Una imagen de la microópera 'Opereta'.

Una imagen de la microópera 'Opereta'. ©Sergi Panizo

Ópera

Aquí se aprende a hacer ópera: jóvenes compositores, estudiantes de diseño y una fábrica como laboratorio

El programa 'Òh!pera' reúne a una nueva generación de creadores que quiere reinventar el género.

Se celebra en el marco del festival Grec y junto al Teatre del Liceu.

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Barcelona se ha consolidado como uno de los principales polos europeos de formación en diseño. Cada año, escuelas como Elisava, BAU o Eina atraen a miles de estudiantes de todo el mundo a barrios como Poblenou, Ciutat Vella o Gràcia.

Desde 2022, y en el marco del festival Grec, Òh!pera ha incorporado ese ecosistema al proceso de creación operística, reuniendo a jóvenes creadores con profesionales del sector. No parece mal lugar para ensayar la ópera del siglo XXI.

Aquí hay una energía especial, que no hay en otros lugares de España”, afirma Víctor García de Gomar, director del Gran Teatre del Liceu. Junto con Àlex Ollé, artista invitado del teatro. fundador de la Fura dels Baus e impulsor de este proyecto, y Mireia Escobar, directora de Disseny Hub, plantearon la posibilidad de sumar a esta iniciativa a las principales escuelas de diseño de moda de Barcelona.

Dos de estos estudiantes ya se han profesionalizado y están haciendo vestuario de obras de teatro en Barcelona.

Es el caso de Manuel Mateos (BAU), autor del vestuario de The Fox Sisters (2022), y de Alba Semper (LCI), que el año pasado firmó el de Estètica i massacre, con libreto de Carlota Gurt, música de Carlos Prat y dirección de Oriol Pla. Esta microópera tragicómica, que convierte la presión estética sobre las mujeres en materia operística, iniciará ahora una segunda vida ampliada a una hora, con funciones en San Lorenzo de El Escorial (10 de julio), Peralada (25 de julio) y Valencia (17 y 18 de septiembre).

No son los únicos.

Creando oficio

Lo que empezó como una apuesta del Ayuntamiento de Barcelona, el Gran Teatre del Liceu y el Design Hub se ha convertido en un espacio donde compositores, libretistas, escenógrafos, diseñadores, iluminadores y directores de escena encuentran uno de los pocos lugares en España donde aprender el oficio y darse a conocer.

“Esto en el teatro o la danza ya existe, pero en la ópera necesitamos hacer con valentía el mismo ejercicio”, afirma García de Gomar. Y Ollé resume: “hay que crear oficio”.

El reto era doble: cuestionar los límites del género y formar nuevos públicos. Atraer a espectadores de ámbitos ajenos a la ópera para que descubriesen que les podía gustar la ópera.

Es algo que van consiguiendo: esta temporada Akhnaten, de Philip Glass, agotó las entradas entre los menores de 35 años. Pero atraerlos solo es el primer paso.

Para García de Gomar, “en una temporada larga, como la del Real o la del Liceu, hay que pasar por muchas temperaturas, porque tienes en el patio de butacas a una persona que lleva 40 años abonada al lado de otra que entra por primera vez en el teatro. Y no necesitan lo mismo. Si no has visto nunca una Aída, quieres la de los faraones. Y que no te hablen de una Aída en la luna… ".

Como explica Anna Ponces, coordinadora del proyecto junto a Anna Llopart, Òh!pera no solo explora nuevos lenguajes, sino que transforma la manera de habitar el propio teatro.

Recuerda una de las primeras ediciones, cuando The Fox Sisters se representó en un pequeño teatrino salvado del fuego en el Conservatorio del Liceu. “Es una bombonera en la que caben solo cien personas, por eso ya no se hacen funciones allí. En el cuarto piso del teatro, entre todos los paneles hay uno que se abre, y allí hicimos este espectáculo. Era sobre espíritus, y… ¡tenía que ser allí! Sorprendió a muchos trabajadores del Liceu que no sabían ni que existía”, explica.

En una antigua fábrica

En esta quinta edición, las tres microóperas han abandonado por primera vez el Liceu para estrenarse en Fabra i Coats, la antigua fábrica textil de Sant Andreu reconvertida en centro de creación artística.

Sus naves de ladrillo visto, pilares de hierro y amplios espacios diáfanos permiten otra manera de hacer ópera.

Una decisión arriesgada –parte del público no ha superado la barrera psicológica que lo separa del centro–, pero que amplía las posibilidades de experimentación.

El propio espacio favorece el intercambio entre creadores y público, que conviven antes y después de las funciones con una naturalidad difícil de imaginar en el edificio histórico del Liceu.

Detrás de esa aparente libertad escénica hay un proceso de trabajo largo y cuidadosamente planificado.

Se empieza a trabajar un año y medio antes. Primero, con los libretistas y compositores, luego con los directores de escena, y por último con las escuelas de diseño y los seis recursos –entre cantantes e instrumentistas– que hay estipulados como máximo, para hacer el juego más equitativo. Todos, a diferencia del festival Ópera a Quemarropa, están en vías de profesionalizarse.

Un momento de 'Al toro por los cuernos'.

Un momento de 'Al toro por los cuernos'. ©Sergi Panizo

Cada creador ensancha esos límites desde un lugar distinto. Para Pablo Macho Otero, libretista de Al toro por los cuernos y que estrenó en 2025 A fuego en La Abadía, la experiencia con el formato es equiparable a escribir poesía: “En poco tiempo tienes que desplegar todo un mundo. Eso te obliga a escoger muy bien los cuadros que quieres que se vean. Y, al mismo tiempo, te deja con ganas de desarrollarlo más. Un mito da para tanto que media hora se queda corta”.

