Los nombres de Ludwig van Beethoven y Dmitri Shostakovich se enlazan aquí de manera muy natural a través de la Sonata nº 7 para violín del primero, opus 30/2, y de la Sonata para viola op. 147 del segundo. El Adagio de esta composición está escrito por un Shostakovich a punto de dejar este mundo y concebido a la memoria del gran sordo de Bonn. Pero la obra es "brillante y clara". Aunque no esté exenta de misterio. A estas dos partituras se añade un arreglo para viola y piano realizado por Dimitri Tziganov de 10 de los 24 Preludios op. 34 del músico ruso, auténticas miniaturas que recogen a veces danzas clásicas o populares.
El lituano Julian Rachlin (1974), atendido desde el teclado por su habitual colaborador, el siempre competente Itamar Golan, ofrece su sedosa sonoridad, su fino arco, su limpia afinación y su musicalidad. Equilibradas interpretaciones libres de gangas, estilizadas. El acercamiento a la enigmática Sonata de Shostakovich es excelente con la viola manejada con mucho tacto.
El lituano Julian Rachlin (1974), atendido desde el teclado por su habitual colaborador, el siempre competente Itamar Golan, ofrece su sedosa sonoridad, su fino arco, su limpia afinación y su musicalidad. Equilibradas interpretaciones libres de gangas, estilizadas. El acercamiento a la enigmática Sonata de Shostakovich es excelente con la viola manejada con mucho tacto.