Un momento del concierto de Celtas Cortos en su gira aniversario 40 años contando cuentos, este sábado en el Movistar Arena de Madrid. Foto: EFE/ Borja Sánchez-Trillo

Un momento del concierto de Celtas Cortos en su gira aniversario "40 años contando cuentos", este sábado en el Movistar Arena de Madrid. Foto: EFE/ Borja Sánchez-Trillo

Música

Celtas Cortos apela al buen rollo y la reivindicación en el Movistar Arena de Madrid: un aquelarre popular

La banda vallisoletana inicia la gira de su 40 aniversario con un concierto coral, político y emotivo donde los invitados y el público cantaban a una memoria compartida.

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Hay conciertos que se definen por su público. Casi todos, pensándolo bien. En este caso resultaba especialmente llamativo. Celtas Cortos tomaban el Movistar Arena de Madrid para celebrar una efeméride concreta y los seguidores acudían casi como un deber de juventud. La banda cumplía 40 años sobre el escenario y lo que es más difícil: festejaban una forma de estar en el mundo.

Cuatro décadas después de sus primeros pasos, los vallisoletanos ofrecían un aquelarre popular, un ejercicio de memoria compartida y una reivindicación sin aspavientos de valores que hoy suenan vigentes y casi subversivos: la amabilidad, la comunidad, el tronco común.

Lo hicieron a su manera. Con entrega y sin concesiones. El arranque, por ejemplo, se destinó a una creación instrumental que fue ganando cuerpo poco a poco. Y que funcionó como una toma de tierra colectiva. Dejaban claro así cuál era su origen y que nunca han tenido prisa.

Cuando se escuchó, inmediatamente, '¿Qué voy a hacer yo?', esa legión alegre de asistentes ya estaba dentro, tarareando desde las gradas y la pista con una familiaridad que no distingue entre clásicos y novedades. 'El ritmo del mar' terminó de confirmar que la noche iba a ser larga y celebratoria, más horizontal que solemne.

Desde el principio, Jesús Cifuentes se mostró con esa cercanía habitual. Hubo saludos grabados de cómicos como Leo Harlem, Álex Clavero o Dani Martín y colegas del oficio que luego aparecerían en el escenario: no adelantemos nombres. Se tiró de algún chascarrillo y se coronó el inicio con una frase que resumía bien el espíritu: "Nos han caído cuarenta años como una teja", suspiraba el líder.

Lejos de aludir al pasado, constataba sus intenciones: "Somos de mirar más para adelante que para detrás". Aun así, la nostalgia fue un eje constante, especialmente cuando se recordó que justo 29 años atrás salió la grabación de aquel directo que marcó a toda una generación –el mítico 'Nos vemos en los bares'- y que convertía la cita madrileña en "un día enormemente importante".

Quizás por eso, la secuencia encadenada de 'Trágame tierra' y 'Haz turismo' mantuvo el tono irónico y crítico que siempre ha atravesado la obra del grupo. Era recibida con una mezcla de baile, sonrisas y coreos espontáneos. Celtas Cortos no necesitaban pedir participación: los congregados asumían su papel sin instrucciones, conscientes de que esas letras también le pertenecen.

Uno de los primeros momentos de mayor agitación se produjo con 'Cálida trinchera', interpretada junto a Andrés Suárez. El gallego rememoró su época de 'walkman' y 'discman' en los caminos al colegio o instituto escuchando a esta formación eterna. La colaboración aportó un matiz íntimo a una velada que, hasta entonces, había jugado sobre todo en el terreno de lo mutuo.

El Movistar Arena bajó el volumen -algo poco habitual en un recinto de este tamaño- y escuchó con atención antes de responder con un aplauso largo, sostenido, de agradecimiento retrospectivo.

Y llegó 'Silencio' como una ofrenda que dejaba a la gente en vilo y daba paso a la velocidad. Entre tema y tema, el violín recordó su papel fundacional en el sonido del grupo: muchas canciones nacieron como instrumentales antes de adquirir letra y mensaje. Ese tránsito -de la música a la palabra- funciona también como metáfora de la trayectoria de Celtas Cortos, que han ido afinando su discurso sin perder frescura.

Aterrizaba así la parte central del repertorio, que tuvo algo de álbum de fotos emocional. 'Retales de una vida', interpretada junto a Rulo, reforzó esa idea de biografía repartida, de pequeñas escenas que, sumadas, construyen una identidad. Desató otra vez el balanceo general, mientras se recibida 'El mundo del revés' con una mezcla de euforia y ternura, coreada de principio a fin.

"Necesitamos un mundo amable", apostillaba Cifuentes. Una afirmación sencilla que encontró un eco unánime. La canción, lejos de sonar ingenua, funcionó como un recordatorio de que la amabilidad también puede ser una forma de resistencia. El espectáculo continuó en esa línea reflexiva antes de que el cantante presentara a la banda uno a uno, con lapsus incluido (se saltó a Alberto García, responsable de los vientos, y luego reculó con humor).

El tramo encabezado por 'Tranquilo, majete', acompañados con la danza de Irish Treble, reforzó el componente festivo del concierto sin vaciarlo de contenido. La respuesta fue especialmente intensa en 'Cuéntame un cuento', cantada como un himno generacional, con móviles en alto y un revuelo masivo que desbordó el recinto (dentro de los límites de la edad).

Uno de los momentos más explícitamente políticos de la noche llegó con 'El emigrante'. La camiseta de Cifuentes -con un contundente FUCK ICE en referencia al servicio de inmigración y aduanas estadounidense- ya había dejado clara su posición, pero fue su introducción la que terminó de encender al público: "Están jodiendo la existencia a quienes se están buscando la vida. Somos un tronco común de la misma raíz". Lejos de provocar división, el mensaje fue recibido con aplausos y gritos de apoyo, confirmando que el público de Celtas Cortos no acude solo a cantar, sino también a compartir una forma de estar.

Siguió el tono crítico e irónico con la ayuda de uno de los miembros de Mägo de Oz en un remanso musical. Sirvió como respiro antes de uno de los grandes hitos de la noche: 'La senda del tiempo', interpretada al alimón con Dani Martín. La colaboración funcionó como un puente entre generaciones y como reconocimiento explícito a una tradición del pop español que va de Gabinete Caligari a La Frontera, y de ahí hasta hoy.

El final se tornó tan previsible como necesario. '20 de abril' convirtió el Movistar Arena en un abrazo unánime, con invitados, músicos y platea cantando juntos una letra que ya no pertenece a nadie en concreto. "Estamos tremendamente agradecidos y emocionados", expresó Cifuentes. "Esto es amor. Construimos las canciones a golpe de amor, de sentimiento. Es el jefe de nuestra existencia", añadió, dando pie a 'No nos podrán parar', que despedía la noche con brincos y emoción.

Celtas Cortos demostraba en esta primera cita de la gira que su vigencia no se explica solo por la nostalgia, sino por una conexión real con sus seguidores. Con un público que sigue encontrando en sus canciones un lugar donde reconocerse. Donde guarecerse. Y que, gracias a ellas, ojea su alrededor y observa cómo el presente merece la pena. Incluso si todos han cambiado y ya no queman las madrugadas en La Cabaña del Turmo.