Macho Otero descubre afinidades entre tradiciones que rara vez dialogan, como la tauromaquia y el flamenco. Entonces sucede lo inesperado.

Teseo (Pere Martínez), que mató al Minotauro y al toro de Maratón, resulta torero. Su hijo Hipólito (Rubén Heras) desafía la masculinidad tóxica asociada al toreo haciéndose bailaor. Fedra, que interpreta la soprano siria Aseel Massoud, acaba formando parte del mismo universo dramático que el cantaor en una escena muy a lo El amor brujo.

Y a sus versos, escritos con mimo y métrica –“el toreo es una danza, una danza con la muerte”– les pone música la cantaora y compositora Anna Colom, corista de Rosalía.

Hubiera dado igual si estábamos viendo una ópera o una vuelta al ruedo en un tablao flamenco, de no ser porque la decisión de amplificar una propuesta concebida para la cercanía del público, organizado en círculo en torno al tablao-plaza, rompía precisamente esa intimidad.

Un segundo significado

Marc Salicrú, escenógrafo, iluminador y batería, y el libretista de Opereta, juega a quitarle hierro.

Con grandes dosis de buen rollo con los compañeros –“todo es una gran mayonesa y la gran función es intentar que no se corte”, bromea–, su motivación no es tanto crear contexto, sino reivindicar el que ya hay.

Opereta transforma una acción aparentemente banal como un accidente de tráfico en el vecino Castellar del Vallès en una experiencia operística. Y eso conecta con el público: los espectadores del barrio se ríen, porque de alguna manera habla de ellos, de lo que ven cuando llevan a sus nietos al cole.

“Me interesa coger lo que tienen alrededor y tergiversarlo, darle esta segunda capa y que después, cuando salgan y vean una ambulancia, se acuerden de esto”, resume.

Lucía del Greco construye la puesta en escena de Jo, núvol a partir Memòria d'Eco, novela de la libretista y escritora Alicia Kopf en la que una mujer digitaliza su conciencia porque quiere borrar sus vivencias con Adrien, un nómada digital que le hizo ghosting. Pero lo que le interesa es el abandono, y por qué una persona manipularía su memoria.

Una escena de 'Jo, núvol'.

Una escena de 'Jo, núvol'. ©Sergi Panizo

Pone a dialogar el críptico libreto de Kopf con la música fría y metálica de Sergi Puig mediante una pantalla gigante y dos bailarines que activan y desactivan los recuerdos, otorgándole una dimensión escénica rothkiana a algo tan inestable como la memoria.

Mientras, Puig juega con el timbre y las técnicas extendidas con un ensemble acústico, sintetizador y electrónica. “Es muy interesante que los instrumentos acaben sonando a electrónica en vez de al revés. Que vayan juntos, amalgamados”, explica.

Crear en equipo no siempre es fácil –los grupos los escogen los organizadores–, pero lo sorprendente es que todo el mundo gana músculo y se cuestiona lo que parecía escrito en piedra. Ya habían comprobado hasta qué punto una obra podía cambiar la mirada del público.

Tras ver por tercera vez un montaje de Clàudia Cedó, una espectadora le confesó que durante años había sentido vergüenza de que su madre, con diversidad funcional cognitiva, fuera a recogerla al colegio. "¿Por qué no vi algo así cuando aún estaba viva? Nunca pensé que nadie pudiera aplaudir a alguien como mi madre".

En 2025, esa misma sensibilidad llegó a Òh!pera con La vergonya, la panerola i el Corte Inglés (música de Sirah Martínez, libreto de Clàudia Cedó y dirección de Mercè Vila Godoy), protagonizada por Judith Pardàs. “Cada día, antes de empezar, repasaba el texto con su coach. Cambiaba cosas, pero tenía tanta verdad...”, explica Ollé.

Y añade Ponces: “Era música contemporánea, pero clavaba las entradas. Todos aprendimos a respetar sus tiempos de creación. Decidimos dedicarle el tiempo y el presupuesto que necesitaba. Era imposible no romperte”.

“No teníamos miedo y nos gustaba el riesgo. Si damos a esta iniciativa el ímpetu de la Barcelona de los 80 es como si se la diésemos a la Barcelona del futuro”, decía Ollé al presentar su proyecto Oh!pera en 2022.

Afrontar un reto tan ambicioso como imaginar y apostar por el futuro requiere de inversión y de un espacio propio.

Un nuevo centro de creación

A eso aspira Liceu Mar, un nuevo edificio proyectado para 2032 como la segunda sede del Gran Teatre del Liceu que albergará el Centro Internacional de Ópera de Nueva Creación, además de espacios para danza y programación educativa.

Para García de Gomar, “Oh!pera es el germen de Liceu Mar, un nuevo centro nacional de creación para la ópera. Esa es nuestra vocación: acompañar a las nuevas generaciones de creadores para poder garantizar el futuro de la ópera en nuestro país”.

En el fondo, se trata de lo mismo que perseguía Òh!pera desde el principio: crear oficio allí donde apenas existían espacios para aprenderlo.

Después de grandes nombres como La Fura dels Baus o Calixto Bieito, ahora toca garantizar que las siguientes generaciones tengan la oportunidad de construir los suyos.