten. Yo siempre he dicho lo que pensaba.