Ruth Iniesta y José Antonio López en 'Jugar con fuego'. Foto: Javier del Real

Ruth Iniesta y José Antonio López en 'Jugar con fuego'. Foto: Javier del Real

Ópera

'Jugar con fuego': pasión por la zarzuela mestiza, actualizada y futbolera de Barbieri

Llega al Teatro de la Zarzuela una obra paradigmática de la convivencia de la lírica autóctona y la ópera italiana, con montaje de Marina Bollaín y un plantel encabezado por Ruth Iniesta y Berta Perlés.

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Siempre es de agradecer que de vez en cuando se revise la memoria de Francisco Asenjo Barbieri, se escenifiquen algunas de sus muchas partituras y se atienda demandas como las que constantemente protagonizan algunos especialistas como el profesor Emilio Casares, el director de escena Paco Matilla o el músico Fernando Poblete. Y hay que recordar que en tiempos de Daniel Bianco el Teatro de la Zarzuela programó Pan y toros.

Ahora estamos de enhorabuena porque, de nuevo, el coliseo madrileño anuncia la exhibición de otra de las zarzuelas salidas de su mano, Jugar con fuego, estrenada en el madrileño Teatro del Príncipe en 1851. En ella se puede degustar, como en otras de su creación, el fácil melodismo, la inspiración directa o la espontaneidad del trazado.

Una buena muestra del modo en el que las diversas formas líricas autóctonas españolas convivían en paralelo, a partir de los inicios del siglo XVIII, con la ópera italiana, que fue introducida en España por el Marqués de Scotti, influyendo poderosamente en los rasgos locales, en un proceso de trasvase de ida y vuelta. Muchos de nuestros músicos se adaptaron a esas influencias y hasta escribieron en la lengua de Dante.

Riqueza melódica, inspiración, sincretismo. Aspectos que, según Álvaro Albiach, director de las funciones que van a tener lugar en el Teatro de la Zarzuela entre este 25 de marzo y el 12 de abril (Laura Diloy empuñará la batuta el 4, 5 y 6 de este último mes), muestran la habilidad del autor para desplegar distintos lenguajes.

"Encontramos —nos dice— música de inspiración española, que asociamos inmediatamente a la zarzuela, en los números de apertura de los actos primero y segundo, que son números corales. Para los dúos y tercetos, se reserva un lenguaje más cercano a la ópera bufa italiana, de clara inspiración rossiniana. El encanto de la línea melódica de las romanzas de Félix y la Duquesa está impregnado de bel canto, a la manera de Bellini o Donizetti. Por último, los 'coros de locos' del tercer acto, tienen todos los ingredientes de la opéra-comique francesa".

Albiach destaca también las dos vertientes de lo popular. "La que tiene una clara raíz de danza, y la urbana, que era una opción novedosa para la época. Tenemos ejemplos de ello en los coros del tercer acto, sobre todo, en el famoso 'coro de locos' que cierra la zarzuela; con sus aires marciales, sus aires de can-can, su referencia a una cantinela popular, y sus sonidos onomatopéyicos; ¡todo ocurre dentro del mismo número!".

En los tiempos que corremos el acercamiento escénico a una zarzuela tan representativa ha de tener, lógicamente, miras alejadas de lo caduco. Lo que a veces plantea miradas modernas de signo novedoso. En ese terreno suele actuar la regista Marina Bollaín, de la que siempre recordamos su sorprendente acercamiento a La verbena de la Paloma.

"Encontramos el lenguaje familiar de la zarzuela, el de la ópera bufa italiana y la 'opéra-comique'", Álvaro Albiach

En este caso propone "una lectura actualizada del argumento". "Hay —aclara— una traslación a un espacio que establece un paralelismo con los originales: una fiesta popular y un lugar donde se reúnen el poder y las clases dominantes. Y la noche de San Juan sugiere un ámbito donde se puede jugar a ser otros por un momento. Ventura de la Vega propone la fiesta de San Juan sin desarrollarla. Yo tomo la fiesta multitudinaria, el espacio de fiesta común, donde, aparentemente, todos somos iguales, o podemos jugar a serlo".

En esa línea Bollaín acerca la acción a nuestra época, "a un espacio de fiesta multitudinaria donde aparentemente todos viven las mismas pasiones pero que en realidad está tremendamente jerarquizada por el dinero. Un reflejo de la sociedad. Un espacio donde también se reúne el poder mediático, empresarial y político en torno a una celebración. Un espacio donde también hay cabida para los exaltados o locos que propone el libreto. Para ello ha habido que aligerar algo el texto y adecuarlo al espacio tan actualizado que la escenografía propone. La historia, el argumento y sus personajes se mantienen intactos, creo que esto es imprescindible".

"La acción la sitúo en una fiesta donde se reúne el poder mediático, empresarial y político”, Marina Bollaín

Se cuenta con voces de relieve. La Duquesa se la reparten la soprano lírico-ligera Ruth Iniesta y la soprano lírica Berta Perlés, dos cantantes bien dotadas: más soleada y estilizada, de vibrato eléctrico, la primera, de contornos más suaves y vibración más cordial la segunda.

Es Iniesta la que nos apunta los problemas que puede plantear la vocalidad del personaje y su disposición para servirlo: "Siento que mi voz se adapta muy bien a ella. El problema principal suele ser la gestión del fiato, porque a veces en la partitura no parece que haya hueco y tenemos que ingeniárnoslas para 'robar' respiraciones. Hay que ser conscientes de que la romanza más esperada la tenemos justo al final de la función, ¡hay que llegar fresca!".

Se nos antojan excelentes y adecuadas en general las demás voces previstas en el elenco: los tenores Alejandro del Cerro y Antonio Gandía (Félix), los barítonos José Antonio López y Luis Cansino (Marqués de Caravaca), los bajos David Lagares y Javier Castañeda (El Duque). Los tenores Manuel de Diego y Emmanuel Faraldo se alternan en la parte de Antonio. Y el bajo-barítono Javier Povedano servirá el papel del Loco.